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18 de Apr de 2021

Cultura

Ecos de poesía

Más que un enorme bazar literario, la VI Feria Internacional del Libro de Panamá es en realidad un punto de encuentro para todos los ama...

Más que un enorme bazar literario, la VI Feria Internacional del Libro de Panamá es en realidad un punto de encuentro para todos los amantes del arte. Durante estos últimos cinco días en los pasillos del Centro de Convenciones ATLAPA no ha sido infrecuente encontrar a pequeños grupos de personas conversando acerca de aquello que más lo apasiona: la cultura en todas sus manifestaciones. En un pabellón que un pintor nacional ha podido instalar con ayuda de algunos mecenas cuelgan pinturas de corte surrealista, mientras el artista que las creó departe con un amigo roquero y un periodista empecinado en cubrir eventos culturales. En el segundo piso de ATLAPA, autores y periodistas charlan al término de una mesa redonda acerca de una destacada figura de las letras latinoamericanas, al tiempo que degustan un vaso de grapa con miel, una bebida tradicional del Uruguay.

La feria también ha sido un punto de reencuentro para escritores y artistas uruguayos, como es el caso de Daniel Viglietti, uno de los máximos exponentes de la música popular del país sureño. Observando las fotografías de un pabellón ubicado en el vestíbulo de ATLAPA y que está dedicado a la memoria de su compatriota, el poeta, ensayista y novelista Mario Benedetti, fallecido el año pasado, Viglietti rememora, en cada imagen en blanco negro, en cada verso de sencillez desgarradora, las instancias de una entrañable amistad afianzada en las tertulias y sobre los escenarios.

Con andar cansino el cantautor, cuyos temas han sido interpretados por algunos íconos de la canción latinoamericana, como es el caso de Mercedes Sosa y Chavela Vargas, recorre la exposición que incluye además un café adornado con caricaturas de Benedetti y con una pantalla en la que es posible apreciar extractos de entrevistas y testimonios del autor. En su recorrido por la memoria tropieza con una anécdota escrita en una de las paredes del pabellón: ‘Un día se encontraron en París, en un aeropuerto, y Viglietti le dijo a Benedetti: ’Estoy haciendo música para sus poemas’. Entonces el poeta se quedó pensando y añadió: ’Tenemos que hacer algo con esta coincidencia’’.

Los artistas comenzaron así una exitosa colaboración que se extendería por varios años. Bajo el nombre de ‘A dos voces’ el dúo se dio a la tarea de, como explica Viglietti, ‘mezclar poemas de Benedetti dichos por él con canciones con letra y música mía, que yo interpreto y que se han dio abrazando con su poesía en estos encuentros’.

El resultado de este trabajo conjunto fue una serie de recitales realizado durante el exilio que ambos padecieron por la represión en su tierra natal del pensamiento político izquierdista de ambos. Para el guitarrista la más memorable de estas presentaciones en vivo, que fueron recogidas en varios discos, tuvo lugar durante el el retorno de Benedetti a su tierra natal en los noventas, un proceso al que el propio vate denominó como ‘desexilio’. ‘En Uruguay ’A dos voces’ se transformó en el homenaje a Mario durante su regreso. Hasta se interrumpió el tránsito en la avenida principal de Montevideo. Allí él agregó su poema: ’Quiero creer que estoy volviendo’’.

CUANDO SE TOCA UNA CUERDA ÍNTIMA

El día de ayer, en lo que fue la penúltima jornada de la feria del libro, el músico, quien residió en París por más de una década, presentó un espectáculo literario y musical, al que califica como ‘una síntesis de recuerdos que tengo de mi trabajo con Mario en tantas ocasiones y lugares, un recorrido de nuestra relación a través de encuentros, ensayos, recitales y todas esas mezclas de su obra y la mía, como la afluencia de dos cauces en uno, con él como protagonista’.

Aunque ya ha presentado este concierto en países como México, Chile, Uruguay y España, para el compositor la experiencia de volver a compartir escenario con su amigo, aunque sea a través de una pantalla de video, despierta sentimientos y evocaciones con los que hay que lidiar. ‘Es siempre muy fuerte, muy emocionante. Para poder asumir el recital tengo que respirar hondo y afinar mucho la cuerdita del alma. Cada vez que termino, enseguida empiezo a sentir nostalgia de ese encuentro, por más virtual que sea’, expresa, vestido con su tradicional boina y su chamarra de cuero negra.

CANCIÓN QUE PERDURA

Además de Bendetti, al que describe como el tipo de ‘amigo con el que uno podía compartir confidencias de esas que se quedan en el fondo delpocillo, en la borra del café’, Viglietti ha colaborado con los escritores Juan Capagorry, Eduardo Galeano y Circe Maia, todos compatriotas suyos. Asimismo, ha trabajado con el poeta argentino Juan Gelmán.

Junto a Galeano, Viglietti es uno de los creadores de la Fundación Mario Benedetti, establecida siguiendo instrucciones del desaparecido autor, quien anhelaba que su ‘nombre siguiera al servicio de las causas culturales, de los derechos humanos y de abrir puertas a nuevas generaciones’. La presidenta del consejo de la fundación es la profesora Silvia Lago, el ex diputado Guillermo Chifflet realiza las labores de secretario, el profesor Ricardo Elena, de tesorero, y Ariel Silva, al que Viglietti define como ‘fiel escudero de Mario durante sus últimos años’, ocupa la gerencia. Dado sus ‘vidas viajeras’, Galeano y Viglietti se desempeñan como vocales de la institución.

Precisamente, fue Ariel Silva quien telefoneó a Viglietti para comunicarle la noticia de que Benedetti había fallecido. De su funeral recuerda ‘la tristeza masiva de la gente, una profunda tristeza llena de amor y de memoria’. Del compañero con el que no sólo compartió afinidades artísticas sino también políticas, además de momentos inolvidables sobre el proscenio, evoca su ‘entrañable sencillez, su personalidad cálida y generosa, nunca modificada por la dimensión del personaje literario’.