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29 de Oct de 2020

Cultura

Las ataduras del sexo

P elículas taquilleras y de alto contenido sexual como “Nueve semanas y media”, “Pulp fiction”, “Bajos instintos” y “El señor y la señor...

P elículas taquilleras y de alto contenido sexual como “Nueve semanas y media”, “Pulp fiction”, “Bajos instintos” y “El señor y la señora Smith”, entre otras, también se hicieron famosas por incluir escenas en las que alguno de los protagonistas amarraba a su pareja a la cama o le aplicaba algún tipo de atadura con fines eróticos.

Desde entonces, este tipo de tomas se volvió un cliché y un gancho muy atractivo de filmes pasionales, humorísticos o de series policiacas como CSI. Y con razón, pues estas sugestivas imágenes despiertan un abanico de emociones.

En fin, el cine y la televisión le han dado cierta visibilidad dentro de la cultura popular al sexo con ataduras, dejando atrás el verdadero fermento de una afición sexual: el bondage , que es mucho más profunda, seria y extendida en el mundo entero, al punto de que ha dado origen a toda una “subcultura” y una estética que bien vale la pena explorar, porque es una muestra más de los insondables misterios de la sexualidad humana y sus indefinibles fronteras.

En inglés, el término bondage significa “cautiverio”, “esclavitud” o “servidumbre”. Su raíz, bond , indica “atadura”, y la palabra también está relacionada con el verbo to bind , que por igual quiere decir “liar” o “constreñir”. Como expresión de sexo no convencional el bondage se refiere a las ataduras eróticas aplicadas sobre una persona vestida o desnuda, a partir de una relación entre dos roles muy bien definidos: el que domina y el sumiso. En efecto, esta práctica hace parte de la cultura BDSM, acrónimo conformado por las letras iniciales de Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión y Sadomasoquismo.

Hoy, la cultura BDSM es del dominio de heterosexuales, homosexuales, bisexuales y de gentes de las más disímiles procedencias, y su universo comporta toda una ética y normas de conducta dentro de la libertad, así como un extenso catálogo de ropa y accesorios, comunidades virtuales, clubes y hasta establecimientos dedicados a ofrecer sus diversas expresiones como otro ‘servicio sexual’.

La finalidad específica del bondage es la inmovilización de la persona sumisa, por medio de cuerdas especiales. Se trata de un estilo de placer que no implica necesariamente una relación sexual, ya que para muchos basta con acariciar o besar a su pareja luego de amordazarla con un conjunto de nudos y técnicas que tuvieron su precursor en el milenario shibari de Japón, donde su cultivo es señal de refinamiento y de alto rango social.

¿Por qué es gratificante ser maniatado por la pareja? Desde el punto de vista físico, algunos entrevistados al respecto confiesan que los erotiza el sentirse presionados por las sogas lo mismo que la abrasión que esta les causa en la piel. Los hombres, en especial, responden que lo que los excita es abandonarse a la mujer, en contraste con las costumbres ancestrales que dictan que son ellos los llamados al rol activo en la cama. El ser dominado, además, le brinda al sumiso o a la sumisa la ocasión de liberarse de sus inhibiciones.

Por otra parte, este juego erótico conlleva tensión, miedo, peligro, de manera que la adrenalina que todo ello produce se convierte en un poderoso estimulante para atravesar umbrales de goce que difícilmente se alcanzan en los encuentros eróticos típicos. Por el lado de quien domina, su excitación a partir de las ligaduras se basa en el poder de prodigarle placer a su amante. De igual forma, el fuego de su pasión se enciende contemplando el cuerpo de su compañero o compañera adornado con las cuerdas, pues no hay que olvidar que el bondage es también una expresión artística. En ese sentido, el dominante debe ser una persona ampliamente ilustrada en el tema en asuntos como los tipos de nudos, las diversas cuerdas para atar, las zonas del cuerpo que se pueden someter a ellas, el tiempo que una persona puede permanecer amarrada en determinada posición, etc.

De buenas a primeras, sin embargo, no deja de rondar cierta sospecha de truculencia ante esta inusual experiencia, dados sus riesgos. Pero para ello, apunta el experto, esta tendencia cuenta con su propio código, basado en tres principios rectores, de acuerdo con los cuales el bondage debe ser sano, consensual y seguro.

El primer aspecto lo define como una práctica limpia y exenta de peligros para la salud de quienes los practican. Está llamado a ser consensual en la medida en que los amantes acuerdan lo que van a hacer y hasta donde van a llegar. Esto puede incluir desde atar simplemente las manos hasta todo el cuerpo del sumiso y agregarle otros ingredientes como vendarle los ojos o vestirse con atuendos especiales, sobre todo de cuero.

Y en el campo de la seguridad está escrito todo un manual con indicaciones como no dejar nunca sola a una persona atada, no pasarle jamás una soga por el cuello, tener a la mano unas tijeras para liberarla rápidamente, no utilizar nudos corredizos y realizar sesiones cortas si las posiciones son incómodas.

En Panamá el bondage todavía se mueve en la clandestinidad, pues quien se declara abiertamente aficionado a él corre el riesgo de ser tildado de “depravado”.