21 de Feb de 2020

Cultura

Payasos al poder

Indignados por la corrupción de la pasada administración, los guatemaltecos votaron por Jimmy Morales.

Payasos al poder
Payasos al poder

Antes de cambiar su nombre, James Ernesto Morales Cabrera no existía en el radar de la política guatemalteca. A partir del 2011 comenzó a llamarse Jimmy Morales, nombre con el que había obtenido reconocimiento como actor y comediante, sobre todo en el programa de televisión ‘Moralejas', con el que estuvo 15 años al aire.

Ese mismo año, Morales, que nació el 18 de marzo de 1969, ingresó en la política como candidato a alcalde del municipio de Mixco —aledaño a ciudad de Guatemala— por el partido Acción de Desarrollo Nacional (ADN). Con estudios militares de alto nivel y un título de administración de empresas, alcanzó un modesto tercer lugar en la contienda por la Alcaldía. Cuatro años después, sin contar con ningún tipo de experiencia como dirigente estudiantil o como político, Jimmy Morales se convertiría en el más votado en la primera ronda en la carrera presidencial.

Tras la segunda vuelta de las elecciones del pasado fin de semana, el candidato del derechista Frente de Convergencia Nacional-Nación (FCN-Nación) sumó 2.3 millones de sufragios, convirtiéndose así en el nuevo presidente de Guatemala.

CON LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Pero el político, productor, escritor, director y actor de cine y televisión recibe un cargo severamente desacreditado, tras el daño institucional provocado por la salida de su predecesor, Otto Pérez, actualmente en prisión por un escándalo de defraudación aduanera.

Por el momento su popularidad, que alcanzó interpretando personajes como ‘Neto' en el programa dominical ‘Moralejas', y su desvinculación con la política tradicional, que muchos guatemaltecos asocian con la corrupción, han sido sus mejores cartas.

En su contra tiene el espinoso tema de la financiación de su campaña, que supuestamente corrió por cuenta de militares que estuvieron asociados a la guerra interna que dejó más de 200 mil muertos y desaparecidos en Guatemala.

Es más, si se examina más de cerca su currículo salta a la vista una relación entre su preparación académica y la milicia: posee una maestría en altos estudios estratégicos con especialización en Seguridad y Defensa, un curso dirigido a oficiales del Ejército de Guatemala y civiles graduados por el Comando Superior de Educación del Ejército de Guatemala. El nuevo presidente no es un soldado raso, pero tampoco un civil cualquiera.

SIN DESCIFRAR

El ascenso al poder de este ex seminarista de teología marca un fenómeno político difícil de aclarar. Para descifrarlo el diario El País revisó los porcentajes alcanzados por Morales en los pasados sufragios, comparándolos con los de Sandra Torres, su rival directo. Al final el comediante se impuso por un 67, %, mientras que la candidata de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) solo pudo contabilizar un 32, 57% de las papeletas. ‘De esta manera, los ciudadanos del país centroamericano han apostado por alguien nuevo en la política, castigando así el hecho de que Torres sea la ex esposa de quien fuera presidente de Guatemala entre 2008 y 2012, Alvaro Colom', analiza el diario español.

Tal parece que el eslogan de batalla de ‘Ni corrupto ni ladrón', reiterado por Morales durante el curso de una campaña atípica, caló hondo en los votantes de la nación centroamericana. El diario La Vanguardia , de Argentina, califica como ‘escasa' la exposición de su imagen durante la carrera presidencial, sobre todo si se compara con la de otros candidatos, ‘que recurrieron al tradicional gasto millonario en vallas y spots televisivos'. ‘Una estrategia basada en el uso de las redes sociales fue al parecer lo que le ayudó a levantar los apoyos. En abril, nadie lo mencionaba entre los aspirantes principales sobre un total de 14 candidatos'. ¿Habrán dejado los votantes guatemaltecos de tomarse la política en serie, tras el decepcionante gobierno de Otto Pérez? ¿Podrá un cómico enrumbar las cosas?

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‘‘De esta manera, los ciudadanos del país centroamericano han apostado por alguien nuevo en la política',

EL PAÍS