Dos años buscando a Kai: la travesía de un padre hasta volver a abrazar a su hija

  • 10/03/2026 00:00
Tras una búsqueda internacional marcada por procesos judiciales, kilómetros recorridos y años de incertidumbre, una niña panameña vuelve finalmente a casa junto a su familia

Cuando Jorge Martínez volvió a tener a su hija entre los brazos, el tiempo pareció detenerse por un instante. No fue un reencuentro ruidoso ni una escena de celebración. Fue, más bien, un momento cargado de emociones que tardaron años en encontrar salida. Después de casi dos años de incertidumbre, de procesos judiciales y de una búsqueda que lo llevó a recorrer miles de kilómetros, Kai Liah volvía finalmente a estar rodeada de los suyos.

“Se fue con seis años y vuelve con nueve”, dice Martínez. “Se fue la mitad de su infancia”, remata.

La frase resume lo que, para él, fue un largo periodo de angustia. Aquel calvario comenzó durante la víspera de Navidad de 2023, cuando llevó a su hija a encontrarse con su madre, Kimberly Campos, cumpliendo con el régimen de visitas establecido por un tribunal de familia. La niña debía regresar pocos días después.

Pero ese regreso nunca ocurrió.

Aquella mañana recibió un mensaje que cambiaría todo: la madre de la menor había decidido quedarse con ella. Desde entonces, comenzó lo que Martínez describe como el momento más difícil de su vida.

No sabía dónde estaba su hija. No sabía si estaba bien. Solo sabía que tenía que encontrarla.

La noche en que empezó la búsqueda
La búsqueda comenzó con preguntas y terminó convirtiéndose en una travesía.

Durante meses, Martínez asegura que recorrió más de 40,000 kilómetros siguiendo pistas sobre el paradero de su hija. Sus pasos lo llevaron por Costa Rica, México, Guatemala y Belice, preguntando en albergues, contactando autoridades y pegando afiches con la fotografía de la menor.

“Recorrí medio México buscándola”, recuerda.

Cada ciudad representaba una nueva esperanza y, muchas veces, una nueva frustración. La campaña en redes sociales “Buscando a Kai” comenzó a circular mientras la historia de la niña desaparecida cruzaba fronteras.

Pero el camino no fue solo geográfico. También fue judicial.

Según relata Martínez a La Estrella de Panamá, durante este tiempo tuvo que enfrentar múltiples procesos legales en distintos países. El caso derivó en más de una decena de expedientes judiciales, denuncias cruzadas y audiencias que complicaban aún más el panorama.

En uno de esos episodios, incluso fue detenido brevemente en Costa Rica tras una denuncia presentada en su contra.

“Estuve dos días preso”, cuenta. “Pero nada de eso iba a detenerme”.

La búsqueda continuó. Porque para él no había otra opción.

Una infancia interrumpida

Kai Liah nació en 2017, fruto de la relación entre Martínez y su entonces pareja, Kimberly Campos. Durante sus primeros años la familia vivió entre Bocas del Toro y Chiriquí.

La relación terminó definitivamente en 2022. Tras el proceso judicial correspondiente, un tribunal de familia en Chiriquí otorgó la custodia de la menor al padre, mientras que la madre mantendría un régimen de visitas.

La abogada de familia y penalista Suky Yard, quien sigue de cerca el caso, explicó a La Estrella de Panamá que esa decisión no respondió a un criterio de género, sino al principio que rige el derecho de familia: el interés superior del menor.

“La ley no establece que la custodia sea para la madre”, señala. “La norma establece igualdad de condiciones para ambos progenitores. Lo que se analiza es dónde el menor está más protegido, quién le ofrece estabilidad, educación y seguridad”.

Según Yard, el tribunal tomó en cuenta evaluaciones psicológicas, sociales y del entorno familiar antes de determinar que la menor debía permanecer bajo la guarda de su padre.

“Lo que busca la instancia de familia es proteger por encima de todo los derechos de los niños”, explica.

Sin embargo, la estabilidad que ese fallo pretendía garantizar se quebró en diciembre de 2023, cuando la menor fue sustraída durante un periodo de visitas.

A partir de ese momento comenzó el largo proceso judicial y la búsqueda internacional.

Durante parte de ese periodo, según relata Martínez, la niña permaneció varios meses en un albergue estatal en Costa Rica.

“Ella misma me dijo que se sentía desatendida”, cuenta.

Para él, ese es el recuerdo más doloroso de toda la historia. “No importa lo que yo haya sufrido como adulto”, dice. “Lo importante es lo que vivió mi hija”.

El proceso legal

Aunque el reencuentro marca el final de la búsqueda, la historia judicial todavía no ha terminado. En Panamá existe una investigación penal abierta por la presunta sustracción de la menor, explica la abogada Suky Yard.

“El señor Martínez tenía debidamente acreditada la guarda y crianza de la menor en los tribunales de familia de Chiriquí”, señala. “Había un régimen de visitas establecido para la madre que en varias ocasiones fue incumplido”.

Según Yard, el caso ahora depende de las decisiones que tome el Ministerio Público, que tiene la facultad de determinar la continuidad de la acción penal.

Además del proceso penal, en el ámbito de familia podrían establecerse medidas de protección adicionales, entre ellas visitas supervisadas si la madre decide ingresar nuevamente a Panamá.

En cuanto al proceso en Costa Rica, la situación es más compleja. La abogada explica que, aunque la entrega de la menor se produjo finalmente de manera voluntaria, eso no elimina la posibilidad de responsabilidades legales.

“El delito se cometió”, señala. “Lo que corresponde ahora es determinar cuál será la ruta jurídica”.

Sin embargo, uno de los elementos que puede influir en el proceso es que, hasta el momento, no existe confirmación de que la madre tenga intención de regresar a Panamá para enfrentar los tribunales.

Mientras tanto, una cosa permanece clara: la custodia del padre ha sido reconocida tanto por tribunales panameños como costarricenses.

El abrazo que tardó dos años

El reencuentro llegó finalmente tras gestiones legales, mediaciones familiares y la intervención de autoridades diplomáticas.

Según Martínez, el apoyo de las embajadas de Panamá y Costa Rica fue clave para que el caso avanzara hacia una solución.

La alerta internacional que pesaba sobre la menor fue levantada recientemente y las autoridades migratorias comenzaron los trámites necesarios para permitir su retorno.

Ahora, la niña volverá a vivir con su padre en Chiriquí, donde él reside con su actual esposa, una bebé de once meses y un niño de ocho años.

Para Martínez, ese entorno familiar será fundamental para ayudar a Kai Liah a sanar.

“La familia es lo que la va a ayudar a recuperar estabilidad”, dice.

A pesar de los años de conflicto y los procesos judiciales que aún continúan, insiste en que el futuro de su hija no puede construirse desde el rencor.

“No vamos a repetir lo mismo”, asegura.

Su intención, afirma, es que la niña mantenga relación con su madre dentro de las condiciones que determinen las autoridades.

“Los niños no deben ponerse en medio de los conflictos de los adultos”, dice. “Mi hija necesita a su mamá y a su papá”.

Ahora, después de casi dos años de angustia, lo único que desea es recuperar el tiempo perdido.

Volver a acompañarla a la escuela.

Escuchar sus historias al final del día.

Caminar juntos sin miedo a otra despedida.

Porque después de todo lo vivido, hay algo que sigue siendo lo más importante.

Se fue con seis años.

Volvió con nueve.

Y la promesa de reconstruir su infancia comienza ahora.

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