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28 de May de 2020

Cultura

El vecindario de Noriega

Cuando las fuerzas militares estadounidenses invadían Panamá al amanecer del 20 de diciembre de 1989 y mientras trataba de evadir el cer...

Cuando las fuerzas militares estadounidenses invadían Panamá al amanecer del 20 de diciembre de 1989 y mientras trataba de evadir el cerco que le tendían, es poco probable que Manuel Antonio Noriega haya imaginado que su último vecindario sería una de las más tenebrosas e insalubres cárceles francesas y sus vecinos famosos convictos de carne y hueso o los fantasmas de aquellos que dejaron la vida allí.

Asesinos en serie, ladrones de ficción y hasta legendarios terroristas han permanecido por más largas o más cortas temporadas tras las rejas de la prisión más vieja de París que sigue funcionando como tal.

La Santé, cuyo nombre en español significa ‘la salud’ fue construída en 1867. Su nombre parece una ironía frente a las condiciones en que viven los detenidos: colchones infestados de piojos, enfermedades de la piel, hacinamiento, plagas de ratas, violaciones y humillaciones a los familiares de los internos son comunes. El recinto – concebido para albergar a 1,200 detenidos y que ha llegado a tener hasta 1,800, la mayoría de ellos extranjeros – fue utilizado durante la Segunda Guerra Mundial para mantener a delincuentes comunes y opositores al nazismo.

Fue a través de un libro publicado por la ex Cirujana General del centro, Veronique Vasseur en el año 2000, donde relata su experiencia en La Santé, que se conocieron públicamente las condiciones del penal.

Es esta prisión la que se ha convertido en el nuevo vecindario del ex hombre fuerte de Panamá, Manuel Antonio Noriega después de su extradición desde Miami al cumplir su condena.

Así Noriega se suma a una lista variopinta de criminales de diferentes nacionalidades que han hecho famosa a esta prisión. Uno de los más célebres es Ilich Ramírez Sánchez enemigo público número uno en los 70 y 80 que ya lleva 16 años tras las rejas y que se convirtió en Carlos porque así lo habría bautizado su mamá o porque su mentor en el Frente Popular de Liberación Palestina quiso darle un nombre hispano.

Se hizo mundialmente famoso como ’el Chacal’, un terrorista que tuvo tantas identidades como pasaportes falsos (unos 100) y que aún no se sabe si trabajó para la KGB o la CIA. En su juicio se mencionaron más de 80 muertes, él mismo aseguró que habían sido 1.500, pero fue condenado sólo por dos.

Otro reo famoso, cuyo espíritu seguramente deambula por las instalaciones del penal fue Marcel André Petiot, médico francés y asesino en serie condenado por múltiples muertes tras el descubrimiento de los restos de 26 personas enterrados en su casa en París después de la Segunda Guerra Mundial. Se sospecha que mató a más de 60 víctimas durante su vida aunque el reconoció haber asesinado solamente a 19 que según sus declaraciones eran alemanes y colaboradores, es decir enemigos de Francia. El 25 de mayo de 1946 Petiot fue decapitado bajo 135 cargos criminales, pero lo más escalofriante de su historia es que incialmente lanzaba los cuerpos al Sena y más tarde los cocinaba en cal viva.

No menos espeluznante es la historia del japonés Issei Sagawa quien en 1981 cuando estudiaba en La Sorbona asesinó a una compañera de estudios holandesa, Renee Hartevelt, para comérsela después de tener sexo con el cadáver para asimilar su salud y belleza, características que él consideraba que no poseía. Después de comer partes del cuerpo por varios días, fue descubierto por la policía al tratar de hundirlo en un lago y fue encerrado en La Santé durante dos años. Su abogado consiguió que lo internaran indefinidamente en una institución para enfermos mentales y más tarde su extradición a Japón. El escritor japonés, Inuhico Yomota, publicó la historia bajo el título de ‘En la niebla’, que convirtió a Issei en una macabra celebridad. En su país las autoridades no pudieron reneterlo en prisión por la insanía mental alegada por el abogado y es un hombre libre desde 1986.

Otro de los ocupantes de La Santé que fue condenado a muerte y ejecutado en 1957 por el asesinato de un agente de la policía francesa fue Jacques Fesh, quien después de un año en prisión, experimentó una conversión mística profunda, se hizo muy piadoso y se arrepintió de su crimen. En 1987 el arzobispado de Paris abrió una investigación diocesana sobre la vida de Fesh y la causa de su beatificación fue abierta formalmente en 1993. El hecho ha generado controversia entre quienes consideran que un criminal no puede ser beatificado y quienes resaltan la esperanza de una conversión al final de una vida.

Pero también personajes del mundo artístico han pasado a principios del siglo XX por las celdas de La Santé. Es el caso de Guillaume Apollinaire, poeta, dramaturgo y crítico de arte francés, uno de los miembros más populares de la comunidad artística de Montparnasse en París, que en 1911 fue arrestado por sospechas del robo de la Mona Lisa y puesto en libertad una semana después.

Y hasta un personaje de ficción ha formado parte del actual vecindario del Gral. Noriega. Se trata de Arsene Lupin, un caballero-ladrón creado por Maurice Leblanc, autor de una serie de novelas policíacas, que fueron llevadas al cine y la televisión y que en países de lengua francesa ha disfrutado de gran popularidad y se puede considerar la versión gala de Sherlok Holmes.

Víctor Serge, revolucionario ruso; Jacques Mesrine, criminal francés y el pintor checo Alén Diviš, figuran en esta lista demasiado larga para contar la historia de todos ellos.