13 de Ago de 2022

Cultura

Por una universidad del jazz

A pesar de que dos gruesas puertas de madera mantienen cerrado el ventanal izquierdo de la fachada del antiguo edificio que alberga la F...

A pesar de que dos gruesas puertas de madera mantienen cerrado el ventanal izquierdo de la fachada del antiguo edificio que alberga la Fundación Danilo Pérez, las notas de un piano se escapan hasta las inmediaciones de la Plaza Herrera. Adentro, uno de los músicos que gracias a los esfuerzos del pianista Danilo Pérez y su equipo de trabajo ha podido ganar una beca para estudiar en el extranjero coloca un par de notas musicales en un pentagrama improvisado sobre un tablero. Alrededor de siete alumnos siguen atentamente la lección, la primera que reciben como parte de los talleres musicales que la entidad ofrece a jóvenes de San Felipe y otras comunidades de la provincia de Panamá, y que arrancaron el lunes pasado.

‘Hay quienes dicen que la música no da para vivir. Que te mueres de hambre. Otros piensan que si puede ser un futuro, pero no en Panamá sino en el exterior’, comenta Noeineth Branch, una joven de 18 años que está participando de las clases que los becarios de la Fundación Danilo Pérez dictan de lunes a viernes en el inmueble que anteriormente albergara el Conservatorio Nacional de Música.

Noeineth, oriunda de la comunidad de Samaria, sueña con ‘abrirse paso’ en el mundo de la música. Para ella lo ideal sería tener la oportunidad de estudiar en el extranjero -como la han tenido sus actuales profesores- y retornar a Panamá para compartir sus conocimientos.

Al igual que Noeineth, Gabriel Morán, quien toca el piano, se ilusiona con la posibilidad de viajar al exterior y regresar a su tierra natal convertida en músico profesional. No obstante, reconoce que no se trata de una meta que sea fácil de alcanzar. Diariamente, asiste a la escuela Panama Heights International Academy, en Arraiján. Después de las 2:00 p.m., el intérprete de 15 años se traslada a la ciudad de Panamá, para participar de las clases musicales que se dictan en la Fundación Danilo Pérez, que finalizan a eso de las 6:00 p.m. Cuando retorna a su hogar a las 9:00 p.m., no se acuesta a descansar sino que se dedica a sus deberes escolares. Esta total entrega a sus estudios -tanto musicales como escolares- le ha valido las bromas de sus compañeros de barrio, que no entienden cómo una persona tan joven puede poseer tal nivel de dedicación. ‘Es un sacrificio, pero me gusta’, afirma.

CON CABEZA SÓLO PARA LA MÚSICA

‘Cuando salen de aquí no tienen mente para otra cosa. Van con la cabeza llena’, asegura el también pianista Carlos Campos, becario de la Fundación Danilo Pérez, que actualmente estudia, junto su esposa, la cantante Luz Acosta, en el Conservatorio de Música de Puerto Rico. Tanto él como su cónyuge consideran que la música tiene la capacidad de alejar a los jóvenes de ‘los malos pasos y malas compañías’. ‘Eso sí, hay que poner empeño para venir acá. Todo es cuestión de voluntad’, advierte, por su parte, Noeineth. Carlos explica que uno de los objetivos de esta iniciativa es que los becarios que se eduquen en el exterior retornen al Istmo para compartir sus conocimientos con los panameños que se inician en la música. ‘La idea es hacer una universidad del jazz en Panamá’, indica.

Las becas que les fueron otorgadas a él y a su esposa para pulir sus talentos en la isla caribeña no cubren todos los gastos de su estadía allá, por lo que se han visto forzados a cantar y tocar en hoteles de la localidad. ‘Vendí un poco de cosas para poder costear la comida y el hospedaje. Ha sido difícil porque también he tenido que pagar la escuela de mi hija’, señala.

SANA COMPETENCIA

Durante las próximas cinco semanas, Noeineth, Gabriel y el resto de sus compañeros participarán de las clases de teoría musical, entrenamiento del oído, ensamble musical, entre otras, que se dictarán de lunes a viernes. Asimismo, se impartirán lecciones relacionadas con la interpretación de instrumentos como el saxofón, trompeta, violín, piano, guitarra, etc.

De acuerdo con Luis Carlos Pérez, otro becario de la fundación que imparte clases de composición, a lo largo del curso se estarán seleccionando a un grupo de estudiantes quienes serán los encargados de ofrecer un recital de clausura el 22 de julio en la Fundación Danilo Pérez. ‘Tienen que destacarse para ser elegidos para el concierto...’, les recuerda Carlos a Noeineth, Gabriel y al resto de sus compañeros. Ellos, sonriendo desde una de las escaleras del vetusto caserón, aceptan el reto que les lanzan los mayores.