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05 de Mar de 2021

Cultura

Yo no soy como tú

Yo no creo tener la verdad absoluta en casi nada, y tengo claras muy poquitas cosas

No, que no te equivoque mi parecido contigo y con tus hijos. Ni yo ni los míos somos como tú. Yo no soy como tú. Y me alegro. Yo no creo tener la verdad absoluta en casi nada, y tengo claras muy poquitas cosas.

Yo no soy como tú, yo no creo en un único dios, ni en una revelación universal. Acepto tu creencia de que existan vírgenes suficientes para que a ti te toquen setenta, también mis hijos creían en un hombre gordo que les traía regalos cuando eran pequeños. Tampoco me creo que mis hijos tengan que pedir perdón porque un par de personajes se comieran un membrillo y luego follaran un poco.

Pero no, no soy como tú. Yo no soy tolerante. A mí, el verbo ‘tolerar' me toca mucho los dídimos que no tengo, porque yo no soy como tú. Yo soy una débil mujer, me falta lo que supuestamente hay que tener para que tú me consideres una persona completa. Y no. No soy como como tú, yo no creo que mi pelo atraiga a los demonios, ni incite a la concupiscencia masculina. Pero si así fuera, bienvenidos los ángeles caídos a mí alrededor y bienvenida la admiración que me demuestre que soy agradable ante los que son más que hombres, que me rodee la fascinación masculina. Que yo no soy como tú, yo creo que lo que los dioses crearon es motivo de orgullo y no, a mí, el pudor no me vino de fábrica. Lupa al fin y al cabo.

No te equivoques, yo no soy como tú, porque a mí me importa tan poco que mis amigos se acuesten con hombres, con mujeres o con muñecas hinchables, que eso ni siquiera es tema de conversación. Ellos me presentan a sus enamorados, si lo desean, y yo les ofrezco mi pan y mi sal mientras les hagan felices. No soy como tú.

Yo, la única aberración que veo en este mundo es que gente como tú haya llegado a superar la infancia y que nadie les haya reventado la cabeza a pedradas, porque no, yo tampoco soy como tú, no creo en el perdón. No, no soy como tu. Yo no pido tolerancia. La tolerancia es el ‘mastico y no trago'. Es el ‘sé que tengo razón, pero me dicen que tengo que permitirte vivir'. La tolerancia no debería existir, como tampoco debería existir gentuza como tú.

Yo no educo a mis hijos para ser fanáticos. Quiero que puedan ser libres sin tolerar ni ser tolerados. Quiero que puedan ser quienes son, quiero que nunca crean tener la razón. Y quiero que se puedan defender. No quiero, nunca, que me envíen un mensaje mientras esperan a que los masacren como corderos en un matadero. No, yo tampoco soy como tú, yo no quiero la seguridad a cualquier precio. El precio de la libertad es la sangre, debemos empezar a entender que hemos de pagarlo.

Estamos volviendo al estado feudal, ovejas aterrorizadas bajo la égida de un señor que las mangonea para librarlas de los que no son como yo. Vivir con miedo.

Yo no soy como tú. Yo prefiero morir defendiendo mi libertad. La libertad de amar. La libertad de creer, o no. La libertad de tener sexo con quien y cuando yo quiera.

Yo no soy como tu. Yo nunca les diría a mis hijas que no se vistan para no provocar. Yo no soy como tú. Quiero a mis hijos vivos, pero sobre todo quiero que amen libres.

Y que no se parezcan a ti. Ni a él tampoco.

COLUMNISTA