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27 de Feb de 2021

Cultura

Música clásica: una oportunidad para escapar a la pobreza en las favelas

Cientos de niños y jóvenes se vuelcan a los violines y violonchelos, conquistados por la música clásica, en la que encuentran una forma ...

Cientos de niños y jóvenes se vuelcan a los violines y violonchelos, conquistados por la música clásica, en la que encuentran una forma de escapar a la pobreza de la mayor favela de Sao Paulo, Heliópolis.

El violonchelista Emerson Nazario Silva Oliveira, de 23 años y quien estudia en la Universidad de Tel Aviv, sólo conocía la música clásica a través de las populares telenovelas brasileñas, donde "ni siquiera colocan el nombre del compositor, lamentablemente", señaló.

Proveniente de una familia humilde de la favela de Heliópolis, que alberga a unas 125.000 personas en el sur de Sao Paulo, Emerson ingresó a los 12 años el programa del Instituto Baccarelli y desde entonces sólo piensa en notas musicales.

El instituto fundado por el maestro Silvio Baccarelli ofrece clases de coro e instrumentos de orquesta para niños del barrio, que a medida que van progresando pueden llegar a ingresar a la ya reconocida Sinfónica de Heliópolis.

En el ensayo del coro, pequeños de entre nueve y 14 años intentan enlazar las notas, la respiración y los pasos de baile para su primera presentación del año ante autoridades del Ministerio de Cultura.

Bajo el rígido comando de la profesora Silmara Drezza, acompañada por un coreógrafo, una preparadora vocal y un pianista, sandalias de colores brillantes y zapatos de fútbol recorren una y otra vez los pasos durante el estribillo, vocalizando: "No ceu, no mar, na terra, canta Brasil" (en el cielo, en el mar, en la tierra, canta Brasil).

"Ustedes están jugando entonces no sale", regaña la profesora al ver que ni bien termina la canción sus alumnos se dan vuelta para conversar o jugar con el compañero de al lado."Es muy placentero, porque los niños tienen una gran capacidad de asimilación.

Todos dicen que el brasileño es musical. Pero lo importante es cómo esa música llega", afirmó Baccarelli a la AFP.

El programa se inició en 1996, luego de que un enorme incendio arrasara con la favela. "Los niños estaban perdidos", recuerda Baccarrelli, a punto de cumplir 80 años.

"Entonces pregunté a la directora de una escuela para enseñarles a tocar instrumentos de orquesta. La profesora me dijo 'usted está loca, estos niños no entienden nada'", agregó con una sonrisa sobre los inicios de un proyecto que actualmente cuenta con más de 1.100 alumnos y una infraestructura de alto nivel.

"Podemos tener confianza de que será un centro musical único", afirmó orgulloso sobre el progreso de los chicos y la ampliación del edificio sede en el que se montará una sala de conciertos.

A medida que los pequeños van incorporando conocimientos musicales, pasan a recibir clases del instrumento que más les guste, como es el caso de Eduardo que, con 12 años, ya carga su primer violín con una gran ansiedad por comenzar los ensayos.Tanto jóvenes del instituto como de fuera pueden someterse a las rígidas pruebas para integrar la Sinfónica de Heliópolis, una de las orquestas juveniles mejor conceptuadas de Sao Paulo.

Emerson ingresó a la sinfónica desde la creación del grupo, cuando tenía 14 años. A partir de entonces "me fue gustando cada vez más y más, fui participando en festivales, conociendo gente nueva. Fui viendo que no sabía hacer otra cosa que no sea música", contó a la AFP desde Tel Aviv, por correo electrónico.Los violines suenan y el maestro dirige. Para la música, ajusta tiempos y sonidos y corrige a algunos.

"Eso es abrupto, retoma en el 32", ordena el maestro Isaac Karabtchevsky.El grupo se encuentra ensayando la complicada segunda sinfonía de Mahler, para presentarse el 10 de abril en Sao Paulo.

"No estoy entendiendo esas notas (...) hay gente que no está tocando junta", destaca el maestro al corregir a un grupo de violinistas."Para mí es el nivel más alto de orquesta joven" que hay en la ciudad, afirmó el violinista Jefferson Oliveira, de 25 años, tras el ensayo.

Tras pertenecer a la sinfónica, Emerson consiguió una beca para asistir a aulas de violonchelo en la escuela de música Buchmann-Mehta de la Universidad de Tel Aviv, asociada a la Filarmónica de Israel."Hablé con mis padres, con mi familia, con mi novia, hice las maletas y aquí estoy, cursando un bachillerato en violonchelo", resumió este joven, que gracias a la música dejó atrás la pobreza.