La Estrella de Panamá
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17 de Oct de 2019

Cultura

Mnemosine

Que una periodista en un lapsus de pedantería y sabihondez venga ahora a negar la importancia de la memoria nos demuestra por qué estamos como estamos

Que usted no crea, no quiere decir que no existan. Y yo que usted, señorita, no me metería con ninguna diosa, por muy lejana u olvidada que pareciera, que la ira de los olímpicos es terrible e irredenta. Miren sino lo que le pasó al pobre Odiseo, dando tumbos por todo el Mediterráneo y parte del Hades.

Y decir que no sirve para nada la memoria no es solo una ofensa a Mnemosine, diosa de la memoria, la que recuerda todo lo que fue, es y será; la que posee el conocimiento de los orígenes y de las raíces. Es un insulto a todos los que durante millones de años han aprendido para recordar, han recordado para aprender.

Que una periodista en un lapsus de pedantería y sabihondez venga ahora a negar la importancia de la memoria nos demuestra por qué estamos como estamos. Quiero creer que fue eso, un lapsus, un donde dije digo quise decir Diego. Un mi lengua fue más deprisa que mi mente, vamos, creo que no ha querido decir realmente que la poesía es inservible y que la memoria es inútil. En serio, quiero creerlo.

Y quiero creerlo porque si no fue así, si esa desafortunada frase expresa realmente lo que cree una persona culta y formadora de opinión, entonces, nos merecemos los asnos con corbata que tenemos en la Asamblea. Nos merecemos al energúmeno que, sin vergüenza ni pundonor, reconoce que mintió y engaño para llegar a donde no merece estar. Nos merecemos al bergante que después haber reconocido ser un corrupto coimero sigue chupando de nuestra teta.

Si es cierto que la gente cree que la poesía y la memoria no sirven para nada, nos merecemos que el Teatro Nacional se caiga, que el Museo Antropológico no reabra nunca, que las ruinas de Portobelo y San Lorenzo se vengan abajo por fin y que los altares de San Francisco de la Montaña sean devorados por el comején.

¿Para qué sirve la poesía? ¿Quizás para poder encontrar solaz después de ver toda la mierda horrísona que nos rodea? ¿Quizás para mantener viva la llama de la esperanza en el ser humano?

¿Para qué sirve aprender poesías de memoria? ¿Quizás para poder recurrir a ellas en los momentos de angustia? ‘Y aunque se sumerjan en profundas aguas tendrán que resurgir. / Y aunque los amantes se extravíen perdurará el amor. / Y la muerte perderá su dominio.' ¿Quizás para no sentirnos solos cuando invocamos a la desesperación? ‘Me gusta que al Averno / lleven a los mortales / y allí todos los males / les hagan padecer; / les abran las entrañas, / les rasguen los tendones, / rompan los corazones / sin de ayes caso hacer.' ¿Quizás para que te azucen a mantener alta la frente y el corazón valiente cuando has de plantarte delante de la injusticia? ‘No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo. / ¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?'

No. No permito que digan que no sirven de nada la memoria y la poesía. Sin poesía somos apenas mostrencos rebozándonos en el fango de la infecta cotidianeidad. Sin memoria nos condenamos a nosotros mismos a repetir una y otra vez la apertura de piernas en seco ante la zahúrda de golfos, canallas, fulleros, bellacos irrespetuosos, rufianes, perdularios, tunantes y tunantas, truhanes, villanos, frescales osados, y desvergonzados que en este momento nos desgobierna.

COLUMNISTA