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29 de Mar de 2020

Cultura

Portobelo, donde la fe se hace sangre

Con la mirada transida de fervor hacia lo alto, una madre ora por la salud del hijo enfermo. Un hombre va dejando una huella con sus rod...

Con la mirada transida de fervor hacia lo alto, una madre ora por la salud del hijo enfermo. Un hombre va dejando una huella con sus rodillas ensangrentadas en las piedras del camino, mientras implora por recuperar a la familia perdida. Un joven junto a su madre sostiene en los hombros una imagen sagrada al tiempo que murmura una oración para escapar de las drogas y el alcohol. Otro penitente se azota las sangrantes espaldas para expiar quien sabe qué culpas. Estas son sólo algunas de las historias que todos los años, cada 21 de octubre, se viven en la fiesta del Cristo Negro de Portobelo, cuando miles de panameños venidos de todas partes se congregan en una de las celebraciones más populares del país.

Cuenta la historia que el 21 de octubre de 1658 llegó a las playas de la comunidad colonense de Portobelo, la imagen del Cristo Negro. Una versión detalla que un indio llamado Kichimbanchi la encontró flotando en el mar y la arrastró a la orilla. La otra refiere que un barco llevaba la imagen a Perú o Colombia y una tempestad obligó a desembarcarlo y, cada vez que el barco con su santa carga iba a zarpar, se desataba una tempestad que lo impedía, hasta que finalmente tuvo que dejarla en Portobelo. Sea cual fuere la verdadera historia, el caso es que esta milagrosa imagen, llamada el Cristo de los Cantantes, el Cristo de los Maleantes o el Nazareno, permanece desde entonces en la iglesia de San Felipe de Portobelo, a donde cada año acuden miles de peregrinos, en busca de algún milagro que cambie para siempre sus vidas.