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28 de Oct de 2020

Cultura

Reproducción, placer y comunicación

AL TENER. en cuenta las tres dimensiones que abarca la sexualidad, resulta fácil comprender que vivimos la sexualidad, no para tener de...

AL TENER. en cuenta las tres dimensiones que abarca la sexualidad, resulta fácil comprender que vivimos la sexualidad, no para tener descendencia, sino para comunicarnos y/o relacionarnos, y de esta manera obtener satisfacción con aquellas personas que nos rodean. La reproducción, y por ende el acto sexual, es una función secundaria de la sexualidad.

A lo largo de la vida, tenemos una capacidad reproductiva que puede ser efectiva o no según las posibilidades biológicas, psicológicas y sociales de cada uno. Cada cual tiene el deseo libre y responsable de tomar la decisión de tener descendencia o no, lo que hace que la sexualidad sea independiente de la reproducción.

Por otro lado, el placer lo obtenemos a nivel psicológico por medio de las emociones. Cada día tenemos experiencias que nos producen placer o displacer, rechazamos el displacer y buscamos repetir aquello que nos produce mayor satisfacción.

Las caricias, los abrazos, los besos, las miradas y las relaciones y vivencias sexuales son eficaces medios para transmitir emociones y sentimientos con un fin en común: el disfrute. El placer es un resultado sano y deseable que buscamos en las relaciones y en la vida común, siendo además, un valor humano que cada uno debe cultivar. Las mujeres y los hombres somos seres sexuados que buscamos de manera constante relacionarnos y entendernos entre nosotros.

Nuestra dimensión social implica aprender a establecer relaciones con los demás en un proceso que comienza el día en que nacemos, con nuestros padres y familiares, con los amigos y luego con la pareja. Estas relaciones son imprescindibles para un sano desarrollo de la personalidad.

La sexualidad es entonces un conjunto de tres dimensiones: biológica, psicológica y social que se viven en cada persona de forma diferente y a diferentes ritmos según las experiencias que a lo largo de la vida, afectan a la totalidad de la persona. Separar la sexualidad del resto de la personalidad, supone dividir al ser humano de su realidad vital y existencial.