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28 de May de 2022

Cultura

¿Quién dijo miedo?

Un joven solo, sentado en el borde de la cama de su cuarto con la cabeza agachada y la preocupación estampada en la cara. Entre muecas, ...

Un joven solo, sentado en el borde de la cama de su cuarto con la cabeza agachada y la preocupación estampada en la cara. Entre muecas, rascadas de cabeza y mordidas de uñas, el adolescente transita los laberintos de las mil dudas que lo atormentan, justo ahora, en este instante de inseguridad. A los jóvenes se los señala como un grupo que va contra la corriente, que son descomprometidos y que creen que se las saben todas. Sin embargo, tienen miedos que siempre están presentes y se convierten tanto en un desafío como en una barrera, según la situación que les toca vivir.

Víctor Correa, de 18 años, está apunto de graduarse y no sabe lo que quiere para su vida. ‘A mí me desconcierta ponerme a pensar qué será de mí’, confiesa.

Lo que le pasa a Víctor no le pasa solo a él. No será ningún consuelo, pero son muchos los que temen por su futuro y suman ansiedad por no tener en claro cuál camino será el más conveniente, el que garantice la realización y la felicidad.

‘Yo creo que tememos más miedo de no saber qué va a pasar, que del mismo futuro’, agrega Victor.

¿AHORA QUÉ? ¿ME QUIERES?

‘Los jóvenes pueden pasar del miedo a la violencia, y de ahí a tener temor de ser autosuficiente’, dice Damaris Valle, psicóloga especialista en adolescentes que trabaja en distintas escuelas secundarias. Los temores de los adolescentes se incrementan cuando aumentan las incertidumbres. Según la psicóloga, el miedo es una experiencia de desazón que resulta inevitable y es una característica intrínseca del ser humano. Es normal si se constituye como un alerta para tomar decisiones y accionar ante aquello que se presenta como una amenaza. El problema aparece cuando invalida, cuando se conforma como un obstáculo o barrera para conseguir aquello que se busca. Muchos jóvenes sobreviven a esas condiciones recurriendo a la omnipotencia, creyéndose a salvo de todo, convirtiéndose en padres de sí mismos. Y se apoyan, para darse fuerzas, en recursos que en realidad los acercan más a lo que en verdad deberían temerle.

‘Yo trato de afrontar mis miedos pero a veces se hace muy complicado’, dice Julia Guerrero, que con 16 años tiene como miedo mayor la soledad. Su familia, agrega, es muy protectora con ella y siempre están a su lado, por eso ese miedo tan fuerte a quedarse sola.

Y aquí también nos encontramos con un caso que refleja lo general: el terror al rechazo y a quedarse solo.

‘Después de ser un miedo, si se concreta pasa a ser uno de los dolores más fuertes para un adolescente’, comenta la psicologa Damaris. Siempre al ser rechazado se compara con el rompimiento del corazón, por que es en la situación donde es más frecuente: ‘Yo muchas veces no le hablo a algunas chicas por miedo a que me rechacen’, comenta Víctor. Y después de ser pisoteado, el joven busca apoyo y consejo en sus pares, pero igual el miedo sigue ahí porque tienen que tratar de no ser rechazado por su círculo de amistades. Por eso algunos imitan conducta y vestimenta de otros. Encima, ‘el sostén de los pares es frágil e inestable, porque también son adolescentes con un yo inmaduro y una identidad aún en proceso’, aporta Valle. Es en ese momento que otro miedo se apodera de los jóvenes: la soledad, y temerle te lleva a estarlo.

Muchas veces estos fantasmas que alborotan la mente y sentimientos del adolescente, llegan hasta molestar la autoestima, cosa que muchas veces es muy difícil de reparar, más cuando eres solo alguien de 17 años que se está encontrando así mismo. Por eso, controlar los miedos es muy importante en esta etapa de la vida, porque si no te perseguirán. Vivir la vida con apertura es mejor.