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04 de Jun de 2020

Cultura

El reflejo de nuestro ser

A veces me pierdo inmersa en la sorpresa de mi hija. La sorpresa de su existencia, de lo cómoda que se ve en este mundo. No deja de mara...

A veces me pierdo inmersa en la sorpresa de mi hija. La sorpresa de su existencia, de lo cómoda que se ve en este mundo. No deja de maravillarme lo tangible de su presencia, me abruma la belleza que veo en ella. Entiendo más que nunca la parcialidad y la falta de criterio de un padre al tener que describir a su vástago.

Ella se va moviendo con su propio tiempo, sus necesidades originales, y aun así es un reflejo de lo que va viendo en la casa, de lo que somos y hacemos sus padres.

Pequeñas cosas cada día que sé que la van formando y convirtiendo en la persona que será en su madurez.

Nos preocupa inculcarle tantas ideas y valores.

No sé cómo puede entrar todo en su pequeña cabecita, aunque sé también que el proceso natural hará que ella registre y haga parte de su comportamiento mucho de lo que nosotros hagamos delante de ella.

Se vuelve, más que una buena costumbre, una necesidad el tirar las cosas en la basura y no en el suelo; admirar las flores sin arrancarlas; apagar las luces; saludar siempre, sonreír, compartir; no gritar (algo muy difícil en momentos tensos)…, etc.

Conozco a una señora muy guapa, elegante, suave en sus maneras.

Tiene tres hijos mayores de edad. Estos tienden a gritar, hablan usando palabras fuertes, tiran colillas de cigarrillo al jardín desde su balcón.

Yo pensaba que era extraño que la madre fuera tan educada y fina y ellos tan poco gentiles… hasta que me di cuenta de que ellos tenían como referente a su madre.

Dentro de casa ellos vieron algo y lo repitieron.

Los hijos son el reflejo de sus padres.

Y si no lo son, si los padres son mejores que los hijos, entonces la responsabilidad de los primeros fue no saber controlar.

Yo apenas comienzo a ser madre.

Pero he sido hija casi cuatro décadas. Lo mejor que tengo en cuanto a costumbres me lo dieron mis padres. Lo peor lo tengo a pesar de ellos, no por ellos.

No conozco la fórmula, voy paso a paso.

He oído que no importa cuán buena madre intente ser, algo me reprochará mi hija.

No me preocupa, es un orden natural, ojalá que solamente una etapa.

Sólo espero no reprocharme nada a mí misma, darle todo lo que pueda, armarla, prepararla, que pueda presentarse en cualquier lugar con clase, elegancia, estilo, conocimiento, calidez, simpatía y sencillez.

Que sea feliz, que se sienta segura de sí misma.

Yo, en lo que pueda cooperar, lo haré…

Después de todo mi hija es un reflejo de mí misma… ¡pero mucho mejor!