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11 de May de 2021

Cultura

Ahí vamos otra vez

Cada año intento que no me afecten las estupideces que por estas fechas empiezan a vomitar una cáfila de analfabetos históricos. Lo inte...

Cada año intento que no me afecten las estupideces que por estas fechas empiezan a vomitar una cáfila de analfabetos históricos. Lo intento, pero no lo consigo. Y cada año me pongo de muy mala leche leyendo y escuchando las mismas tonterías dichas por imbéciles que al decirlas se creen modernos, defensores de los derechos humanos y comprometidos con la decencia y las buenas maneras. O sea.

Les voy a contar un cuento, hace varios cientos de años, en un lugar lejano, hordas de invasores arrasaron las tierras ancestrales de pueblos que vivían en ellas en paz. Ellos supuestamente representaban la civilización y tenían el absoluto convencimiento de que eran los salvadores de aquellos salvajes. Mataron, quemaron, crucificaron pueblos enteros, viejos, mujeres y niños fueron pasados por la espada. Lograron acabar con los dioses, la lengua y las costumbres. Asediaron ciudades sin cuartel y los invasores dejaron por escrito el asombro que les producía que los invadidos prefirieran matar a sus hijos y luego matarse ellos antes que aceptar al invasor y su forma de vida. Traicionaron y asesinaron, pero todo era para mejorar el nivel de vida de aquellas pobres gentes. Por eso ahora en España hablamos un derivado de latín y por eso los descendientes de los cántabros y los astures odiamos a los italianos. ¡Ah, no!, perdón, esto último no pertenece al cuento? ¡Lo superamos!

De eso se trata la historia, de aprender, de recordar.. ¡y de superarlo! La historia, al fin y al cabo no es otra cosa que el desarrollo de acontecimientos provocados por el bien o el mal hacer del ser humano que, cortito de miras como suele ser, normalmente se la caga (acabo de inventarme una definición de historia). La historia sirve para mirar hacia adelante, al futuro, tratando de no repetir los errores del pasado. Es cierto que hace más de 500 años una panda de iluminados muertos de miedo se montaron en tres cascaritas de nuez y se lanzaron a las fauces de lo desconocido, llegaron a una tierra de la que no tenían conocimiento, y ahí empezó un nuevo giro de la historia. Murieron miles de personas. Ajá. Hubo injusticias, crueldad y tragedias. Ajá. Pero fíjense que ustedes no han sido ni más ni menos que otros pueblos que a lo largo de la historia han tenido la mala suerte de haber sido los perdedores. ¡Ah!, y por si no se han dado cuenta, la mayor parte de los que se rompen las vestiduras gritando contra lo que pasó son los descendientes de los que invadieron, o sea, sus tataratatarabuelos mataron y violaron. Y no, no digo que lo que pasó estuviera bien, pero es lo que hay.

En vez de perder su tiempo quejándose año tras año de lo que pasó hace muchos, estaría bien que empezaran a mirar alrededor para ver si animan a protestar por las injusticias presentes.

Es decir, los que despojaron de sus tierras a los indígenas hace 500 años eran unos hijos de puta desalmados, pero los que hoy persiguen a los grupos indígenas actuales, como por ejemplo los nasos, expulsándolos de sus tierras ancestrales basándose en tergiversaciones y triquiñuelas legales, esos si son buena gente. ¿O no? ¿Será que las injusticias son menos si vienen dadas por los propios compatriotas?

Si dejaran de acusar de sus males a aquello que pasó hace siglos y empezaran a poner de su parte para solucionar las injusticias que están pasando ahora mismo, a lo mejor dentro de 500 años tendríamos el país que creemos merecernos. Me gustaría que algún panameño celebrara este 12 de octubre teniendo el valor de abrir la boca contra las injusticias que se están cometiendo hoy en día.