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26 de Oct de 2020

Cultura

El patrimonio istmeño continúa embalado

Una síntesis de la enfermedad que reposa sobre las piezas arqueológicas más importantes del país. ¿Hay luz al final de la desmemoria?

A cuatro días de Noche Buena, los misiles detonan horror y ansiedad en El Chorrillo. Mientras el humo dibuja el pánico de una urbe, en el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz (MARTA) la oscuridad disimula las abolladuras de una caja fuerte.

En un paisaje caótico, los saqueos son inevitables. Se salvaría el oro dentro de la caja, pero no el de la oficina de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico —que compartía espacio con el Museo—. Han pasado 26 años desde que un ejército norteamericano le robó la infancia a unos niños, los hijos a una familia y la confianza a un país. Por esas fechas, se robaron también el oro del patrimonio.

Hoy el museo está cerrado y la causa no es la invasión estadounidense del 20 de diciembre de 1989, sino ‘la desmemoria'. Con esto último, Panamá vuelve a la mira internacional. Pero ahora es un título con menos glamour que los anteriores: el único país del hemisferio sin exhibir su arte precolombino.

ÚLTIMO RESCATE

Cuando el doctor Orlando Hernández llegó a la Coordinación Nacional de Museos, en 2014, su primera labor sería entrar al almacén del MARTA. Allí se toparía con una colección de insectos y alimañas. Los monolitos de Barriles -unas esculturas de piedra de dos metros únicas en el mundo- estaban ‘tiradas por una esquina'.

En teoría, toda esta colección debería estar bien resguardada. Para que los artefactos arqueológicos no sufran desgaste, se requiere de una temperatura y humedad constante, fija, sin fluctuaciones, ya que el calor y el frío expanden y contraen cualquier elemento.

‘Las antigüedades no se pueden expandir ni contraer de esa manera', explica el doctor Hernández. ‘Y aquí el clima es tan húmedo que si no tienes esos controles, todo se llena de moho y se infecta de microorganismos'. Incluso, el abandono ocasionó que un comején de tierra le caminara por encima a uno de los monolitos de Barriles, dejándole un surco diagonal al torso de esta escultura, hecha de piedra volcánica entre el año 700 y 900 d. C. A diferencia del patrimonio ‘inmaterial' que ha estado sonando recientemente en torno a la UNESCO, el patrimonio material no tiene reemplazo.

Lo mismo sucede con los materiales orgánicos, madera, hueso, cuero, e incluso la colección de arte a base de plumas de guacamayas y loros verdes, que puede perder sus pigmentos si no hay un filtro de luz ultravioleta.

El museólogo fue el encargado de transportar, fotografiar, inventariar y embalar la colección de la sede anterior, en Llanos de Curundú, al local en 5 de Mayo. Su preocupación, mientras cargaba las cajas con artefactos arqueológicos, era la punzante vibración del piso, provocada por unos martillos mecánicos que taladraban el sitio donde se construye la futura ‘Ciudad de las Artes', otro proyecto cuyo propósito original ha sido desdibujado por el actual gobierno.

Las piezas de cerámicas fueron embaladas individualmente en papel burbuja, y metidas en unas cajas con espuma en forma de maní. La fatalidad de este ‘foam' en forma de cacahuate es que conforme pasa el tiempo pierde aire, y las piezas pueden ir pesando unas sobre las otras. ‘Eso lo hice como una medida de rescate', advierte el excoordinador nacional de museos que fue separado de su cargo meses atrás. ‘Eso no es para que esté ahí toda la vida'. En febrero del año entrante, la espuma habrá perdido dos años de aire.

EDIFICIO ENFERMO

La colección continúa embalada. Los aires acondicionados se han ido dañando. En este almacén de la sede en la Plaza 5 de Mayo están incluso todas las piezas no exhibidas en el Museo de Arte Religioso, que está al lado del Arco Chato, frente a las oficinas de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico, Casco Antiguo.

‘Ya no hay plata para los museos', dice Hernández que fue una de las excusas esgrimidas por el Gabinete. Meses antes, la exdirectora del Instituto Nacional de Cultura (INAC) Mariana Núñez apuntaba que existían 300 mil dólares destinados para la remodelación del MARTA. Hasta hoy, no se sabe a dónde fue a parar esa partida presupuestaria. Se intentó contactar al INAC, pero al cierre de esta edición no dio respuesta.

El museólogo plantea que la solución es crear un edificio para albergar las colecciones antropológicas, y que sea como una biblioteca donde los investigadores puedan ir a verlas si lo necesitan. ‘Obviamente no va a poder ser en Plaza 5 de Mayo porque si se quiere restaurar, hay que sacar al Ballet Nacional, la escuela de teatro del INAC y el almacén del INAC', comenta. Hay, en total, tres ‘seminstituciones' del INAC en este edificio.

Durante su tiempo en la Coordinación Nacional de Museos, cuya actual coordinadora es la cuentacuentos Luzmaría Frías, el doctor en historia del arte logró instalar cámaras de seguridad en el recinto, sin embargo, asegura que hay puertas donde uno puede meter una patada y entrar. ‘No hay acceso a discapacitados, no hay fuentes de agua, los baños están desbaratados, solo hay dos señoras que limpian eso', manifiesta. Además, asegura que hay que cambiar toda la plomería, la electricidad y asegurar las puertas. ‘Tienen puertas de hierro que tienen candados y seguro, pero no es lo que debería ser'.

Cuando alguien hace una restauración o construye en el Casco Antiguo, por obligación debe emplear a un arqueólogo y dejar una muestra de la tierra en la Dirección de Patrimonio Histórico. Generalmente, se encuentran objetos de uso cotidiano y, como no hay espacio en las oficinas para guardarlos, se envían al MARTA.

‘Era un edificio que no estaba bien adaptado a ser museo, era un edificio difícil, la colección no estaba bien exhibida, había espacio entre cosas, había redundancia, había que subir y bajar para entender lo que se estaba contando', formula el arqueólogo Carlos Fitzgerald, señalando que el edificio requiere de una reformación de acuerdo a un programa museográfico, arquitectónico y científico.

PLANTEANDO EL ESCENARIO

Para el arqueólogo del Instituto Smithsonian, Richard Cooke, se precisa un cambio radical que empiece por la contratación de especialistas. Recuerda el antiguo Departamento de Investigaciones del Museo Nacional. ‘Una museóloga, entre dos o tres geógrafas, una etnohistoriadora, un antropólogo físico, una arqueóloga, un biólogo, un taxidermista, un restaurador y entre dos y tres especialistas en educación. En papel, un equipo perfecto para un museo nacional en cualquier parte del mundo', sostiene.

Para Alexandra Schjelderup el impasse del MARTA se trata de un problema sistémico. ‘El tema de la cultura nunca ha sido prioridad en este país', argumenta. ‘Y pienso que también es por una enfermedad de la desmemoria, la no valoración de nuestro propio patrimonio, de nuestro propio pasado, de pensar que había un pasado antes de la llegada de los españoles'.

Hernández considera que la cultura ha sido tan hispanizada que no nos damos cuenta de que hay mucho valor y honestidad en reconocer la parte indígena, y que este grupo hizo unos aportes culturales importantes. ‘De eso se trata un museo, de rescatar esa memoria identitaria de quiénes somos, sentirnos orgullosos de eso y promover esa cultura y exportar'. El museólogo puntualiza que el patrimonio nacional es a la vez patrimonio mundial, porque en ninguna otra parte del mundo se consiguen esas esculturas de Barriles ni esas cerámicas Gran Coclé.

PANAMÁ, CAPITAL DE LA CULTURA

La subdirectora de cultura de la Alcaldía de Panamá señala que ya hay una comisión para hacer un patronato del MARTA, en el que participará la Alcaldía, la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), la Dirección de Patrimonio Histórico (INAC) y la empresa privada.

La idea es que el Despacho de la Primera Dama actúe como convocante de todo este proceso para darle empuje, porque ya hay voluntad del ejecutivo para destrabar el tema del MARTA, de acuerdo con Schjelderup. ‘Ojalá de aquí al 2019, que estamos pidiendo que Panamá sea Capital Iberoamericana de Cultura, desde la Alcaldía, por la fundación de la Ciudad, podamos tener entre el 2018 y el 2019 el MARTA reabierto'.

Fitzgerald aclara que en ningún museo del mundo se pueden exhibir tantas piezas (18 mil en el caso del MARTA). ‘El reto es seleccionar de esa colección tan amplia, pero a la vez con ciertas a características, y hacer una exhibición que narre una historia coherente de nuestro pasado, de nuestras diferentes etapas del pasado, un pasado prolongadísimo, estamos hablando de la última glaciación', dilucida.

El arqueólogo menciona el reciente hallazgo en el archipiélago de Las Perlas, que da pistas sobre cómo los grupos humanos en Panamá se distribuyeron por el istmo, ocuparon los diferentes entornos, y tuvieron una creatividad y una productividad extraordinaria. ‘¿Cómo vincular eso con los procesos que ocurren después de la conquista y la colonización?', plantea. El MARTA debe contemplar las transformaciones que sucedieron a los grupos indígenas desde tiempos precolombinos hasta el presente; y toda la otra información que se tiene de genética, lingüística, y todo lo que se sabe hoy del rol que ocupó Panamá en el mundo a través del tiempo. ‘Esto es un reto interesante, hacer una narración o contar una historia de una forma distinta, diferente, y que sea válida, que tenga un significado para el público'.

Fitzgerald calcula un mínimo de seis meses como tiempo perentorio para comenzar a cotizar lo que va a costar la exhibición, esto, siempre y cuando lo organice un grupo de especialistas en el tema.

Aunque existen museos panameños que están haciendo labores positivas —como el Museo del Canal Interoceánico o el Biomuseo—, un museo de identidad totalmente panameña es el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, que fue en su momento el Museo del Hombre Panameño. ‘Si nosotros llegamos a pulsar sangre en ese corazón, se recobra Plaza 5 de Mayo, y se recobra la peatonal, tendríamos un nuevo eje histórico cultural como lo es Casco Antiguo', finaliza el Dr. Hernández.

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COLECCIÓN

¿Cuáles son las piezas más impotantes del MARTA?

En un salón de clase del Graduate Center of New York, la profesora de arte precolombino le revelaría al museólogo Orlando Hernández la singularidad de la cerámica Gran Coclé. Las piezas hechas en el área que comprende las provincias centrales (Los Santos, Herrera, Coclé y parte de Veraguas) poseen un tinte morado que se hacía con una cochinilla que crece por el área de Parita y aledañas. ‘Panamá tiene una de las cerámicas precolombinas más sofisticadas de las Américas', dice hoy el excoordinador de museos.

El Museo Antropológico Reina Torres de Araúz (MARTA) tiene embaladas alrededor de 18 mil piezas. Entre las más destacadas está la lítica de barriles, que incluye las estatuas que son de tamaño natural (aproximadamente dos metros) y el metate ceremonial de aproximadamente dos metros de longitud. ‘Actualmente están en el Patronato de Panamá Viejo', asegura Hernández. ‘Esas piezas pesan como una tonelada y media más o menos, son las más importantes de la colección precolombina'.

A estas se suman las piezas de oro, los pectorales y nariguera, las efigies zoomórficas (aves, ranas doradas) y antropomórficas. Pero también están las cerámicas funerarias, que son urnas de gran formato. ‘Son jarras que tienen como tres pies de diámetro, la boca mide 36 pulgadas y el alto es de más o menos cinco pies', explica el museólogo. ‘Ahí metían el cuerpo entero de la persona'.

Los artefactos arqueológicos hechos de cerámica destacan por su particularidad. ‘Las colecciones de cerámica polícroma son absolutamente extraordinarias', apunta el arqueólogo Carlos Fitzgerald. La gran mayoría son totumas, que hay varias con y sin pintura; mientras que las del área de Gran Coclé exhiben figuras de animales. Son como vasijas, pero hechas en forma de búho, sapo, lagarto o tortuga, y también son piezas únicas de las más importantes del MARTA, según el excoordinador de museos del INAC.

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ROBOS EN EL MARTA

Pérdidas de piezas arqueológicas

Según el arqueólogo Carlos Fitezgerald, se han registrado pérdidas a inicios de la década de los 70.

Un siguiente saqueo ocurrió hace 26 años durante la Invasión de Estados Unidos a Panamá.

El 14 de febrero de 2003 se suscitó un robo de las piezas de oro.

De acuerdo con el museólogo Orlando Hernández, se recuperó un 85% del oro robado, lo que no se sabe es cuánto representa el 15% restante. ‘Hay que parear la colección de oro con el inventario', sugiere.