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03 de Jun de 2020

Cultura

Las huellas de Faulkner

PALABRA. C uando Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, dos monstruos de la literatura latinoamericana, admitieron la influencia n...

PALABRA. C uando Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, dos monstruos de la literatura latinoamericana, admitieron la influencia narrativo que el autor estadounidense William Faulkner tuvo en su obras, seguramente esta confesión, plasmada en los libros Vivir para contarla y El pez en el agua, hirió el orgullo de los regionalistas más recalcitrantes. No obstante, al leer la obra de Faulkner saltan a la vista elementos que más tarde serían empleados magistralmente por los escritores del ‘boom’, como por ejemplo, las perspectivas múltiples, el manejo no cronológico del tiempo, la creación un territorio de ficción propio en el que radicar un ciclo de relatos, la combinación de localismo e universalidad, etc. ‘Es muy conocido el hecho de que el Premio Nobel derramó su influencia en la literatura latinoamericana; en Onetti, Llosa, Fuentes, García Márquez. Una positiva influencia de un escritor avasallador como pocos’, destaca el veterano poeta panameño Manuel Orestes Nieto.

Este mes el mundo literario conmemora los 50 años de la muerte de este genial escritor que en sus obras reveló, según Orestes Nieto, ‘la doble dimensión de la gran literatura: las historias que narran empacadas en una subyugante imantación y la escritura misma, desbordada de recursos sorprendentes’.

¿EL PADRE DEL ‘BOOM’?

El legado de Faulkner fue tan vital para la literatura latinoamericana que el Nobel peruano Mario Vargas Llosa llegó a proclamar que sin su influencia ‘no hubiera habido novela moderna en América Latina’. ‘Los mejores escritores lo leyeron y, como Carlos Fuentes y Juan Rulfo, Cortázar y Carpentier, Sabato y Roa Bastos, García Márquez y Onetti supieron sacar partido de sus enseñanzas’, subrayó el autor de La ciudad y los perros y La Fiesta del Chivo.

Para Orestes Nieto la mayor contribución de Faulkner, que falleció en 1962, a los narradores latinoamericanos fue el de proveerlos de ‘herramientas técnicas tan eficaces’ que les permitieron, a su vez, transformar ‘para siempre nuestra novela y sublimaron el cuento, con ingredientes ya propios’.

Agrega que el autor de novelas como El ruido y la furia y ¡Absalom, Absalom! ‘dejó en la literatura universal la impronta de un escritor que tomó riesgos experimentales narrativos inusuales, donde los tiempos se fracturaban y las voces múltiples ocuparon el lugar del narrador’. ‘No fue fácil instalar su propuesta novedosa pero es la cabeza visible de la irrupción moderna del siglo XX literario de su país; uno de los más trascendentes escritores de la literatura norteamericana de todos los tiempos’, subrayó el vate.

Algunos literatos, como el desaparecido periodista italiano Alberto Moravia, fueron más allá del ámbito americano y le confieren a Faulkner una influencia universal. ‘Cuando se examina la ficción moderna que se ha escrito en Europa en el último medio siglo, se encuentra la huella de Faulkner por todas partes’, sostuvo en vida.

El reconocido traductor español Miguel Martínez-Lage, que falleció el año pasado y que tradujo algunas de las novelas de Faulkner, plantea que el estadounidense continuará ‘siendo uno de los Maestros de la Literatura Universal, modelo de generaciones de escritores y lectores en todo el mundo’.

ESCENARIOS DEL SUR

El que fuera considerado el rival estilístico de Hemingway (sus largas frases contrastaban con las cortas del autor de ‘El viejo y el mar’) nació en New Albany, un pueblo del estado de Misisipi, en el sur de Estados Unidos, en 1897. Era el mayor de cuatro hermanos de una familia tradicional sureña, conformada por Murry Cuthbert Falkner (por razones de mercadeo el novelista se cambiaría el nombre a Faulkner) y Maud Butler.

En 1902 la familia Falkner se trasladó a las afueras de Oxford, Misisipi. El influjo del Sur lo envolvió de tal manera que marcó su sentido del humor y, más adelante, su quehacer literario. El mismo mantuvo una fuerte presencia a lo largo de toda su obra, en la que el carácter típico sureño fue una constante. ‘Este hombre del sur de los Estados Unidos fue capaz de crear grandes escenarios de ficción, mundos propios de su fértil imaginación y, al mismo tiempo, aludir a la historia como argamasa literaria’, destacó el escritor panameño.

Algunos estudiosos de la literatura norteamericana sitúan a Faulkner como parte de lo que se conoce como el ‘Renacimiento literario del sur de los Estados Unidos’, dado que sus obras más importantes aparecieron dentro de este período, que abarca los años entre 1930 y 1955. En 1949 el novelista alcanzó la cumbre de la literatura universal, cuando recibió el Premio Nobel.

Tal vez sea la mística sureña, esta idiosincracia tan peculiar lo que diferenció su mirada a la ‘del común de los hombres, a la del común de los escritores’, tal como indicó en una oportunidad el cuentista uruguayo Juan Carlos Onetti. ‘(Su mirada) Detenida sobre paisajes, personas, circunstancias, veía algo más que lo percibido por nosotros. Es literalmente, uno de los más grandes artistas del siglo’, señaló el autor de El pozo.

Los estados del sur son el escenario de novelas como La mansión, El ruido y la furia, y otras obras que llevaron al Nobel africano J.M. Coetzee a catalogarlo como ‘el más radical innovador de los anales de la ficción norteamericana, un escritor a cuyas clases deberían acudir la Vanguardia europea e hispanoamericana’.

Según Orestes Nieto, El ruido y la furia, Luz de agosto y ¡Absalón, Absalón! conforman ‘el gran engranaje’ de su obra literaria, donde ‘la imaginación y la textura contienen, como en un envase perfecto, la atemporalidad’. Son novelas en las que al lector se le presenta la oportunidad de realizar ‘un viaje literario, a veces denso y complejo, pero siempre alucinante’.

La fascinación que se desprende de las novelas de Faulkner va más allá del ámbito literario, alcanzando a artistas de diferentes géneros, como es el caso del cineasta mexicano Guillermo Arriaga. ‘Los libros que más me influyeron para escribir (la película) ‘Amores perros’ fueron ‘El ruido y la furia’, de Faulkner, y ‘Hamlet’ y ‘Macbeth’, de Shakespeare’, detalló el guionista de 21 gramos.

Son obras que se caracterizan por la presencia de un lenguaje ‘intenso, barroco y de aliento prolongado, en un afán de innovación que lo dominó siempre’, sugirió Orestes Nieto. Para el poeta Faulkner fue capaz de dejar en la literatura universal ‘la impronta de un escritor que tomó riesgos experimentales narrativos inusuales, donde los tiempos se fracturaban y las voces múltiples ocuparon el lugar del narrador’.