22 de Feb de 2020

Cultura

El tema de moda

Me enteré —y lo reconozco no sin cierta vergüenza— de la tragedia de Haití hace un par de días. Me llamaron del extranjero a comentarme ...

Me enteré —y lo reconozco no sin cierta vergüenza— de la tragedia de Haití hace un par de días. Me llamaron del extranjero a comentarme eso, el temblor de Venezuela, un posible tsunami en Costa Rica o Panamá, que tuviéramos cuidado. ¿Qué cuidado puedo tener si viene una ola tamaño familiar y cubre el Istmo? pero, se agradece.

Veía los Golden Globe Awards y Maggie Gyllenhaal buscó un silencio formal para recordar que mientras celebraban un evento (fastuoso y lujoso donde había en inventario muchos millones de dólares en ropa y joyas), en Haití había desesperación y tragedia. Me recordó a Sophie Marceau años atrás en el Festival de Cine de Cannes quien, en vez de entregar el premio que se le pidió dar, comenzó a hablar de la pobreza y la miseria que había visto en un viaje del que había llegado esa misma tarde, me parece que de África. La tomaron del brazo y la bajaron discretamente del escenario. Estas diosas que en su Olimpo recuerdan a sus iguales que hay un mundo peor me hacen preguntarme si sirve de algo hacerlo en medio de estas celebraciones superfluas, más que para que los simples mortales sepamos que ellos también tienen corazón y conciencia.

Nada es blanco y negro. De allí salen sin duda muchos modos de ayuda y colaboración. No sé si me volví más mala o más buena, más fría, más insensible… o solamente más pragmática, perdonándome por seguir sentada con los pelos erizados ante la imperiosa necesidad de maravillarme una vez más no sólo con el mágico arte del cine, sino por poder tener atisbos de cómo son realmente mis personajes de ficción y agradar mi sentido estético viendo desfilar peinados, maquillajes y trajes elaborados durante centenares de horas para parecer simples.

Sacudo los recuerdos de trajes negros perfectamente entallados, vuelos rosa, collares de estrellas y cabellos vaporosos para traer a colación algo que me pareció terrible por su realidad y por lo lógico que suena: la columnista de un diario comentaba que a Haití la ayudan siempre. Antes y después del terremoto. También mencionó que el problema de Haití es su idiosincrasia. Recuerdo con tristeza haber sobrevolado la isla que comparte este país con República Dominicana, y aun me impresiona el absurdo recuerdo de una línea imaginaria que marca los límites entre estas dos naciones. El lado de Dominicana verde, frondoso desde las alturas, exuberante. El lado de Haití rapado, pelado, sólo tierra seca y estéril. Un simbolismo interesante, como realidad, un espanto. Como el espanto de un terremoto que llega a una tierra con suficientes desgracias. Haití será un cliché, pero… ¡qué cosas terribles nos esta tocando ver!