Panamá,25º

05 de Dec de 2019

Cultura

Pequeños escritores

Los estudiantes del 6° grado B del Colegio Francés Paul Gauguin debutan con ‘Los hijos de la luna', un cuento imaginario con guiños de realidad social sobre el albinismo en Guna Yala

Los alumnos del sexto grado B del Colegio Francés Paul Gauguin de Panamá Pacífico se han convertido en intérpretes tiernos, capaces de indagar y traducir lo que han ido descubriendo. Evidencian la virtud de la imaginación, que como niños asoman en cada frase del libro. Debutan como contadores de historias con su obra Los hijos de la Luna (Geosmine Editions, 2018), un cuento fantástico que describe el albinismo, circunstancia particular de algunos habitantes de la comarca Guna Yala.

Y es que la etnia tiene la tasa más alta de esta condición en todo el mundo, dato que alentó a los niños a componer cada texto.

Hanne Estrella es una niña de 11 años. Ya puede presumir su primer libro, así como sus demás compañeritos de clases. Ella ya sabía relatar historias antes de aprender a escribir. ‘De niña creaba cuentos y mi madre los ilustraba', revive, y aquello que comenzó desde el inicio de su vida, le concede la vocación que aún persiste, la de escribir. Hoy celebra su primera publicación, ‘un sueño que todavía no logro concebir', dice y narra, ‘todo comenzó hace ocho meses, cuando nuestra maestra nos mandó a leer un ensayo. Ese libro nos transportó a Tanzania. Detectamos que en esa región existen muchos niños albinos. Entonces investigamos y hallamos que aquí en Panamá, en Guna Yala, también existen', explica Hanne.

‘La cultura nos enseña, nos hace crecer. Preferimos leer antes que jugar con el celular o la tablet',

MARTINA DE LA HOSS

ALUMNA DE SEXTO GRADO B DEL COLEGIO FRANCÉS PAUL GAUGUIN

Además, la documentación, la sencillez en la prosa y la creatividad son la base del proyecto de los muchachos, que resalta la fantasía en sus 36 páginas, escritas en impecable francés y español.

Poco a poco, Hanne y sus compañeros, junto a la coordinación de Estelle Iacone, profesora y documentalista, y Nathalie Morin Dallain, profesora de francés, fueron plasmando sus ideas, orientadas a la invención de personajes mágicos que relatan una riña entre el Sol y la Luna, donde el villano (el Sol), con sus rayos, lastima a estos seres sin melanina defensiva. ‘Ubicamos nuestra historia a orillas del traslúcido Mar Caribe. Sin tardar, introdujimos a los valientes guerreros blancos, Ilamagun y Sibbu, personajes protagonistas. Espolvoreamos el escrito con una mezcla de pasado simple e imperfecto y así fomentamos el destino heroico de estos seres extraordinarios', ilustra Dallain.

A esta premisa añade Hanne que quisieron ‘destacar la esencia de las personas que sufren este trastorno y así ayudar a crear un mundo mejor para todos'.

Todo cuento para nacer, exige una imprenta. Exige una difusión y exige una estampa llamativa. Martina, alumna de 11 años, y Guillet, de la misma edad, asumieron el desafío de conseguirlo. ‘Hicimos una investigación y descubrimos que en Colombia había una rotativa que nos podía ayudar. Después, buscamos el dinero: llamamos a varias empresas para que nos colaboraran y también a nuestros padres', dice Martina con voz sutil. Además agrega que ella y sus compañero trabajaron ‘arduamente' para escoger los dibujos, realizados por Estelle Iacone, para que el libro resultara ‘bonito'.

Rodrigo, joven de 12 años, comunica, con algarabía, que durante el lanzamiento de Los hijos de la Luna en la Alianza Francesa, el embajador Brice Roquefeuil los invitó a visitar la comarca y así compartir con los niños albinos de esa región. ‘Cuando era más chico viajé, en una lancha, con personas albinas. Me asusté. No sabía por qué eran tan blancos. Ahora conozco este estado y quiero ayudarlos', sonríe.

ANTE UNA ‘TABLET', EL LIBRO

Sorprende, sí, que en un mundo donde la tecnología ha consumido al individuo (para bien o para mal) estos niños del Colegio Paul Gauguin prefieran leer antes que clavar su mirada en un celular o una tablet , en momentos de ocio.

Al unísono respondieron, a esta periodista, que ‘la cultura nos enseña, nos hace crecer'. Quizá sea utópica esta afirmación en tiempos de smatphones y tablets , pero en este caso la han sabido evidenciar muy bien. ‘Nuestra meta más cercana era este libro. Ahora lo tenemos en nuestras manos. Estamos felices. ¡Ahora, somos escritores!'.