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02 de Dec de 2020

Cultura

Más sobre la historia de la plástica nacional

La Fundación Arte Panamá, artistas, expertos, amigos y público se reunieron en una rica tertulia para hablar sobre los artistas

Más sobre la historia de la plástica nacional
El encuentro contó con una nutrida concurrencia.

Cerca de la hora establecida, ya se acercaban los convocados. La primera reunión dejó un excelente sabor de boca. En esta ocasión se completaría la lista de los artistas contemplados en la primera colectiva de arte en la sede de Fundación Arte Panamá.

Las primeras palabras fueros de las organizadoras, Arlene Lachman y Nancy Calvo. ‘Vamos a hablar de los artistas desde un punto de vista humano, amigable', dijeron. Y explicaron nuevamente la mecánica. El encargado de referirse a un artista tendría cinco minutos para exponer sus ideas, luego habría un corto espacio para que cualquiera de los asistentes agregara cualquier información que considerase necesaria.

La primera artista de la noche fue Amalia Tapia. De ella se refirió la arquitecta Mariela Sagel como ‘una figura muy importante del mundo femenino de la plástica', que expone desde 1974 y que desde 2004, ‘nos debe una exposición individual'.

Destaca en la obra de Tapia unos paisajes muy luminosos. ‘Es amante del arte de (William) Turner', agregó Calvo, sobre su trabajo. ‘Uno puede ver el aire que ella pinta'.

Amalia Tapia también fue descrita como una gran bailaora de flamenco, ‘muy buena amiga, una mujer muy sencilla que guarda mucho su intimidad'.

La velada continuó con Olguita Sinclair, de quien para su sorpresa, comentó su propio hermano, Jorge Sinclair. Para Sinclair, su hermana ‘es única, no se repite, es creativa', y esa fue una de las primeras enseñanzas de su padre el maestro Alfredo Sinclair: ‘Prohibido copiar, prohibido calcar'. El hermano de la artista destacó que Olguita no solo tuvo la difícil tarea de tener como maestro a un gran maestro, sino ‘tener luego que desligarse de esa figura para seguir su propio camino'.

A Pedro Rivera le correspondió la tarea de hablar sobre su amigo Mario Calvit, espacio que aprovechó para comentar los grandes cambios que ha sufrido la ciudad y también el medio artístico. Pocos eran los que podían vivir de lo que pintaban. Muchos tenían otras profesiones y los precios de los trabajos eran muy, muy bajos. Calvit trabajaba como marino y pintaba en los momentos que tenía libres.

Destacó la excelente relación entre los artistas de la época, un grupo de bohemios para quienes los bares eran muy importantes, pero asimismo grandes intelectuales capaces de echar adelante la escena artística nacional, cuando no existían las galerías de arte. ‘No había egos, había una amistad muy profunda', dice Rivera.

Silvia de Calvit, esposa del artista quien no estuvo presente por motivos de salud, transmitió a los presentes sus saludos y compartió algunas anécdotas muy graciosas, como aquella ocasión en que ella tomó, sin consultar, una obra terminada que tenía su esposo y la envió a concursar para el premio Miró el último año que tuvo categoría pintura. La preocupación de Calvit fue grande cuando escuchó en un noticiero que su obra había ganado el premio y decía ‘alguien metió la pata', porque él no había enviado a concursar ninguna.

Rodrigo Eissenmann se refirió sobre Alberto ‘Pimpito' Dutari.

Eissenmann destacó cómo, Dutari, quien emerge de un hogar donde estaban ausentes las expresiones artísticas, se desarrolla plenamente no solo en el arte sino en la filosofía y la política. Además, fue maestro de artistas como Antonio Alvarado.

El turno siguió para Ángeles Ramos Baquero, quien de Eduardo Navarro alabó su capacidad de innovación, su vocación para experimentar, su autenticidad, osadía y capacidad de enfrentar riesgo tras riesgo ante el lienzo, una obra que golpea. De acuerdo con Ramos Baquero, la obra de Navarro tiene un ‘carácter global que permite ser entendida en cualquier lugar del mundo'.

A Brooke Alfaro le correspondió comentar sobre el maestro Guillermo Trujillo, un hombre que ‘viene de una generación que rompió barreras y nos hizo el camino mucho más fácil a los que veníamos atrás'.

Según Alfaro, detrás de ese carácter fuerte y fama de difícil de la que aún goza quien fue su profesor de paisajismo, ‘sentí una conexión muy fuerte con él, su personalidad es muy acogedora'. Como mentor, Trujillo fue muy importante para Alfaro, quien recibió mucho aliento por parte de su maestro cuando decidió dedicarse de lleno al arte.

Alicia Viteri recuerda con mucho cariño que fue el maestro Trujillo el primero en abrirle los brazos cuando ella llegó al país, procedente de su natal Colombia. A través suyo, se abrió el taller de grabado ‘Los algarrobos'

Para Nancy Calvo, Trujillo es ‘un hombre muy serio con un corazón inmenso. Un gran profesor'.

Trujillo introdujo en Panamá el grabado y la cerámica. Es reconocido como un gran escultura, pintor y ceramista.

Con 90 años de edad, continua pintando. Para Horacio Icaza, Trujillo, más que su suegro, es un consejero y amigo, ‘un hombre estricto y fuerte, que te empuja a hacer más de lo que crees que puedes hacer'.

Álvaro Cambefort se refirió a su amigo Tabo Toral. ‘Nos conocimos porque a ambos nos gustaba ir a la zona (del Canal) a escuchar rock', rcuerda Cambefort. Destacó de Toral su dibujo muy mordaz que le valió muchos enemigos. Toral publicaba sus dibujos en la revista Diálogo Social y más adelante lo hizo en la revista Talingo .

‘Terminó con una figura arquetípica de un personaje barbado que te hacía meditar'. La ausencia de color es una constante en el trabajo inicial de Toral. Todo era blanco y negro', recuerda Cambefort.

Por temas políticos, Toral debió abandonar el país y por algún tiempo residió en Nueva York. ‘Hizo un cambio hacia obras con mucho color y figuras geométricas. Su obra ha seguido evolucionando hacia la abstracción', detalla Cambefort, quien como ser humano describe a Toral como íntegro, un buen amigo que te acompañará en las buenas y en las malas, respetando todos los criterios.

Pasaban las nueve de la noche, el fluido eléctrico se interrumpió varias veces, aunque no logró restar entusiasmo a la presentación a la que asistieron artistas, galeristas, coleccionistas, amigos y amantes del arte.

Quedaron algunos pendientes, pero siempre habrá una próxima vez.

PANAMÁ

El arte y su difícil comienzo

-A principios de la década de 1970 no existían galerías de arte y quienes se dedicaban a plasmar sus ideas en pinturas o esculturas debían pasar ‘el Niágara en bicicleta' para sobrevivir, pues los precios estaban por los suelos.

-Silvia de Calvit recuerda una mañana en que ella y su esposo Mario esperaban pacientemente que dieran las 10 de la mañana para cobrar un dinero que les debían de una obra que habían vendido. En el lugar coincidieron con Alfredo Sinclair y su esposa Olga, quienes habían ido casualmente a ofrecer una pintura a la misma persona.

-¿Crees que la quiera comprar? Estoy pidiendo 150.00 por ella', le consultó Sinclair a Calvit. Calvit le respondió que esa misma suma había pedido él por su obra y la había vendido.

-Desde entonces mucho ha pasado. La primera exposición colectiva se realizó en los predios del Arco Chato. Más adelante se creó el Instituto Panameño de Arte, Panarte, las galerías de arte florecieron y los precios de las obras ya no son los mismos.