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26 de Jan de 2021

Cultura

Las pequeñas intrigas cotidianas

La novela de Remón de Juan Antonio Gomez es un libro pequeño. No alcanza a las ciento cincuenta páginas y se lee de un tirón

Las pequeñas intrigas cotidianas
Las pequeñas intrigas cotidianas

La novela de Remón de Juan Antonio Gomez es un libro pequeño. No alcanza a las ciento cincuenta páginas y se lee de un tirón. Pero, entre sus páginas, bien escritas, uno encuentra la historia del país que tanto nos avergonzamos. No se trata aquí de convencer a nadie de lo interesante de la intriga que se orquesta para matar a un presidente el 2 de enero de 1955, en el hipódromo Juan Franco de la ciudad de Panamá. Las intrigas forman parte de la cotidianidad. Sin embargo, en este caso la conspiración resulta vergonzosa, más que nada, por los personajes que llenan las páginas de esta novela que solo puede ser escrita en una república bananera, unos personajes muy bien dibujados en su mediocridad y pusilanimidad.

La novela está dividida en cuatro partes y un colofón. Y de por medio hay un escritor, Próspero Tejedor, que como autor intenta reconstruir los hechos. La primera parte está dividida en tres personajes, Arnulfo Arias (varias veces depuesto como presidente), José Antonio Remón Cantera (presidente asesinado viendo su carrera de caballos) y José Ramón Guizado (vicepresidente de Remón Cantera que solo fue Presidente por once días).

Desde la primera página ya leemos la apertura de la República bananera en voz de un joven Arnulfo Arias: ‘-Ya saben: cuando yo sea el Presidente de Panamá, me van a visitar y les doy una chambita'.

Y desde aquí lo que leemos son las argucias de familiares (primos, hijos, madres, sobrinos, amigotes, etc.) y clanes familiares cuya única relación con el estado es que lo entienden como un botín (se reparten embajadas, becas, ministerios y puestos públicos en general), donde la influencia, las relaciones y el sexo juegan su rol correspondiente. La cúspide de esta mediocridad la representa el ‘jefe' de esta intriga contra el Presidente Remón, Rubén Miró, que, desde la segunda parte, nos revela la mediocridad más rampante que uno se puede imaginar. Su mundo torcido de golpes, conspiraciones, revoluciones y pistolazos lo lleva a decir que al morir Remón él llegaría a ser ministro de gobierno y justicia.