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28 de Oct de 2020

Cultura

El brazo sexy de la ley

A pesar del peso combinado del casco, chaleco antibalas, el equipo de radio incorporado, una pistola 9 mm., rodilleras y botas, la agent...

A pesar del peso combinado del casco, chaleco antibalas, el equipo de radio incorporado, una pistola 9 mm., rodilleras y botas, la agente Esmirna Elizabeth Hernández, una de las 15 mujeres que actualmente forman parte de los conocidos ‘Linces’ de la Policía Nacional, se muestra bastante ágil cuando desenfunda una Mini Uzi y realiza un giro de 180 grados sobre la parrilla de la motocicleta, hasta quedar espalda con espalda con el subteniente Aristides Ortega, quien conduce la Susuki 650.

Esmirna se apea de la moto con una destreza que ha adquirido en el año y cinco meses que lleva en el grupo de los ‘Linces’, y se alza la visera del casco. Sus ojos almendrados y color café nos desarman de manera más efectiva de lo que lo haría la subametralladora que sostiene en una de sus manos. ‘Cuando nos tiramos de la motocicleta, la persona queda en ’shock’, por el uniforme, las armas... Es algo intimidante’, precisa la parrillera motorizada.

Aunque la atractiva joven ingresó a la policía con la aspiración de convertirse en una agente más de la fuerza regular, fue seleccionada para tomar un curso de casi tres meses para convertirse en ‘Lince’. Explica que desde su niñez se sintió fascinada por el trabajo policíaco, ‘con la acción, el movimiento, por el hecho de que las personas te miren como un apoyo, como alguien que les puede brindar una solución’.

Hasta ahora, su momento más difícil en su breve carrera como ‘Lince’ tuvo lugar cuando se fracturó dos dedos de una de sus extremidades durante un accidente en motocicleta. Le tomó cuatro meses para recuperarse, durante los cuales tuvo que usar muletas. A pesar de esta experiencia, asegura que ‘cuando va a velocidad no es miedo lo que siente sino adrenalina’. ‘Para ser ‘Lince’ tienes que llevarlo adentro’, puntualiza la agente de terso rostro y movimientos felinos sobre la moto.

EL ‘LIPSTICK’ Y EL ORDEN

Mediodía. Cada segundo que pasa, el embotellamiento vehicular se hace más palpable en las calles adyacentes a la Vía Simón Bolívar (Transístmica). Un poco más lejos, desde la Avenida Nacional, se escuchan las sirenas de tres ‘Tritones’ de la Unidad de Control de Multitudes (UCM) que se aproximan lentamente entre el creciente tranque. Sentada en el asiento al lado del conductor, la subteniente Ismenia Herrera se ajusta una pañoleta negra en la cabeza. No se trata de un acto de vanidad. Simplemente se siente más cómoda con algo que evite el contacto directo entre su cabello negro y el pesado casco que está supuesto a protegerla de piedras, botellas o cualquier otro objeto que le puedan lanzar.

Segundos después, la oficial abandonará la seguridad del voluminoso vehículo -cuyas ventanas se encuentran protegidas por rejas de metal- para enfrentar a un grupo de estudiantes universitarios que se encuentran protestando en la calle. En medio del abrasador calor que se levanta del asfalto, Ismenia carga su escopeta calibre 12. La munición que ella y los otros siete miembros de su escuadra emplearán para forzar a los manifestantes a despejar el área dependerá de la agresividad de los mismos. Si no se muestran muy belicosos, pueden optar por municiones pirotécnicas (las cuales explotan en el aire, sin llegar a impactar al sujeto). Los proyectiles de goma son una alternativa en caso de que la protesta adquiere un cariz más violento. Como último recurso, los integrantes del UCM pueden recurrir al gas lacrimógeno, aunque Ismenia comenta que como tan sólo lleva un mes y medio en la unidad todavía no le han asignado la escopeta 12 adaptada, empleada para estos menesteres.

Con cuatro meses como oficial en la Policía Nacional, Ismenia tuvo su bautizo de fuego en el UCM hace un par de semanas atrás, en Cabo Verde. Cuando la subteniente y sus compañeros arribaron al lugar fueron recibidos por algunos de los residentes de los multifamiliares que se encuentran en el sector con una lluvia de piedras y botellas, algunas de las cuales impactaron en su casco. ‘Al principio sentí miedo, pero cuando estaba en medio del combate el mismo se fue’, recuerda quien alcanzó el rango de subteniente en febrero pasado.

Además de haber tenido que cortarse el cabello por cuestiones de higiene -el entrenamiento físico es constante y exigente-, señala que la ‘parte más difícil de su trabajo es tener que convivir con puros hombres’, ya que de las 254 unidades que conforman el UCM tan sólo dos son mujeres. A pesar de las diferencias entre los sexos, considera que su feminidad no la hace reaccionar de forma distinta a cómo lo hacen sus compañeros masculinos durante una manifestación callejera.

REPRESIÓN DE GUANTE BLANCO

‘Es muy importante la presencia femenina en la fuerza policíaca, sobre todo actualmente, por el tema de los derechos humanos’, enfatiza Tirsa Lezcano C., quien desde hace dos meses es Agente en Prueba del Grupo de Apoyo y Servicio (GAS) de la Policía Nacional. Al igual que el UCM, los miembros del GAS -creado en el 2000 con el objetivo de brindar apoyo rápido y eficaz a las diferentes departamentos de la Policía Nacional- también participan en acciones represivas, sólo que como explica Tirsa, sus armas son la persuasión y el diálogo y no el gas lacrimógeno y las varas policiales.

Un buen ejemplo de esto fue una protesta organizada hace unas semanas atrás por un grupo de víctimas del envenenamiento masivo con dietilenglicol y que tuvo como escenario la Transístmica. ‘Ese día realizamos un acordonamiento femenino. Nos agarramos de las manos y avanzamos hacia ellos, sin ningún tipo de violencia, utilizando siempre buenas maneras’, manifestó la agente, cuya gorra policial enmarca sus pómulos salientes y párpados pesados.

La integrante del GAS subraya que aquel día no sólo cumplieron sus órdenes de no agredir a ninguno de los manifestantes, sino que incluso estuvieron repartiendo agua y ayudando a quienes padecieron de desvanecimientos. ‘En este tipo de manifestaciones la presencia femenina puede ser más efectiva que la de las unidades del UCM, cuyas armas y equipo intimidan a las personas’, asevera Tirsa, quien asegura que los miembros del GAS reciben entrenamiento constante para lidiar con manifestantes enfermos o mayores de edad, especialmente en aquellos días en los que se esperan protestas públicas. Con ellos se emplea el diálogo como herramienta psicológica y persuasiva. ‘Si un señor se pone agresivo lo que hacemos es agarrarlo y tratar de convencerlo de que no se tire a la calle. Tenemos órdenes de no ser agresivos con las personas mayores, enfermas o que presenten condiciones de vulnerabilidad’, apunta. La sombra azul de sus párpados combina con su pulcro uniforme azulado.

De acuerdo con Jairo Polo, director de relaciones públicas de la Policía Nacional, aproximadamente unas mil 600 mujeres llevan el uniforme de la Policía Nacional en la actualidad, y cerca de 494 integran el componente civil de estas institución. Esmirna, Ismenia, Tirsa forman parte del rostro más atractivo y benevolente de un cuerpo policial que ha sido criticado en el pasado por sus exabruptos. Al igual que sus compañeros masculinos, diariamente confrontan los peligros de aquellos que intentan llevar el orden a una sociedad marcada por la violencia.