La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Cultura

¿No se aburren?

No aprenden de los consejos porque no son capaces de oír más allá de lo que quieren escuchar

¿No se aburren de ser tan iguales? ¿No se aburren de meter siempre la pata en el mismo hueco de mierda? ¿En serio no se aburren? Porque, de verdad, qué pereza con ustedes. No sé al resto de los ciudadanos que aún conservan alguna neurona más que la de comer, la de dormir y la toma a tierra, pero a mí me tienen con el ovario derecho hinchado como un balón de esos que los once tipos en calzoncillos van a ir a patear en Rusia (¡yuuuuuujuuuuuuuuuu!).

¿En serio no son capaces de aprender? ¡Pero si hasta las ratas de laboratorio son capaces de hacerlo! Ya no digamos los perros. Pero claro, si cogemos a toda la clase política y los molemos juntos no llegamos a hacer ni un perro, ni uno solo, ni uno chiquito así como un chihuahua.

Los políticos no aprenden. No aprenden de la historia porque no les ha interesado estudiarla. No aprenden de los consejos porque no son capaces de oír más allá de lo que quieren escuchar. Y no aprenden en cabeza ajena porque nadie lo hace.

¡Pero es que tampoco aprenden cuando tropiezan cuatrocientas veces en la misma piedra, una y otra y otra vez! Y si, por casualidad, la piedra se les pierde entre el abrojo, la buscan para volver a chocar con ella, ¡carajo!

No sé si es estulticia o irracionalidad.

¿No se dan cuenta de que si hacen lo mismo por lo que sus antecesores están en la picota, es probable que ustedes terminen exactamente en el mismo sitio? ¿Realmente se creen que tienen súper poderes para poder evitarlo? Pues siento ser yo la que les diga que no, que atarse un mantel rojo al cuello no les da el poder de volar. Y que Santa son los padres.

Son ustedes, casi todos, oigan, casi todos, de aquí, de allá o de acullá, rojos, azules, naranjas, unos completos estólidos. Y no se lo mando a decir con nadie.

Veamos, ustedes saben que el cambio climático es verídico, lo saben, aunque quieran negarlo o hacerse los imbéciles, lo saben, pero prefieren cerrar los ojos, ignorar que ya hay unas cuantas islas ahogadas y continuar con sus concesiones. Concesiones que, (todos lo sabemos aunque prefiramos mirar para otro lado, el común de los mortales también somos imbéciles, no se crean, si no fuera así ustedes no podrían andar por la calle sin que les llovieran los tomatazos), les dejan jugosos ingresos mal habidos en sus bolsillos.

Concesionan manglares, concesionan miles de hectáreas de costa virgen, concesionan parques naturales y áreas protegidas. Se reparten playas, esteros, la arena de los ríos y el agua de las quebradas. Pretenden modificar usos de suelo para poder seguir lucrando, insaciables, a costa de muertes. Muertes que caerían sobre sus conciencias, si las tuvieran o tuviesen, que al parecer, no es este el caso. No solo mueren árboles y animales, también van a morir personas, sépanlo ustedes, y su sangre manchará sus manos y sus billetitos.

Ya sé que ustedes, todos ustedes, los de un partido y los del otro, los que están y los que se fueron y seguramente los que vendrán, no me van a hacer ni puñetero caso, no escribo esto para tratar de hacerles entender, sino para poder dormir por la noche. Porque yo trato de hacer todo aquello que está en mi mano para minimizar el daño que mi existencia le hace al planeta, pero ustedes… ustedes y su codicia son una lacra. Alguien tenía que decírselo a la cara. Lástima que los colonenses estén muy ocupados ahora mismo.

COLUMNISTA