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30 de Jun de 2022

Cultura

Tres días que estremecieron al mundo

ERAN TIEMPOS DIFÍCILES. Tiempos de guerra, de discriminación racial, de violencia. Más de medio millón de jóvenes americanos habían si...

ERAN TIEMPOS DIFÍCILES. Tiempos de guerra, de discriminación racial, de violencia. Más de medio millón de jóvenes americanos habían sido enviados a combatir en Vietnam, en una guerra que no entendían. Marthin Luther King, líder del movimiento por los derechos de los afro-americanos, y el senador Robert Kennedy, hermano del asesinado presidente, habían muerto hacia pocos meses a manos de los violentos, víctimas de la intolerancia. Los llamados “baby boomers”, la generación de los hijos de la posguerra, trataban de encontrar su espacio en medio de un mundo turbulento e incomprensible.

Y la invitación era atractiva: ”Woodstock Music and Art Fair”, Feria de Arte y Música en Woodstock. Tres días, no horas, de “paz y música”, acampar bajo las estrellas, permitírselo todo –sexo, drogas y alcohol- , ser libres, desnudar el cuerpo y el alma. Era una invitación que no se podía rechazar. Sólo había que planear el viaje, ahorrar algún dinero, inventar mentiras creíbles a padres, jefes y parejas “out”, y arrancar.

Fue así como más de medio millón de personas llegó ese 15 de agosto de 1969 a la localidad de Bethel, a 70 km de la ciudad de Woodstock en el estado de New York, y abarrotó cerca de 240 hectáreas de terrenos rurales en el que se convertiría en el más grande y trascendental concierto de la historia. Era el lugar donde había que estar ese caluroso y lluvioso verano.

“Lo único que queríamos era divertirnos”, recuerda uno de los pocos panameños que asistió al concierto y que prefiere mantener en reserva aquella época de su vida. “Eran tiempos anti guerra, anti discriminación. Sonaba a que iba a ser algo grande y todos fuimos a pasarla rico”.

Los organizadores –dos inversionistas y dos ejecutivos de Capital Records a quienes se les ocurrió la idea - creían tenerlo todo bajo control: escenario, tarima, facilidades sanitarias, entrada, parqueaderos y y personal para atender emergencias médicas. Las autoridades del estado de New York estaban confiadas en que podían manejar el evento para el cual se habían vendido unas 100 mil entradas.

Lo único que no habían previsto era que los asistentes sobrepasarían el medio millón. Todos estaban allí: protestantes anti-guerra y ex veteranos de Vietnam, defensores de los derechos de los negros y segregacionistas, partidarios de la legalización de la droga y de movimientos anti-droga, anti-gays , pro-gays, gays y lesbianas, confundidos entre la lluvia y el barro y unidos por un solo lenguaje común: la música.

En el cartel figuraban varios de los ahora grandes: Jimmy Hendrix, Joe Cocker, Carlos Santana, Janis Joplin, Joan Baez, “The Who”, “Crosby, Stills & Nash”, Richie Havens, “Sly and the Family Stone”, “The Band”. En total, 32 bandas que tocarían gratis durante los tres días, prácticamente sin interrupción. Aunque muchos eran conocidos, para otros -como Santana- Woodstock se convertiría en su escenario de lanzamiento.

Muy pronto fue evidente que nada iba a ser suficiente. En las vías de acceso se formaron tranques que llegaron a 30 km, miles de personas dejaron sus autos abandonados y caminaron, y la gente empezó a agolparse alrededor de las entradas al área del evento hasta que derrumbaron las cercas. Las instalaciones sanitarias colapsaron, la comida se acabó, llegó la lluvia y con ella el barro. Ante la inminencia de los hechos, los organizadores no tuvieron más remedio que declarar gratis el concierto. “Íbamos preparados para una gran fiesta pero nada más. La gente ni siquiera llevó ropa para cambiarse. Con la lluvia, la tierra se convirtió en lodo y terminó todo el mundo empapado y embarrado. Muchos decidieron quitarse la ropa para lavarla con el agua de lluvia. Nunca imaginamos lo que iba a pasar. Con las vías taponadas, todos quedamos atrapados”, rememora el panameño.

El lugar fue declarado zona de desastre. El estado de New York cerró las carreteras de acceso y suspendió la mayoría de los controles y servicios que prestaba el gobierno. Los músicos tuvieron que llegar por helicóptero ante el cierre de las vías, la comida también tuvo que llegar por aire. En esas condiciones, cualquier emparedado se convertía fácilmente en un boccato di cardenale del cual disfrutaban ocho o diez personas. Se improvisaron camas entre los autos, bajo los árboles, o en cualquier lugar donde la gente pudiera tenderse por un rato, aunque dormir no era la prioridad. Uno de los organizadores, Artie Kornfeld, reconoció en una entrevista con La W Radio de Colombia “sólo dormí dos horas y fue porque nos metimos con mi esposa una droga sicodélica que y nos tuvieron que llevar a la enfermería”. Un lago cercano se convirtió en una inmensa piscina pública, donde la gente –despojada de ropa, ataduras y miedos- acudía a bañarse libremente, sola o en pareja, mientras a lo lejos escuchaba la música.

Según los registros de la policía, dos personas murieron y otras dos nacieron. Y a pesar de que hubo varios casos de sobredosis de drogas, no se cometió ningún delito, excepto el de traspasar propiedad privada. “En los tres días sólo se presentó una pelea a puños”, aseguró Kornfeld. Un récord para un escenario donde convivieron casi 600 mil personas. “Hubo drogas: sí”, reconoce el organizador, “pero no más de las que había en ese momento en cualquier ciudad de los Estados Unidos”. Abundaban sobre todo la marihuana, el LSD, y los hongos. “Todos estábamos high. Cuando Santana tocó la canción ‘I want to take you higher’, todos nos elevamos aún más. No me acuerdo de mucho, estábamos tronados”, dice el panameño.

Cuarenta años después, quienes estuvieron en Woodstock coinciden en que lo más importante para ellos fue el espíritu de tolerancia y convivencia que generó. Barry, “The Fish” Melton, de la agrupación “Country Joe and the Fish”, que participó en Woodstock, dijo a La W Radio: “Mucha gente se inspiró en el concierto para hacer posteriormente contribuciones a la sociedad y a hacer un cambio cultural. Se creó conciencia sobre lo que sucedía en el mundo, muchos grupos marginados se incorporaron a la sociedad y lo más importante, se generó el movimiento ambiental”.

“Medio millón de jóvenes ciudadanos, prácticamente abandonados a su suerte, descubrieron el poder de las palabras Compartir, Ayudar, Consideración, y Respeto. Miles salieron de Woodstock con una visión completamente diferente de la vida, mientras la música fluía?” reza el sitio web creado para conmemorar permanentemente el Festival.

Para Kornfeld, “la gente fue la verdadera estrella de Woodstock. Lo importante es el espíritu que generó “, el cual –según él- se ha mantenido en la mayoría de las personas que ese agosto de hace cuarenta años llegó hasta el norte del estado de New York para realizar el que para muchos ha constituido el “viaje” más importante de su vida.