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23 de Ene de 2022

Cultura

Las tapas españolas

T ras unos días de superar el viaje, ahora he empezado a vivir para comer y no comer para vivir. Es decir, me la paso comiendo y comiend...

T ras unos días de superar el viaje, ahora he empezado a vivir para comer y no comer para vivir. Es decir, me la paso comiendo y comiendo porque por eso es que vine a mi patria, a comer todo aquello que no se encuentra en Panamá.

Pero lo más raro es la tendencia que se tiene a repetir lo que ya uno conoce. De modo que he ido dos veces al famoso Conesa de la plaza Sant Jaume, el cual ofrece uno de los mejores frankfurters que he comido en mi vida. El pan está perfectamente tostado, planchado y untado en deliciosa mostaza amarilla, alemana; además de dos salchichas de tamaño pequeño pero perfectamente cocinadas dándole al bocata un toque final que lo convierte en una maravilla de la ciencia de los bocatas. Al final no es que sea algo sofisticado pero sí algo delicioso y que me trae recuerdos de toda mi vida en esta mi ciudad.

He regresado al “Moll Olimpic” en donde como siempre la experiencia ha sido pantagruélica y supongo que estratosféricamente cara, pero como yo no pagaba no sentí el golpe. Comí unas deliciosas rabas a la malagueña que estaban en su punto; y unas maravillosas alubia rojas de Tolosa con chorizo, que calentitas nos pusieron en nuestro lugar por si el frío nos había desubicado. Probé también unas almejitas de Carril a la marinera, y para mi goce personal unas navajitas a la parrilla con ajito y perejil, que rompieron con mi síndrome de abstinencia de marisco pues ya estaba bien que por cinco años me durara.

Francamente no disfruté mucho el plato fuerte porque estaba tan relleno de buen marisco que aunque no estuvo mal el pescado a la espalda, lo anterior estuvo tan sublime que bastaba y sobraba. Aquí introduzco la primera recomendación. Si viaja a España tapee más en lugar de comer formalmente, pues probará más cosas y tendrá mejores recuerdos que si se sienta en una mesa formal de sólo dos platos.

Al momento de la cena otro atracón de pulpo a la gallega servido en un auténtico restaurante gallego que estaba donde mueren las palabras. La verdad es que el tamaño no siempre lo es todo, pero en el caso del pulpo sí tiene que serlo porque esos tentáculos eran impresionantes y estaban de un tierno que daba envidia. Esa noche francamente lo mejor fueron unos ceps frescos salteados con jamón que estaban fuera de este planeta. Con dos necesitábamos una tercera ayer por la noche y nos disparamos una segunda vuelta pero empezamos con unos típicos calsots y una esqueixada de bacalao luego. Para terminar optamos por unas sepietas a la malagueña que eran de muerte lenta. Llevo menos de una semana y ya he engordado siete libras, casi a una por día pero es que por qué no comer si estoy en el paraíso.

Esta mañana para desayunar me busqué uno de los locales de última apertura diseñado por Xavier Mariscal que estaba precioso por lo moderno y vanguardista. Además tenía unos embutidos de cerdo caseros de “L′emporda” que destacaban por su calidad y su artesanía en la elaboración. En la calle del Call, cerquita de la plaza Sant Jaume, se encuentra este templo de la gastronomía. Es un lugar moderno, limpio, con unos menús nada sofisticados pero exquisitos por su calidad de producto y sus perfectos puntos de cocción. En resumen es una experiencia inolvidable a un buen precio que todavía la hace más interesante.

Así es que paso mis días mientras mi mujer y los niños se la pasan en las rebajas gastando. Por mi parte, voy probando y probando distintas tapas y platos de la cocina tradicional catalana por aquello de que me estoy ilustrando, pero la verdadera razón es disfrutar de lo único que me gusta y que todavía no me lo han prohibido: el comer y comer hasta más no poder.

¡Buen provecho!