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30 de Oct de 2020

Cultura

¿ Se compran sentimientos?

PSICÓLOGA EN LÍNEA. El amor no se vende, es un sentimiento, no tiene precio. Pero el amor a veces queda confinado a un rincón del coraz...

PSICÓLOGA EN LÍNEA

El amor no se vende, es un sentimiento, no tiene precio. Pero el amor a veces queda confinado a un rincón del corazón a favor de un poco de comodidad y seguridad. Se suele decir que en el amor no existen obstáculos que puedan vencerse, que no existe condición social, religión, raza ni credo para el amor, que el amor es una necesidad que no está reservado para ricos o pobres, que no podemos vivir sin amor, que es algo que debe estar presente en todo lo que vemos y tocamos. Puede que inicialmente una relación no comience condicionada por el dinero, y que en un principio realmente hubiese amor. Pero, lo que bien comienza, bien acaba.

¿Qué pasa cuando un hombre adinerado, cree tener lo que quiere y cuando lo quiere, porque cree poder ‘comprarlo todo’? Incluyendo el amor de una mujer, la madre de sus hijos, con la que de acuerdo a su dinero se asegura que ha de compartir el resto de su vida, sin importarle si hay amor o no, piensa que dándolo todo tiene asegurado el amor, la felicidad y hasta la infidelidad, y así se siente dueño de la mujer. La mujer, que inicialmente puede sentirse enamorada, rápidamente aprende que el amor puro es desplazado a un segundo plano.

Pero, ¿puede la parte económica sustituir el amor? Estas mujeres hacen alarde de sus valores materiales hasta se dejan humillar y abusar psicológicamente, en ocasiones incluso físicamente. Después de todo, los golpes morales y físicos se tapan con los lujos y las comodidades. La mujer perdona, no precisamente porque ama, sino por conveniencia, por miedo a perder lo que tiene, ¿lo que tiene? Si lo que tiene es la costumbre a esa clase de vida, a comprarse las sedas que cubren ilusamente las heridas del corazón, prefieren quedarse en una unión que se ha convertido en una jaula de oro, porque no se sienten capaces de enfrentar la vida por si solas, con su propio esfuerzo. Las amantes también venden su dignidad y amor propio, metidas en una relación paralela, se someten a los caprichos de un hombre casado y aunque sabe y siente que su dignidad está atropellada, no deja esa relación, prefiere engañarse a si misma, pensando que él la ama porque le cumple sus gustos y mide ‘el amor’ con el color del billete. Vale la pena preguntarnos, ¿quién hace peor, el que compra sentimientos o quien los vende?