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- 26/04/2026 00:00
Representantes de Gobiernos, empleadores y trabajadores de la industria manufacturera adoptaron las primeras conclusiones tripartitas sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el sector.
El documento, elaborado en el marco de la reunión técnica de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), expone los desafíos y oportunidades que plantea esta tecnología para la promoción del trabajo decente, el aumento de la productividad y una transición justa.
La adopción de estas conclusiones constituye un paso significativo en el contexto de las iniciativas desplegadas por la OIT para abordar los profundos cambios provocados por la inteligencia artificial en un sector que emplea a cerca de 500 millones de trabajadores en todo el mundo.
La industria manufacturera, que en 2024 generó el 16,5 % del producto interno bruto (PIB) mundial y proporcionó empleo directo a más de 489 millones de personas, se encuentra en un proceso de transformación acelerada.
La IA, que hasta hace pocos años era considerada un concepto emergente, se ha convertido en una herramienta concreta que redefine cómo se diseñan, producen y distribuyen los bienes en cadenas de valor cada vez más complejas.
Según estimaciones, el mercado de la inteligencia artificial en la manufactura se multiplicará por seis de aquí a 2040, lo que plantea tanto oportunidades como riesgos para los trabajadores y las empresas.
Si bien la tecnología puede fomentar la innovación, la competitividad y la productividad, así como mejorar la seguridad y la salud en el trabajo mediante la reducción de tareas repetitivas y la predicción de accidentes, sus beneficios no son automáticos.
Dependen de la existencia de marcos normativos adecuados, políticas inclusivas y condiciones que permitan una adopción responsable y equitativa.
Las conclusiones adoptadas en Ginebra abordan múltiples consideraciones relativas al trabajo decente, como el respeto y la aplicación de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, las políticas en materia de empleo, competencias, salud y seguridad laboral, la protección social y el papel del diálogo social en la gestión del cambio impulsado por la inteligencia artificial.
Se reconoce que la adopción de esta tecnología es desigual y avanza a distintas velocidades según el país, el sector y el tamaño de las empresas.
Mientras que las grandes compañías de alta tecnología han logrado integrarla con mayor eficacia, las microempresas y las pequeñas y medianas empresas, especialmente en economías emergentes, enfrentan obstáculos relacionados con infraestructura limitada, acceso insuficiente a financiación, escasez de competencias y marcos normativos poco favorables.
Esta situación acrecienta las brechas digitales y de productividad, así como las desigualdades entre países, industrias y trabajadores.
“Cerca de 500 millones de trabajadores dependen de la industria manufacturera para su sustento. A medida que la inteligencia artificial transforma el sector, estas conclusiones proporcionan a los Gobiernos, los empleadores y los trabajadores las orientaciones necesarias para que el cambio tecnológico se traduzca en empleos decentes y de mejor calidad, empresas sostenibles más resilientes y sólidas, y un crecimiento más inclusivo”, señaló Magnús M. Norddahl (Islandia), presidente de la reunión.
Frank Hagemann, director del Departamento de Políticas Sectoriales de la OIT, por su parte, destacó que “lo que da fuerza a estas conclusiones es que se han formulado sobre la base de un diálogo tripartito genuino acerca de una de las cuestiones más complejas de nuestra época. Demuestran que fomentar la productividad y promover los derechos y la protección de los trabajadores no son objetivos contrapuestos, sino objetivos comunes”.
Las discusiones reunieron a expertos de ministerios de trabajo, industria y tecnología, junto con representantes sindicales y empresariales de 54 países.
Entre las recomendaciones más importantes se subraya la necesidad de reforzar el desarrollo de competencias y el aprendizaje permanente, crear un entorno propicio para que las empresas aprovechen el potencial de productividad de la inteligencia artificial, garantizar los principios y derechos fundamentales en el trabajo —incluida la seguridad y salud laboral—, mejorar las condiciones de trabajo, reconsiderar los marcos normativos en el contexto de la inteligencia artificial y fortalecer el diálogo social como herramienta clave para gestionar la transformación.
Asimismo, se hace hincapié en la importancia de invertir en infraestructura digital para reducir la brecha tecnológica, modernizar los sistemas de educación y formación técnica y profesional, y garantizar el acceso universal a una protección social adecuada y sostenible que permita a los trabajadores afrontar mejor las transiciones laborales.
Las conclusiones también destacan la necesidad de marcos normativos que aborden cuestiones como la privacidad y la protección de datos en el lugar de trabajo, la organización del tiempo laboral y los salarios, así como la gestión de riesgos derivados de la creciente utilización de sistemas de seguimiento basados en inteligencia artificial.
Se subraya que la promoción de la igualdad de género y la no discriminación debe ser un eje central en la adopción de estas tecnologías, garantizando igualdad de oportunidades y evitando que se profundicen las desigualdades existentes.
Además, se alienta a aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial para mejorar la seguridad y salud en el trabajo, prevenir accidentes y facilitar la inclusión de personas con discapacidad.
El documento aprobado en Ginebra será presentado al Consejo de Administración de la OIT en noviembre de 2026 para su examen y posterior difusión. Con ello, la organización busca consolidar un marco de acción que permita que la inteligencia artificial en la industria manufacturera se convierta en una herramienta para el progreso social y económico, sin dejar de lado la protección de los derechos laborales y la promoción de un trabajo decente.