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21 de Jan de 2020

Cultura

Muestra de retratos inéditos sobre Carlos Fuentes

El fotógrafo que Borges apodó ‘El Duende', que retrató a Cortázar y a un centenar de autores, estuvo en el Istmo presentando su exhibición

Cada vez que Rogelio Cuéllar se prepara para retratar a alguien, le pregunta a su modelo: Para usted, ¿qué es el espacio vacío?

La interrogante se perfila según la profesión del personaje. Si es un pintor, por ejemplo, le pregunta qué es un lienzo en blanco.

Antes de presionar el obturador frente al escritor mexicano Carlos Fuentes, nacido en Panamá, Cuéllar le plantearía lo mismo: Don Carlos, para usted ¿qué es el espacio vacío, la hoja en blanco? Fuentes respondió escribiéndole en un papel: ‘Lo inconfesable'.

DETENER EL TIEMPO

Esta semana se inauguró en la Embajada de México en Panamá una muestra con retratos que el fotógrafo mexicano Rogelio Cuéllar (Ciudad de México, 1950) le ha hecho a su compatriota Carlos Fuentes. Una exhibición abierta al público durante todo este mes de abril.

Cuéllar trabajaba en el departamento de prensa de la Universidad Autónoma de México y conoció a Fuentes por primera vez durante una de las tantas conferencias del autor. Desde entonces, ha detenido el tiempo con su cámara frente al escritor por 25 años.

Era finales de la década de los sesenta, inicios de los setenta. Una época en la que pintores, escritores, arquitectos y cineastas, se encontraban como una gran familia en una ciudad pequeña.

‘Es la literatura que nos tocó vivir en la preparatoria', dice Cuéllar a La Estrella de Panamá. ‘El México que se iba transformando era Carlos Fuentes, José Agustín, Juan García Ponce, lo que escribían era lo que estábamos viviendo'.

OTRA CARA DE FUENTES

El maestro retratista adelantó que prepara el libro El rostro de la plástica , y que le resulta interesante capturar un lienzo desde que está en blanco hasta que está terminado. Pero reconoce que el mundo de los escritores, los poetas y los científicos es más interior.

‘Me gustan muchos los espacios de los escritores, sus casas, su estudios, sus laboratorios', sostiene. Por la sala de la Embajada de México hay una buena cantidad de fotografías del estudio de Carlos Fuentes, su biblioteca, incluso sus propios libros traducidos a otros idiomas.

Con la cámara en la mano, Rogelio Cuéllar rememora el ‘altar' de Fuentes, lo que más le llamó la atención de su estudio. ‘Todos los artistas, todos los creadores, tienen sus ídolos, ya sea pegados en el refrigerador, la foto de alguien que admiran o un recorte', explica. ‘Él tiene a Faulkner, a Charles Baudelaire, son sus dioses finalmente... sus querencias, sus hijos, su mujer, Silvia, maravillosa periodista', añade mostrando la fotografía de amplio formato.

En otro de los retratos aparece Fuentes sosteniendo unas caricaturas en las que emergen el rostro de Frida Kahlo, Diego Rivera y cientos de artistas de su generación, su escena. Eran dibujos que hacía en la juventud. ‘Dibujaba mucho en servilletitas', sazona Cuéllar.

A la hora de escribir, toda la sala donde los libros acompañaban a Carlos Fuentes, se sumergía en silencio. ‘Hacía fotos silencioso, sin mover nada, y el clic se escuchaba', agrega el maestro de 66 años.

HISTORIA DESDE UN CLIC

El fotógrafo que ha presionado el obturador frente a Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Jorge Luis Borges en un urinario abandonado, se forjó en el fotoperiodismo.

‘Finalmente lo que hago es crear una memoria histórica', dilucida. ‘Eso lo aprendí con el periodismo: lo que hoy es noticia, a partir de mañana empieza a ser historia, en el caso de la fotografía, historia gráfica'.

En su casa, solo tiene una de sus fotografías colgadas. La hizo en París, cuando fue por primera vez a los 31 años y quedó deslumbrado. Es la instantánea de una pared de construcción salpicado por un juego de sombras.

Ahora se puede categorizar todo su trabajo en tres vertientes: el paisaje rural y urbano, como el de aquella foto; el desnudo fotográfico, sobre el que prepara otro libro; y el retrato de creadores.

En esta última, se ha dedicado a darle seguimiento a sus personajes ‘de forma histórico personal y de su proceso creativo'. ‘Exijo la mirada', sentencia, ‘porque si me mira, tú como lector de la foto ves la mirada'.

Finaliza contando que a Carlos Fuentes le gustaba caminar por París, tanto como hacerlo en los cementerios, donde se concentraba. En una de las fotos, aparece posando junto a su esposa, Silvia Lemus, bajo una tienda de moda de nombre ‘Malandrino'.

‘Hay este sentido lúdico (en las fotos), no ser solemne', describe mientras pierde la mirada entre sus fotografías, que cuelgan en las paredes de la embajada intercaladas con frases de Fuentes como: ‘Lo más fácil entre nosotros, será morir; un poco menos fácil, soñar; difícil, rebelarse; dificilísimo, amar' (Todos los gatos son pardos, 1970).