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22 de Jan de 2021

Cultura

El terrorista de internet

Joel Tenenbaum, de 25 años y candidato a un doctorado de física de la universidad de Boston, se despertó una mañana de julio de este año...

Joel Tenenbaum, de 25 años y candidato a un doctorado de física de la universidad de Boston, se despertó una mañana de julio de este año con una noticia terrible: una Corte de Estados Unidos lo condenó a pagar 4,5 millones de dólares por bajar de manera ilegal 30 canciones en Internet y distribuirlas entre sus amigos en la red. Su caso le dio la vuelta al mundo. Nadie podía entender cómo un procedimiento que millones de jóvenes en todo el planeta aplican todos los días –copiar música– se podía convertir en una sentencia de estas dimensiones. El proceso se convirtió en una suerte de paradigma en el que la poderosa industria de la música, que fue la que demandó a Joel, dio un mensaje contundente contra la piratería.

Algo parecido ocurrió la semana pasada en Colombia. Dos investigadores de la Dijín (Policía Judicial colombiana) llegaron a la casa de Nicolás Castro, un estudiante destacado de Bellas Artes en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, y lo arrestaron. A Nicolás, de 23 años, nunca se le ocurrió que un grupo que creó en Facebook podía ponerlo, literalmente, en La Picota, la cárcel más famosa del país. La pesadilla de Nicolás comenzó el 9 de julio pasado, cuando en los medios se armó un escándalo con el grupo de Facebook que tenía como título “Me comprometo a matar a Jerónimo Alberto Uribe, hijo de Álvaro Uribe”. El grupo había sido creado por él en marzo y no tuvo mayor movimiento –apenas se unieron a él 16 miembros– hasta ese día de julio en que los medios delataron su existencia. El joven fue detenido esta semana, ya compareció ante el juez y éste consideró que los elementos probatorios eran suficientes para mantenerlo detenido por “instigación a delinquir”.

En el país muchos no han tomado el caso muy en serio. Pero la verdad es que es la primera vez que un “acto de rebeldía” en la era de la Internet le podría costar a un muchacho de clase media o media alta, como cualquier otro, de cinco a 10 años de prisión. Hay dos malas noticias para él: la primera es que éste se puede convertir en un caso ejemplarizante de sanciones para este tipo de conductas en Internet. Y la segunda es que las autoridades no han dejado margen para pensar que Nicolás pueda librarse pronto de este asunto. “Aquí no estamos hablando de una broma, sino de un delito”, dijo el director de la Dijin, general Gilberto Ramírez, en rueda de prensa.

En el juicio a Joel en Boston, el abogado defensor, experto en casos de Internet, le dijo a la Corte del estado: “Joel sólo estaba haciendo lo que un chico hace cuando está en Internet”. Pero la Corte no sólo no le hizo caso, sino que le aumentó el monto de la multa que inicialmente estaba previsto. En el caso de Nicolás Castro, por lo pronto, ha pasado algo similar. Los abogados argumentaron que se trataba de “una chanza” y que no se podía coartar la libertad de expresión. Pero el juez, en la audiencia de imputación de cargos, no estuvo de acuerdo. “Una cosa es no querer a Jerónimo Uribe –dijo– y otra cosa es instigar para que se cause un delito”. Y tal vez lo más significativo es que el juez no le dio detención domiciliaria, sino que lo mandó directo a la cárcel la Picota.

¿QUÉ ENCONTRÓ LA POLICÍA?

Gran parte de la polémica y el escepticismo que el caso ha generado tiene ver con la personalidad de Castro. Ni su familia, ni sus compañeros y profesores pueden creer que esté hoy en el ojo del huracán. “Es un alumno modelo. A lo largo de la carrera siempre ha tenido las notas más altas. Tiene 4,3 en promedio. Es disciplinado, inteligente y muy creativo. Jamás tuvo un comportamiento que hiciera pensar que, siquiera, podía estar en problemas”, dijo a SEMANA uno de sus profesores. “Es vegetariano y un apasionado contra el maltrato de los animales. De hecho, tiene un grupo en Facebook para protegerlos. No mataría ni una mosca, y mucho menos a otra persona”, afirmó uno de sus compañeros de octavo semestre. “Es muy familiar, no pertenece a ningún tipo de grupos raros. Es inteligente y muy respetuoso, tanto que por eso lo elegimos representante de los estudiantes ante la facultad”, cuenta otra amiga suya. Y su papá, un proveedor de repuestos para aviones, visiblemente abatido dijo: “A mí se me acabó la vida con ese acontecimiento”.

Sin embargo, Nicolás Castro se dio cuenta de que se había metido en un grave problema ese 9 de julio cuando vio el gran despliegue que los medios le dieron al grupo que creó en Facebook. En un primer momento tal vez confió en que podía despistar a las autoridades. A las 10 de la noche decidió borrar cualquier rastro que lo vinculara al grupo y por eso desactivó su perfil de Facebook en el cual se podía consultar su nombre, fotos y otros datos personales. Con lo que no contó fue con que para esa hora el Grupo de delitos informáticos de la Dijín, con un fiscal de la Unidad de terrorismo, ya llevaba adelante las pesquisas. Muy temprano hicieron un análisis detallado de los perfiles de los miembros del grupo y luego comenzaron a hacer cruces en todo Facebook con una serie de variables. Así descubrieron que ciertos datos del perfil de quien creó el grupo –que usaba el seudónimo “Cuervo de El Salado”– coincidían con los del perfil de Nicolás Castro en esta misma red social.

En un primer momento los oficiales pensaron que se podía tratar de una simple coincidencia. Sin embargo, el hecho de que justo esa misma noche Castro borrara intempestivamente su perfil de Facebook los llevó a sospechar que las dos cuentas eran manejadas por el mismo Nicolás. Y se sumó a las coincidencias el que al hacer una nueva y minuciosa revisión de los comentarios que aparecían en el grupo, encontraron uno del 21 de marzo de 2009 firmado por un usuario que se identificó como “Nicolás”, que decía: “Este tipo con sus “artesanías de Colombia” no hace más que explotar indígenas y gente de bajos recursos (...)”. Los investigadores de la Dijín se reunieron con un fiscal de terrorismo y cuatro días después allanaron la casa de Castro. Dar con la ubicación de la vivienda en Chía no fue muy difícil con los datos del perfil real del joven universitario. La pregunta es si esto amerita un tiempo de cárcel o no. Por lo pronto, no hay muchos antecedentes en el mundo. El grupo que creó Nicolás Castro no es el único en Internet que invita a matar a alguien. En un país tan polarizado como Colombia, y bajo la protección del anonimato de Internet, amenazan al Presidente de la República, a los senadores Piedad Córdoba y Gustavo Petro, a la cantante Shakira y a los miembros de tribus urbanas como los emos. Curiosamente, ninguno de esos casos ha llegado siquiera a ser investigado. Pero eso no le garantiza nada a Nicolás Castro. Porque, como en el caso de Joel Tenenbaum, él puede llegar también a ser el primer castigado por una práctica como estas en Internet. Á©PUBLICACIONES SEMANA