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30 de Mar de 2020

Cultura

‘El símbolo’ llega a Iberoamérica

EFE. Hace seis años, Dan Brown vivía en el anonimato en unos apartamentos de alquiler a orillas del río en Exeter, al noreste de EEUU. A...

EFE

Hace seis años, Dan Brown vivía en el anonimato en unos apartamentos de alquiler a orillas del río en Exeter, al noreste de EEUU. Ahora es un escritor millonario, polémico y mundialmente conocido que está encantado con su fama y su riqueza.

“Soy muy reservado y ciertamente gran parte de mi privacidad se ha esfumado, pero también tengo grandes oportunidades. Diría que (la fama y la riqueza) son maravillosas en un 95% o 97%”, explicó a EFE Dan Brown, el autor de El Código Da Vinci que publicó esta semana en el mercado en español El símbolo perdido (Editorial Planeta).

El libro, que transcurre en el espacio de 12 horas en la capital estadounidense, gira en torno a los masones y a la misteriosa amputación de una mano, que causa la intervención de la CIA, y tras la cual se oculta la búsqueda de una antigua fuente de poder.

La obra, con una tirada inicial de 6,5 millones de ejemplares en inglés y 1,5 millones en español, repite una fórmula de éxito que Brown defiende a capa y espada.

“Mis críticos dirían esta persona no es (el premio Nobel de Literatura estadounidense) William Faulkner. Y lo que yo digo es: tienen razón. Ni lo soy, ni lo pretendo”, aseguró el autor durante una entrevista en Exeter, en Nuevo Hampshire, cerca de Boston.

El encuentro con EFE en la biblioteca de la Academia Phillips Exeter, un prestigioso centro escolar en el que el padre de Brown impartió clases de matemáticas, se produjo a escasos metros del restaurante Penang & Tokyo, donde hace seis años el ahora autor superventas era “un cliente más”.

“Su plato favorito era el pollo General Tso”, dijo a EFE Bob Colman, copropietario del local. “Cuando salió El Código Da Vinci en el 2003 le pedí que me firmara un autógrafo. Me puso: A Bob: Gran parte de este libro fue concebido entre plato y plato de pollo General Tso”, explicó el militar retirado. Al fondo del local, unos ventanales verdes ofrecen una idílica vista del río Squamscott. Desde ellos pueden verse los bloques de apartamentos en los que vivía Brown antes de que los más de 80 millones de ejemplares vendidos de El Código Da Vinci le permitieran ingresar 250 millones de dólares, según los cálculos del diario The New York Times. Brown atribuye su éxito comercial a su capacidad para crear “historias emocionantes” en las que no hay, dice, “florituras” lingüísticas.