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19 de Apr de 2021

Cultura

¿Alcanzamos por fin la victoria?

O tro año escolar ha iniciado. Como de costumbre, muchas escuelas no están listas para recibir a los estudiantes: las nuevas están a med...

O tro año escolar ha iniciado. Como de costumbre, muchas escuelas no están listas para recibir a los estudiantes: las nuevas están a medio hacer, las viejas están emparapetadas –en el mejor de los casos– y no faltan las que tienen salones y baños clausurados a causa de su mal estado. Y así fuesen pocos los centros educativos que no están en óptimas condiciones, según alega el Gobierno, es lamentable que cada año se repita la misma historia, sin que se logre finalmente superar esa prueba. Todos los colegios deben estar al 100%, sin excusas.

Lo que me lleva a pensar en la cacareada frase que dice: ‘Los niños son la esperanza del futuro’. ¿Y qué hay de su presente, ese no importa? Si le estamos apostando a que ellos sean los forjadores de un mejor mañana, ¿qué les estamos dando hoy para que lleven a cabo tan importante tarea? ¿Computadoras portátiles gratis? Eso me suena a regalar pavipollos en vísperas navideñas.

En serio, me abstengo de esgrimir juicios o sentencias y les pregunto sinceramente: ¿les estamos dando realmente una buena educación a nuestros chicos? Y no me refiero solo al tuyo, que va a uno de los 750 colegios privados del país (sé que es difícil, porque nos han educado para ser individualistas y competir entre nosotros, pero trata), sino a todos, incluyendo a los que se educan en los 3.200 centros públicos. Piénsalo y me cuentas.

Hay otras reflexiones que no faltan en estos días de inicio de clases y bien merecen ser analizadas hoy y siempre. Por ejemplo: ‘La educación es la llave del progreso’. Sí, ¡preciosa! Otra, que en el ciberespacio se la endilgan a Nelson Mandela: ‘La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo’. Esta ciertamente me encanta. Ahora aterricemos esas ideas en suelo patrio. Si los juzgamos por la calidad de la educación en Panamá, ¿crees que los gobiernos panameños están comprometidos con el progreso del país? Más aún, ¿les importa realmente a los gobernantes, que el pueblo porte esa arma transformadora de la que habla el expresidente sudafricano? Mi impresión es que no, pero me encantaría conocer la tuya.

Y no me refiero solo a los que gobiernan hoy, el tema es amplio y complejo como para limitarnos a pensarlo en términos de quinquenios. Sí vale decir, ya que hablamos de futuro, progreso y herramientas para el cambio, que tengo dudas al respecto de los beneficios que persigue la transformación curricular que impulsa este gobierno, tanto como sospecho de las intenciones detrás de los cambios que propone.

Reducir drásticamente las opciones educativas de la juventud panameña y resumirlas a solo quince bachilleratos, ciñendo la nueva orientando a las ‘exigencias del mercado’ es pretender que la educación se limite a producir mano de obra obediente para los empresarios y convertir a los colegios en fábricas de empleados que sepan seguir órdenes. Es cortarle las alas al desarrollo nacional y achicar el horizonte de todo un país a la estrecha medida del bolsillo (ajeno).

COLUMNISTA