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25 de Nov de 2020

Cultura

En el aula del ‘Che’ Guevara

PANAMÁ. Al igual que el Ernesto Guevara de la Serna, el poeta panameño Luis Carlos Jiménez Varela acostumbra llevar consigo una pipa y u...

PANAMÁ. Al igual que el Ernesto Guevara de la Serna, el poeta panameño Luis Carlos Jiménez Varela acostumbra llevar consigo una pipa y un poco de tabaco. El autor recuerda como el ‘mítico Che’ llegaba al aula donde impartía clases de economía marxista en la Universidad de La Habana vestido de ropa militar y con su boina coronada por una estrella roja. Tenía una pistola colgándole de un lustroso cinturón negro.

‘Era un hombre austero, que hablaba poco y con mucha pausa’, recuerda Jiménez Varela, quien durante un semestre en 1962 fue alumno del ‘Che’. ‘Cuando hablaba, meditaba las cosas que iba a decir, y siempre nos insinuaba que debíamos ser disciplinados para así tener una concepción coherente del mundo y la sociedad’, afirma el vate.

El próximo martes 9 de octubre se cumplirán 45 años del fallecimiento del revolucionario cubano en las montañas bolivianas. ‘Era un hombre muy franco, muy abierto, muy disciplinado. Tenía mucha personalidad, mucha presencia. Su corpulencia lo hacía parecer más alto’, manifiesta el autor del libro Poetas de América y el mundo le escriben al comandante Che Guevara.

Para el poeta, Guevara era un idealista, un ‘hombre valiente’, que a pesar de sufrir de asma, ‘sacrificaba su propia condición de salud’ para pelear por un mundo mejor. ‘Planteaba que el revolucionario auténtico tiene que predicar con el ejemplo. Tiene que ser el mejor estudiante, el más sacrificado en la lucha’, evoca.

Además de la valentía y la disciplina, otra característica que el ‘Che’ consideraba como indispensable en ‘todo verdadero guerrillero’ era el manejo de la teoría política, porque la revolución más que matar lo que realmente buscaba ‘era crear un mundo nuevo’.

Su vehemencia revolucionaria lo distanció del comunismo soviético, ‘ya que los rusos consideraban que el ‘Che’ veía las cosas muy precipitadamente’. ‘El era más radical. Mientras los rusos estaban convencido de que era necesario profundizar la lucha política, él consideraba que era menester crear las condiciones para acelerar la revolución. No creía en las teorías aisladas de la realidad’, apunta.

EL NACIMIENTO DE UN MITO

Fue precisamente este indómito espíritu revolucionario lo que condujo al rebelde argentino a un encrucijada: la de llevar la revolución marxista a los demás países de América Latina, a pesar del riesgo que conllevaba la experiencia que el imperialismo había acumulado implementando tácticas ‘contraguerrillas’.

El siete de noviembre de 1966 el ‘Che’ entraría en la selva boliviana y en la inmortalidad, comenzando así lo que sería una campaña guerrillera para poner fin a la dictadura del general René Barrientos. A tierras sudamericanos arribó con el consentimiento de Fidel Castro, a quien había convencido de la urgencia de apoyar a los movimientos revolucionarios en el resto del continente. ‘La idea era abrir un frente en Chile, Argentina, Perú y Venezuela’, precisó Jiménez Varela.

A pesar de que el guerrillero recibió dinero y apoyo militar del régimen de Castro, la información topográfica que recibió de parte de los bolivianas fue errónea, lo que de acuerdo con Jiménez Varela contribuyó a su captura. ‘De otra forma a la CIA se le hubiese complicado mucho cogerlo’, aseveró el autor.

‘La emboscada en Bolivia demostró la grandeza de un hombre que dejó todos los privilegios que poseía como ministro y como comandante y fue a jugarse la vida. Para él el idealismo era eso: desprendimiento’, destacó.

A 45 años de su muerte por parte del ejército boliviano, Jiménez Varela cree firmemente que el legado del ‘’Che’ hoy está más vivo que nunca’, ya que ha quedado como un símbolo al que pueden aferrarse aquellos que luchan por una sociedad más justa en países como Panamá, donde prevalecen las desigualdades.