22 de Feb de 2020

Cultura

Cómo nos gusta sufrir

Debe ser cosa de algún gen pendejo del ser humano que encontrarán dentro de un tiempo y todos diremos aliviados a la vez ‘¡Eureka!’. El ...

Debe ser cosa de algún gen pendejo del ser humano que encontrarán dentro de un tiempo y todos diremos aliviados a la vez ‘¡Eureka!’. El ser humano debe ser masoquista por naturaleza en menor o mayor grado, ¿nunca se han sentado con un buen picante de ají chombo llorando y moqueando mientras insisten en decir ‘¡qué bueno está!’? Que levanten las manos los que disfrutan pasar dos horas pasando un terrible canguelo en una sala de cine por el gusto. Que digan yo los que aman los dramones que los mantienen pegados a la butaca mientras tratan de contener los sollozos. Lo dicho, que somos masocas, si no, no me explico lo que pasa con todo esto del tsunami. Esperen, esperen, antes de empezar la lapidación por inclemente sigan leyendo, debo explicar que estoy alucinando con los japoneses, no hay pánico, no hay gritos, cada uno sabía lo que había que hacer y lo hacía sin aspavientos, sin alharacas, sin exigencias de que el presidente vaya a hablar con ellos. Las autoridades hacen lo suyo y los ciudadanos cumplen con su parte. Vale, es parte de la cultura, lo sé y lo acepto, ¡pero es que ni siquiera se les ha ido la luz aunque el gobierno ha avisado de que hay que tomar medidas!

Pero no es de la serenidad japonesa de lo que quiero hablar sino de la reacción panameña. El otro día me desperté con una llamada de teléfono de una amiga, lloraba aterrorizada, y yo entre las brumas del sueño no entendía muy bien qué era lo que pasaba. Cuando encendí la televisión entendí la razón. Irresponsables en los canales televisivos. Con cara de palo, con voz quebrada, con manos temblorosas. Irresponsables repitiendo las imágenes terribles una y otra vez, irresponsables alarmando a la población, explicando cuales serían los terribles daños que una ola de ese tamaño tendría en Panamá, hablando babosadas acerca de qué tan alta iba a ser la ola, que lo sabían ellos que son expertos en el tema (‘expertodólogo’ se llama el título que ellos tienen). Un alcalde irresponsable, unas directivas escolares irresponsables que mandan a los niños a casa sin avisar a los padres, por lo que se dieron muchos casos en los que los niños llegaban a casa y se encontraron en la calle, porque los padres no trabajaban en una empresa que les dejó irse para su casa por una alerta y no tienen empleadas que pudieran recogerlos, así que hubo varios que se quedaron durante horas en la calle. En fin, lo que al inicio del día fue un tsunami de rumores, status de terror en las redes sociales y recomendaciones pendejas de varios y varias, se convirtió al final del día, como en el cuento del parto de los montes, en un simple ratoncillo que se escabulló corriendo y sin dar las disculpas pertinentes al caso.

No me sirve que me digan que es necesario dar la alarma para que la población esté preparada. No señores, no me sirve, Panamá sencillamente no está preparada en el caso de que algo ocurra. Falta mucha educación y mucha divulgación. Ojalá el destino no nos tenga nada como lo de Japón reservado, porque sencillamente el colapso va a ser total, la mayor parte de la gente no sabe qué hacer, cómo tiene que hacerlo o cuándo tiene que hacerlo. Cuando hay un simulacro de evacuación los encargados se quejan de que la gente se retrasa al salir porque están colocando en sus status lo que ocurre. Además, estas alarmas que al final quedan en nada, van a lograr exactamente lo contrario, es decir, cuando venga el lobo de verdad, nadie va a hacer ni caso. O sea, moriremos todos, pero eso si, quedara constancia de ello en nuestro perfil y en nuestro gorjeo de ciento cuarenta caracteres.