26 de Feb de 2020

Cultura

Lo que vino antes de El Secreto

H ace unas semanas una amiga estaba analizando una situación personal que no le es favorable y mencionó el libro El Secreto. Planteaba q...

H ace unas semanas una amiga estaba analizando una situación personal que no le es favorable y mencionó el libro El Secreto. Planteaba que haría uso de las técnicas de mentalizarse, focalizarse y tener claro su objetivo para mejorar su situación y en ese momento el cassette se fue para atrás en mi cabeza.

Hace cuatro años mi psicóloga me habló de un japonés que le habló al agua. Le dijo cosas bellas. Le habló de amor, paz, belleza. Las fotografías que luego tomó a las gotas de esa agua son bellísimas. Hizo algo parecido usando palabras feas. Feas imágenes resultaron esta vez. Lo interesante era que si eso le sucede al agua cuando se le da energía de un tipo u otro, ¿cuanto podemos hacer por nosotros siendo como somos más de un 80% agua? Extraordinario. Luego me habló de que este experimento estaba citado en una película y un libro llamados What The Bleep (do we know!?).

El cuento del agua es una enésima parte de lo que habla el libro, precursor de El Secreto y quién sabe cuántas obras más.

Unos 6 meses después caminaba con mi futuro esposo y le conté. Le hablé del libro, de las teorías de la física cuántica, del poder que tenemos cada uno de nosotros mismos no sólo sobre nosotros mismos sino sobre todo cuanto nos rodea, de cómo según esto mi día es exactamente lo que deseo y planeo que sea (visto desde una perspectiva muy clara, objetiva y con una energía implícita tremenda). 60 días más tarde estoy sentada en una pequeña reunión en Panamá con gente en sus 20s y 30s del tipo que va al cine a ver buenas comedias y vienen de hogares católicos de temperatura media. En medio de una conversación banal, pregunté de la nada: “¿alguien ha visto una película que se llama…?”… (me interrumpí dudando), y una de las chicas que estaba frente a mí dijo ¿What the Bleep?. ¡Oh Oh! ¿Cuáles eran las probabilidades? Una película que jamás vino a Panamá, que no es comercial, que no existe para el 95% de la gente… me quedé helada. Ella sonrió, helada también. Y nos invadió la tranquilidad de saber que estábamos en el camino correcto. Era así como debía ser mencionada la peli, por una no-casualidad: una causalidad. Años más tarde yo sigo siendo una agnóstica, ella enseña Kabbalah. La mente es poderosísima. Y hermosa, como las palabras que endulzan el agua que corre por todo nuestro cuerpo si ponemos un poco de atención y probamos.