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18 de Jan de 2021

Cultura

Aliento corrupto

Mientras tanto, la gente se siente insegura, los robos y los atracos han aumentado, pero dicen que es todo una percepción

Se murió Noriega. Polvo al polvo. Nos entretenemos debatiendo si es de ser buenas personas desear que se retuerza en el noveno círculo del Infierno, y los que malmanejan los asuntos de la nación hacen, deshacen y se burlan de todos. Y todos, como panolis, babeando con las sombras chinescas, mirando para donde les interesa que miremos, mientras, en nuestras narices, hacen desaparecer un elefante, o los sobornos de una compañía brasileña, que tanto da. Hombre, no digo yo que lo haya hecho a propósito, o que lo hayan acogotado para la ocasión, que no es eso, pero es innegable que todas estas cosas les van bien a los que tenemos ahora mismo pululando por los laberintos del poder.

Mientras tanto, la gente se siente insegura, los robos y los atracos han aumentado, pero dicen que es todo una percepción. Nos amenazan con castigarnos por difundir en las redes sociales noticias sin contrastar, para que no se magnifique un problema que ya existe. Pero no es solo eso, queridos y pacientes lectores, el problema va mucho más allá, el problema es que, ante la falta de resultados conseguidos con los experimentos dizque aguileños, al parecer, las mentes privilegiadas que han jurado protegernos y servirnos, han concluido que es una buena idea mentirnos y engañarnos, aunque para eso tengan que amedrentarnos. Les cuento, hace unos días, en un retén, detienen a un muchacho, llamémoslo Delaney. Delaney tiene su propia empresa, un canal de videos de humor, viene del gimnasio con ropa de deporte y lleva en su carro un juguete bélico que se compra legalmente en cualquier tienda de la Avenida B. Lo retienen, decía, lo esposan, lo llevan al cuartelillo, desmontan su carro, lo ridiculizan y lo asustan. Lo pasan a disposición judicial. Cuando por fin lo sueltan, averigua que los genios policiacos han pensado que era una buena idea subir una publicación a sus redes con una foto suya de espaldas y otra del arma de juguete, afirmando que se dedicaba a atracar a gente con ella. Así. Con dos cojones.

Supongo que cuando cayeron en cuenta de que el muchacho no era cualquier mindundi, sino que tenía cierto acceso a redes, alguien con un par de neuronas capaces de hacer sinapsis les dijo: ‘Borra esa vaina que nos van a joder' y ¡efectivamente! Existe, por si no lo saben, la ‘captura de pantalla', sí captura, así como eso que ustedes no pueden hacer con los delincuentes de verdad, pero de la pantalla del aparato electrónico. Eso significa que no importa que ustedes se apresuren a borrar la publicación, alguien, en algún sitio, ya ha preservado dicha metedura de pata para la posteridad. Son ustedes unos botarates.

El problema no es que ahora los call centers tengan que hacer horas extras defendiendo lo indefendible, o que nos preguntemos cuantas de las ‘supuestas capturas' realizadas por ustedes, en realidad eran falsas. El problema es que la legislación en Panamá es totalmente arbitraria, por ejemplo, ¿qué significa que te puedan multar por tener ‘aliento alcohólico'? ¿En serio hemos de confiar en el agente que decide que alguien tiene, o no, aliento alcohólico? ¿Me van a castigar porque un tipo lo dice? ¿Sin pruebas fehacientes? ¿Cómo puede el ciudadano alegar que la percepción olfativa de un tiparraco, (o tiparraca, que las mujeres agentes también piden coima, doy fe de ello) es cierta o no? ¿Nadie se da cuenta de que estamos a merced de que los que portan placa decidan que van a usarnos, a jugar con nosotros o a extorsionarnos?

En resumen, en este país ¿quién vigila a los vigilantes?

COLUMNISTA