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04 de Mar de 2021

Cultura

Derechos y deberes

Hoy en esta columna voy a dar un servicio a la ciudadanía y voy a explicar en el breve espacio con el que cuento algo que considero muy ...

Hoy en esta columna voy a dar un servicio a la ciudadanía y voy a explicar en el breve espacio con el que cuento algo que considero muy importante y que creo que se ha perdido de vista, tanto por los agraciados con un puesto público como por el resto de los simples mortales. En este país tener un puesto público de cierto nivel es un regalo divino por cinco años: coches de lujo, poco trabajo, viajecitos pagados... Vamos, que yo entiendo perfectamente que todos quieran serlo. No me salgan ahora gritando con que hay funcionarios públicos que sí trabajan o que los hay que están muy mal pagados, eso lo sé y lo acepto, pero si siguen leyendo se darán cuenta de que no estoy hablando precisamente de estos dos últimos grupos.

Me hace mucha gracia escuchar acerca del derecho a la privacidad, un derecho fundamental de todo ser humano que significa que nadie puede estar husmeando en tu vida privada si tú no le das permiso. Este dichoso derecho que es cierto y válido para todos los ciudadanos se diluye en algunos casos, como por ejemplo, en el caso de los funcionarios.

El tener un cargo público significa que tu jefe no es el que está por encima de ti en jerarquía, ni siquiera tu jefe es el presidente de la República, tus verdaderos jefes, los tuyos y los de tu superior y los del presidente de la República somos todos los demás, los que votamos y los que pagamos vuestro sueldo, sueldito o sueldazo con nuestros impuestos. Votamos por ustedes y los colocamos donde se encuentran actualmente porque aplicaron para trabajar para nosotros, no es un premio por ser guapos o carismáticos, sino una orden de trabajo duro por cinco años. Y como sus jefes tenemos derecho a saber determinadas cosas de vuestras vidas privadas, no me interesa saber lo que haces en tu cama pero sí quiero saber, por ejemplo, si entras a trabajar a tu hora y sales cuando debes, si no haces mal uso de los recursos de la empresa y si hay un faltante de dinero, quiero saber cómo van las investigaciones acerca del caso, ¿será que fuiste tú? Los periodistas en muchos casos son el último reducto de control que tenemos vuestros jefes, o sea, nosotros, para saber en qué están metidos. Si no la debes no la temes…

Hay una frase que uso siempre con mis alumnos: ‘en un dilema ético piensa antes si estarías conforme con que tu decisión saliera al día siguiente en primera plana de todos los periódicos; si no te sientes cómodo con eso, quizás no sea la mejor decisión’. Pero al parecer algunos funcionarios de este país piensan que tener un cargo público es una carta blanca para hacer lo que quieran sin que nadie los fiscalice y cuando ven su nombre en los medios ¡ah!, entonces es que se les sensibiliza la piel.

Se ha puesto muy de moda en esta nación lo de matar al mensajero, señores, la culpa de lo que pasa no la tienen los medios, sino los que no hacen nada para solucionar los problemas. Ser funcionario es asumir la mofa, befa y escarnio público si no son capaces de hacer su trabajo, es aceptar las críticas y las opiniones de sus jefes, el resto de sus conciudadanos, porque nos deben a nosotros su rendición de cuentas. ¡Ah!, y asuman también que si son honrados y hacen las cosas bien, tampoco merecen ni aplausos, ni palmaditas en la espalda, por que ¿saben qué? Ése es su deber.