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07 de Apr de 2020

Cultura

Disfrutar el placer en solitario

L a masturbación femenina es un tema que pocas veces se pone sobre el tapete, porque siempre se aborda lo referente a la masturbación ma...

L a masturbación femenina es un tema que pocas veces se pone sobre el tapete, porque siempre se aborda lo referente a la masturbación masculina. Tratar semejante cuestión de “divertida” y debatirla puede ruborizar por igual a hombres y mujeres o parecer de dudoso gusto. Pero aunque hablar en público de que las mujeres se tocan sus partes íntimas para prodigarse placer a sí mismas ya no expone a nadie a la ex comunión o a la cárcel por inmoralidad, tampoco es posible afirmar que el conocimiento y la comprensión al respecto vivan un boom.

Ciertamente, no es fácil liberar del estigma a una práctica sexual marcada por la censura durante siglos. Como se recuerda, antes de que Pasteur iluminara al mundo con el descubrimiento de los gérmenes, se creía que la masturbación era el origen de la sífilis, la gonorrea, la locura, la ceguera y la infertilidad. En el caso específico de las mujeres, a ellas se les prohibía montar a caballo con las piernas abiertas o en bicicleta, bajo la sospecha de que tales posiciones estimulaban la “ignominiosa” autosatisfacción.

En la rígida Inglaterra victoriana del siglo XIX, surgió el rudimento de los actuales vibradores, pero no se crea que como una concesión a la sexualidad femenina. Con ellos, sencillamente, los médicos trataban la llamada ‘histeria femenina’. En tiempos más recientes, en 1994, la inspectora general de salud de Estados Unidos, Joycelyn Elders, fue retirada de su cargo cuando dijo que en la lucha contra el contagio del sida, resultaría conveniente enseñar la masturbación desde el colegio tanto a niños como a niñas. Y en 1999, el estado de Alabama aprobó una ley que castiga a los distribuidores de juguetes sexuales femeninos, claves para los placeres solitarios de ellas.

Pese a semejantes trazas de oscurantismo, hoy es posible afirmar que la masturbación masculina terminó siendo socialmente aceptada, mientras que la femenina aún es innombrable, lo cual ha afianzado la creencia de que entonces no existe. Pero está demostrado que las mujeres se masturban, pese a los sentimientos ingratos que ellas exhiben al respecto: el año pasado, un estudio dirigido por la sexóloga Joyce McFadden en Inglaterra demostró que 70 por ciento de las mujeres sienten culpa por la autosatisfacción; 80 por ciento de la muestra, así mismo, contestó que nunca aprendió que la masturbación es un aspecto normal de la sexualidad femenina; pero 88 por ciento manifestó un fuerte deseo de escuchar los pensamientos y sentimientos de otras mujeres sobre la masturbación.

Frente a esto último, la verdad es que no están tan descaminadas, al menos si se tiene en cuenta que son ellas, sean sexólogas, sicólogas, siquiatras o ginecólogas, las que más se han ocupado en los últimos años por tomar por los cuernos este tema que enmarca uno de los últimos grandes tabúes de la sexualidad, en vista del sinnúmero de creencias ingenuas y descabelladas que aún lo rondan.

Más libertad sexual

Lo primero que hacen especialistas como la propia doctora McFadden en sus libros, conferencias y consultas, es descargar a sus congéneres de la ansiedad que les produce tocar el tema de los goces en solitario. Lo hacen, dice la sexóloga, porque ellas necesitan escuchar una y otra vez que la masturbación es provechosa además de gratificante. “Les brinda a las mujeres la oportunidad de explorar su cuerpo, mientras que se prodigan un alto grado de libertad sexual. Les permite también experimentar placer sin depender de un amante y liberar sus tensiones sexuales cuando lo desean”. ©PUBLICACIONES SEMANA