Al ritmo de la cumbia chorrerana le dan el último adiós al folclorista José Reynaldo Solano

La despedida no fue silenciosa. Fue como él siempre lo pidió: al ritmo de la cumbia chorrerana, esa que defendió con pasión y enseñó incansablemente a generaciones de jóvenes y adultos.

Entre cantos, tambores, acordeones y pasos de baile que brotaban desde el alma, pero también con lágrimas que delataban el profundo dolor de la despedida, amigos, familiares y discípulos le dieron el último adiós al destacado folclorista chorrerano José Reynaldo Solano, un hombre que dedicó su vida a mantener vivas las tradiciones culturales de su tierra.

La despedida no fue silenciosa. Fue como él siempre lo pidió: al ritmo de la cumbia chorrerana, esa que defendió con pasión y enseñó incansablemente a generaciones de jóvenes y adultos. Mientras los tambores marcaban el compás, los rostros reflejaban tristeza, pero también gratitud por el legado que deja quien fue un guardián de la identidad cultural del país.

Solano fue un defensor incansable del folclore del distrito de La Chorrera. Durante décadas se dedicó a la enseñanza de danzas y cumbia chorrerana, dirigiendo diversos conjuntos típicos que alcanzaron primeros lugares en importantes eventos nacionales, entre ellos el Festival Nacional de la Mejorana en Guararé.

Además de su pasión por la cultura, José Reynaldo Solano sirvió a la comunidad desde el área de la salud. Al momento de su partida, se desempeñaba como técnico de enfermería en el Hospital Nicolás Solano, institución donde inició como auxiliar en 1980. A pesar de sus responsabilidades laborales, siempre encontró tiempo para enseñar y promover el folclore, labor que mantuvo hasta sus últimos días.

Era director del conjunto típico de la Asociación Nacional de Practicantes, Auxiliares y Técnicos en Enfermería (Anpate), gremio del que formaba parte, además lideraba el grupo Nuevo Amanecer, integrado en su mayoría por jóvenes chorreranos, a quienes inculcó disciplina, amor por la cultura y orgullo por sus raíces.

Paralelamente, ejercía como profesor en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Panamá, donde fue reconocido como un baluarte en la enseñanza de la danza, el folclore y la identidad cultural panameña.

A su despedida acudieron destacados intérpretes de la cumbia chorrerana, quienes interpretaron piezas emblemáticas como “El Gallo Blanco” y “Sentimientos del Alma”, esta última la favorita del folclorista. Aunque muchos bailaban al son de los tambores, no podían contener las lágrimas.

José Reynaldo Solano se va físicamente, pero su legado seguirá vivo en cada tambor, en cada paso de baile y en cada joven que aprendió de él a amar y respetar el folclore panameño.

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