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25 de Nov de 2020

Cultura

Fabio Mesa, las multitudes en óleo

Una escuela revolucionaria, dos talleres de arte, servicio militar obligatorio. Esta es la fórmula que derivaría en el pincel del artista

Ajeno al eco de los motores en fila sobre el asfalto, Fabio Mesa lanza un trazo sobre un panel blanco de madera en Artistry & Co., galería arriba de Nina Concept Store.

Pantalones oscuros, camiseta de Black Sabbath, un pote de óleo negro, pincel y brocha en la mano. Casi como un susurro, suena de fondo la canción ‘Blackbird' de Los Beatles en la sala. Al otro lado ocho manos terminan de colgar los cuadros del artista colombiano, y el olor de la pintura lo lleva a otra época.

Su madre le había pedido a un maestro que lo dejara entrar a las clases. Fabio recuerda estar sentado en aquel taller, todos a su alrededor eran adultos y él solo tenía seis años.

‘Primero mancha', me diría luego Gustavo J. García, su representante y director de la galería Ars Antiqua en Barranquilla. Una mancha le da vida a una cabeza, varios trazos confeccionan un tórax, unas líneas articulan los brazos y piernas. Pausa. El pintor cambia el pincel por la brocha y ahora compone las sombras. Es la bienvenida a la exhibición ‘Soñadores de este tiempo'.

LOS SOÑADORES

Carmen Martín Gaite decía que el hombre es una multitud solitaria de gente, que busca la presencia física de los demás para imaginarse que todos estamos juntos. Para Fabio Mesa, esa colectividad se logra cuando todos persiguen algo, en este caso, los sueños.

Uno a uno va pintando con naturalidad sus personajes, bautizados como ‘soñadores', hasta crear una multitud. No se complica con la composición o la distribución de soñadores sobre la tela. ‘Algunas veces me tapo los ojos y empiezo a manchar', confesaría frente a un cuadro que parece hacerle un guiño al muro de Berlín: sus soñadores —oscuros como el óleo que utiliza en estos momentos— se entregan al color cuando cruzan la muralla. La obra, que mide 1.80m x 1.20, es ‘Soñadores que salen de la oscuridad'.

SÍNTESIS PICTÓRICA

En sus talleres trabaja varias series, de 25 o 30 cuadros cada una. Tiene un taller en Medellín (Colombia) y otro en Nueva York.

La paleta de colores depende de cómo se sienta el autor o de lo que exija la propia tela. En ‘Soñadores bajo una nube de esperanza', por ejemplo, la esperanza es negra. ¿Quién dijo que la esperanza tiene que ser blanca?, se cuestiona el autor.

‘Son los soñadores en muchos escenarios, cada serie es un escenario distinto pero son los mismos personajes', explica mientras vuelve a meter el pincel en el pote y mancha el panel presagiando un nuevo soñador, se trata de una intervención previa a la inauguración de su primera muestra individual en el Istmo.

‘Todos son negros porque todos somos iguales', advierte sobre los soñadores. Carl Jung formulaba que cuanto mayor es la multitud, más insignificante es la persona, pero en ese anonimato del negro y la multitud Fabio Mesa se descubre. ‘Son autorretratos, no me pinto yo mismo, pero estoy entre estos'.

Casi todos los cuadros tienen un punto de fuga o una luz que marca el lienzo. ‘Lo relaciono mucho con la vida, con el sueño, a donde se quiere llegar', argumenta el artista plástico que estuvo a finales del año pasado pintando y exponiendo en Miami (Estados Unidos).

EXPRESIÓN CRÍTICA

La idea de sus personajes nació 23 años antes de esta conversación con La Estrella de Panamá. Cuando oscilaba entre los 13 y 14 años entró a Bellas Artes; no era necesario haberse graduado para ingresar.

‘Cuando yo salí de Bellas Artes, en el 91, salí más perdido que...', una posible analogía se evapora en el silencio y continúa pintando, nada parece robarle la calma. ‘Es difícil porque sale uno desubicado, de tanto artista que hay uno no sabe qué hacer, y yo siempre quise hacer algo distinto'. Entró a un taller a pintar y descubrió su fascinación por las multitudes.

Por un lado, piensa que su afición se debe a la mentalidad revolucionaria que le inyectó la escuela, a veces piensa que fue la época en la que prestó servicio militar o simplemente haber visto las marchas de protesta en su ciudad natal.

‘Empecé en 1992 con marchas militares, a colores, al óleo'. De las marchas migró a las manifestaciones. ‘No fue fácil porque eran muy críticas al gobierno, muy políticas, entonces no vendía casi nada'.

Subsistió tomando otros trabajos, la mayoría en ventas. Pero decidió cambiar la atmósfera de sus personajes poniéndolos en un contexto más real, que toque la piel de la audiencia, algo empático.

‘Para mí es muy importante pintar la época en la que vivimos, y los enfoqué a los sueños que tenemos como personas en la vida. Dentro de esos sueños están las migraciones', dilucida el artista. Una línea crítica ambientada en la actualidad.

LA IMPORTANCIA DE LO IRREPETIBLE

Cada cierto tiempo, Fabio Mesa va a una tienda de telas. Allí encuentra las que son más difíciles de conseguir, según relata. Pero un día llegaron 50 metros de una tela de una compañía conocida en Colombia.

La tela tenía una especie de bordado que se repetía en todo el cuerpo. Ya habiendo terminado de pintar a los soñadores en los paneles blancos —que reciben al visitante en la exhibición que cuelga en estos momentos en Artistry & Co.—, el pintor de Medellín nos acerca a su cuadro y nos pide observar el alto relieve de la tela. Los 50 metros sirvieron para una sola serie. ‘De esta serie no vuelvo a hacer más, y tampoco vuelven más con la tela, esto va a quedar para la historia', dice sonriendo.

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SERIES

  • En esta exhibición hay cuadros de varias series que el pintor ha confeccionado.

1992

MULTITUD

  • Veintitrés años antes de esta conversación con ‘Facetas' pintaría a sus personajes los ‘soñadores'.