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16 de Apr de 2021

Cultura

¿Abrir o cerrar la puerta?

a barrera de aislamiento que separó por mucho tiempo Kuna Yala del resto del mundo moderno está desapareciendo poco a poco. La puerta a...

a barrera de aislamiento que separó por mucho tiempo Kuna Yala del resto del mundo moderno está desapareciendo poco a poco. La puerta al mundo exterior, en principio apenas una rendija, está abriéndose cada vez más con el paso de los años. Los kunas, afectados más y más por la influencia externa que pasa a través de esa puerta, perciben la creciente apertura de manera ambigua. En efecto, tanto dejar la puerta abierta al mundo moderno como cerrarla para rechazar su acceso presenta ventajas y desventajas. Abrirla demasiado expone la cultura kuna a la influencia amenazadora del mundo externo mientras que cerrarla del todo impide a los kunas sacar provecho de los beneficios del turismo y de la modernidad. El gran reto para el pueblo kuna reside en encontrar el equilibrio entre abrir y cerrar la puerta y hasta ahora, en gran medida, han logrado hacerlo.

Los nativos de la comarca están sacando provecho del turismo, pero gracias a las distintas leyes y regulaciones que tienen por objetivo impedir que la puerta se ‘abra demasiado’, el paisaje de Kuna Yala permanece en mucho aspectos como era al principio del siglo pasado. Chozas tradicionales todavía bordean los callejones de tierra de las islas pobladas y los desarrollos turísticos como restaurantes, tiendas o discotecas siguen estando ausentes. La vida cotidiana también ha cambiado poco. En nuestros paseos por las islas, encontramos a mujeres kunas ocupadas con tareas que eran idénticas a las de sus ancestros. Una escena en particular lo demuestra: unas mujeres cocinando con leña mientras otras tejían artesanías para una fiesta tradicional. Esta escena intemporal, habría podido pertenecer a este siglo como a otro más lejano en el tiempo. Lo que vimos refleja que aunque la llegada del mundo moderno está cambiando poco a poco la comarca, las autoridades kunas han logrado limitar la occidentalización de Kuna Yala con bastante éxito. Las medidas tomadas por el Congreso Kuna para proteger su cultura, como la que prohíbe que un extranjero sea terrateniente o la que pone restricciones sobre materiales para la construcción, han impedido que la apariencia de la comarca cambie mucho a lo largo del tiempo. Pero es imposible no preguntarse hasta cuando los Kunas podrán frenar esa influencia exterior. Todos los esfuerzos de las autoridades pueden limitarla y retrasarla, pero impedirla es imposible. La puerta a la modernidad está abriéndose sola. Los cambios en la cultura, ya visibles, se están volviendo cada vez más importantes.

Esta transformación cultural no se limita a la llegada del espíritu ‘emprendedor’ entre los kunas. Los efectos de abrirse a la modernidad son más profundos y afectan al mismo entramado social de la población kuna. El turismo, fuerza que está abriendo la puerta poco a poco, está también alterando su forma tradicional de vivir. Antes de su llegada, los kunas dependían de la tierra para vivir. Debían pescar y cazar para alimentar a sus familias y recolectar materiales en tierra firme para construir sus viviendas. Ahora, hay quienes pueden mantener su familia con el dinero ganado en el turismo. De hecho, muchos kunas han abandonado su forma tradicional de sustentarse. Si pueden vivir del turismo, no necesitan pescar, cazar o cultivar la tierra. En efecto, pueden comprar lo que necesitan en vez de conseguirlo con sus propios manos. El resultado es que muchos kunas no tienen la misma relación con la tierra que sus padres o sus abuelos.

Hernán, el guía del hotel donde nos hospedamos, me explicó que en su jueventud, los jóvenes kunas tenían una vínculo más fuerte con el medio ambiente. En aquella época, los ancianos solían llevar un grupo de muchachos por un par de días a tierra firme. Durante la excursión aprendían a cortar árboles, sembrar la tierra, nombrar plantas y animales y sustentarse de la tierra en general. Según Hernán, este conocimiento de la naturaleza se está perdiendo con la muerte de los ancianos. Los jóvenes de hoy no poseen la misma relación con el medio ambiente. En la isla de Wichubwula pudimos ver un grupo de adolescentes kunas bebiendo cerveza y fumando cigarrillos frente al supermercado, reían y vociferaban mientras escuchaban un programa radial en español. Si ellos son el rostro dela nueva generación kuna, la amenaza de la pérdida de la cultura kuna es muy real. Estos jóvenes seguramente nunca aprendieron a sembrar la tierra o a cortar árboles como aprendió Hernán en su juventud. Es una muestra más de que la apertura hacia el mundo moderno está transformando las nuevas generaciones de kunas.

Sin embargo, el aumento de la influencia del mundo externo es algo inevitable. Los kunas no pueden controlar completamente que la apertura de la puerta se haga cada vez mayor. Esta seguirá abriéndose con el tiempo. El acercamiento de Kuna Yala a la modernidad forma parte de un proceso inevitable . Como dijo Audri, un anciano kuna, ‘el mundo se está volviendo más pequeño’. Mientras que la población del país crece y las nuevas tecnologías se propagan y se hacen más accesibles, la comarca cambiará. Las autoridades kunas no pueden hacer mucho para evitarlo. En efecto, los signos de la llegada de la modernidad ya son visibles. Al iniciar la visita vimos el tendido de líneas telefónicas en tierra firme. Faustino Alba, encargado del museo de Porvenir, contó que una compañía telefónica inglesa había propuesto instalar el servicio en las islas. Algunas comunidades rechazaron la oferta pero otras la aceptaron con gusto. La renovación de la carretera El Llano-Cartí, empezada bajo el gobierno pasado, también contribuirá a acercar la comarca a la modernidad. Una vez terminado ese proyecto volverá la comarca más accesible y abrirá aún más la puerta al mundo moderno.

Si Kuna Yala quiere preservar su cultura, las nuevas generaciones deberán seguir siendo los fieles defensores de su patrimonio. Sin embargo, como hemos visto, los kunas de hoy no son los de ayer, éstos están más interesados en el dinero y en el turismo y la mayoría de ellos está alejándose de las tradiciones. Y surge la interrogante sobre si esta generación y las del futuro seguirán protegiendo la cultura kuna con la misma convicción que sus antepasados. Parece que con el tiempo, a medida que los miembros de la generación tradicional desaparecen, la tentación de eliminar las barreras al desarrollo turístico para hacer dinero se volverá más grande.

Abrir la puerta será más atrayente que cerrarla. Dicen que cada generación cuestiona los principios y las valores de la generación anterior. Si éste es el caso, existe el riesgo de que los kunas del futuro, ciertamente más occidentalizados que los kunas de hoy, reevaluarán las leyes y regulaciones del Congreso general Kuna, la máxima autoridad de la comarca, que considerarían obsoletas. Para impedir esta eventualidad, los kunas de hoy deben continuar protegiendo su cultura. Deben asegurar el respeto de las leyes y regulaciones de la autoridad nativa y seguir transmitiendo el conocimiento de su cultura a las nuevas generaciones. Sólo de esta manera podrán esperar que la puerta al mundo moderno no se abra demasiado.