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19 de Jan de 2021

Cultura

El sexo en tiempos de crisis

D esempleo, incertidumbre, estrechez económica. Pero ¿Y en la cama? ¿Cómo afecta la crisis al deseo sexual? ¿Lo hacemos más, igual o men...

D esempleo, incertidumbre, estrechez económica. Pero ¿Y en la cama? ¿Cómo afecta la crisis al deseo sexual? ¿Lo hacemos más, igual o menos que antes? depende. Muchos no tienen ánimo para ponerse en eso, con cuanto está cayendo. Otros, sin embargo, encuentran en él una válvula de escape. A fin de cuentas, es gratis.

Hasta hace un año, V. G. era una ejecutiva, gimnasio por las tardes y un trabajo enriquecedor.

Mujer madura y divorciada, de sexo funcional y algo rutinario con su pareja: “Lo hacíamos entre semana algún día o lo dejábamos para el fin de semana”. Con los primeros síntomas de deshielo económico su empresa decidió dejar de contar con ella. Parece una película. Con dos niños, los mismos gastos y muchos menos ingresos?. Se vio obligada a renunciar al gimnasio y a algunos de sus placeres cotidianos. Pero encontró otros. Menos costosos. Igual de reconfortantes, o más.

Por ejemplo, el sexo. Dice: “Me siento más deseada que nunca, y deseo más a mi pareja. Con la autoestima en la cima, las relaciones de V. G. con su pareja han cogido un ritmo diario. Ella dedica la jornada a buscar empleo. Lleva a sus hijos al colegio. Por la tarde está con ellos. En eso también ha ganado. Dice que se ha reencontrado consigo misma. Y cuando su pareja vuelve del trabajo, queda prohibido hablar de problemas. Se dejan arrastrar por el erotismo del sofá. Una muralla de intimidad contra la crisis. Cuatro o cinco posturas. Sexo con calma. Una válvula de escape a la ansiedad acumulada durante el día. Al menos, V. G. (y su pareja) disfrutan hasta que vuelva a encontrar trabajo. Y luego ya se verá.

En contraste, Antonio se encuentra de baja desde hace un par de meses. Dice que el sexo con su pareja ha pasado a un plano muy secundario. Y Enma con un estado de ánimo ansioso depresivo, obviamente no tiene una buena relación sexual. Y esto se convierte en una espiral negativa. Porque el sexo es una poderosa fuente de bienestar.

Más sexo y menos sexo son, según ha tratado de demostrar la ciencia, dos caras de una misma moneda: la ansiedad. “El miedo, la incertidumbre y la ansiedad, en sus dosis justas, potencian el deseo”, explica la sexóloga de la Universidad de Washington Pepper Schwartz. “Ante situaciones estresantes segregamos adrenalina, una hormona de alerta. Nos prepara para luchar o salir corriendo. Pero también se encuentra unida a nuestro sistema sexual. Sube la libido. Y el orgasmo resulta liberador. Una de las mejores pruebas históricas la constituyen los bombardeos alemanes sobre Londres durante la Segunda Guerra Mundial: se disparó la tasa de natalidad entre quienes estaban atenazados por el miedo”.

Las consultas de sexología se están volviendo más populares, sobre todo entre parejas menores de 40 años”. El sexo es uno de los planes más baratos. Pero eso no quiere decir que nos vaya mejor. El deseo es el motor del sexo. Y no hace falta quedarse desempleado para perderlo. Los problemas laborales de cualquier tipo suelen afectar al deseo. Son un golpe para la autoestima. Y todos somos conscientes de que la sombra de la recesión se cierne sobre los empleados. Un viernes de marzo, Lucas (es un nombre ficticio), un ingeniero industrial de 33 años, clavaba sus ojos en la avenida, ajeno a la sorpresa que iba a encontrar en casa. Viajaba solo en su coche y pensaba en cómo, de la noche a la mañana, su vida había quedado tan “reestructurada” como la planilla de su compañía: él en la capital, su novia en el interior. Malos tiempos para varios sectores; qué demonios, malos tiempos para casi todo. ©ELPAIS.SL.