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30 de Oct de 2020

Cultura

Innovar como propuesta de valor

Muchas veces he escuchado a grupos o personas hablar del deseo de entrar en el ‘negocio de la innovación’. Como si tan solo bastara con ...

Muchas veces he escuchado a grupos o personas hablar del deseo de entrar en el ‘negocio de la innovación’. Como si tan solo bastara con comprar algo, colocarlo en algún lado o crear una nueva ley. Pero la innovación es un atributo. No es algo que exista solo, sino que se aplica a las cosas que hacemos diariamente. Tanto es así que el término ha devenido en una especie de colofón publicitario: ‘Aquí cocinamos de forma innovadora’, ‘Nuestro sistema de manejo de tráfico es innovador’, y otros copys por el estilo.

En realidad, para innovar se necesita impulsar un ‘ecosistema de la innovación’, que conjuga elementos como el recurso humano, legislación, capital, voluntad política, transparencia informativa y, sobre todo, la aquiescencia de la sociedad. En una sociedad que rechaza lo nuevo, que no apoya las visiones inéditas y que reniega de las personas que tratan de hacer las cosas de una nueva manera, se hace más complicado el surgimiento de empresas que apuesten por la innovación y la tecnología.

La mejor forma de promover los emprendimientos de base innovadora es alentando a quienes los promueven a involucrarse en la solución de los problemas sociales. Las soluciones surgen de las necesidades. Si de verdad se quiere estar seguro de contar con un mercado, nada mejor que solucionar un problema que afecta a algún grupo de nuestra sociedad.

Los seres reflexivos se enfrentan al desaliento que le impone la colectividad, al escarnio de quienes creen ‘que eso de pensar mucho es para perdedores’. Considero que reflexionar de forma creativa acerca de las problemáticas que se enfrentan es la mejor manera de impulsar proyectos interesantes.

Es así que los espacios donde nace esta reflexión se tornan cada día más importantes. Las primeras en generarlos son las universidades, al propiciar encuentros entre los investigadores y los estudiantes, y entre los emprendedores y los empresarios. Los grupos de interés deben crear lugares donde se genere el conocimiento, para que el mismo derive en nuevas oportunidades.

Por último es muy importante que el Estado garantice reglas justas e iguales para todos. De nada sirve presentar iniciativas originales si, a consecuencia de la corrupción y los esquemas de mercado, dichas visiones jamás se vuelven proyectos reales.

El surgimiento de un centro o hub de innovación es pues, en el fondo, un llamado al auto análisis. Es necesario establecer un ambiente propicio, para que todas las condiciones que se necesitan se cumplan. El movimiento económico actual es generado en los sitios donde la innovación señala el norte. Es tiempo de escuchar el llamado para insertarnos finalmente en el futuro.