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23 de Nov de 2020

Cultura

Sexo del siglo XXI

L o realmente importante es formar a seres humanos capaces de aprovechar con sensatez las grandes libertades alcanzadas desde la revoluc...

L o realmente importante es formar a seres humanos capaces de aprovechar con sensatez las grandes libertades alcanzadas desde la revolución erótica de los años 60. Hace cosa de cuarenta años, cuando se hacían previsiones acerca de cómo sería el entonces venidero siglo XXI, se hablaba de turismo espacial masivo, ausencia de enfermedades y tráfico urbano por los aires. Se suponía además que hombres y mujeres dedicarían la mayor parte de su tiempo al ocio contra lapsos muy breves de trabajo.

Casi una década después de la llegada de esta nueva centuria, tan fantásticos anhelos siguen siendo un sueño, pero quizá sirva de consuelo decir que en materia de sexo los pasos fueron enormes. La revolución de los años 60 sirvió para liberar a la sexualidad del oscurantismo, para el cual estos placeres eran inmorales y sucios, mucho más cuando no tenían como objeto la reproducción.

Hoy , cosa impensable hace cien años, las leyes protegen a los derechos sexuales como parte del libre desarrollo de la personalidad. En general, ya nadie se escandaliza con las relaciones íntimas sin matrimonio, ni con el sexo oral.

En el mundo llamado “libre”, la sodomía, o el “nefando pecado” como lo calificó la Inquisición, así como el homosexualismo, ya no dan pena de muerte ni cárcel. Todo ello, gracias en buena medida al auge de los medios de comunicación y, en los últimos años, con la complicidad de la Internet, en donde todas las fantasías, curiosidades, gustos, estilos de llegar al éxtasis y perversiones tienen cabida sin control. De hecho, la Red acuñó el cibersexo, en el que se puede compartir el goce erótico con otros a través del computador y su web cam. Con estas ayudas y libertades, hoy la gente tiene más sexo y lo disfruta más, pero, ¿qué sigue en las próximas décadas? Los que creen que todo está dicho, se equivocan, pues el instinto sigue siendo el mismo, pero la búsqueda del placer mucho más intensa, de acuerdo con los sexólogos italianos Giovanni Carrada y Emmanuele Jannini.

Si algún legado le dejará este siglo a la sexualidad, dicen ellos, es lo que se ha dado en llamar la “ciencia del amor”. “Gracias a los progresos científicos el estudio de la sexualidad ya no es terreno exclusivo de ginecólogos y sexólogos, pues se amplió a campos diversos como anatomía, biología, sicología, neurología y antropología, y cada uno de ellos ofrece resultados fascinantes”, explican los especialistas.

A esta nueva disciplina se le deben esas noticias que abundan hoy en los medios como “el sexo calma el estrés” o “besar fortalece las defensas”, basadas en estudios de prestigiosos centros de todo el globo. La conclusión primordial de esta biología del amor, es que este sentimiento no nace en el corazón, sino que es una combinación de imágenes cerebrales, hormonas y genética.

De los estudios de estos factores dependerá en parte el sexo del futuro, pues introducirán mejoras a las relaciones y la curación de la impotencia o la ausencia de deseo, entre otras disfunciones. Por el lado de la mujer, sin duda, habrá cambios. Ya a finales del siglo XX se impuso una nueva exploración de su cuerpo y se descubrieron las bondades del clítoris o el Punto G, al tiempo que la menstruación, tachada por la Biblia como sinónimo de impureza, se proclamó como señal del poderío femenino. ©PUBLICACIONES SEMANA