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12 de Dec de 2019

Cultura

Predeterminación

Promediaba julio, pero la lluvia aún no constituía ni siquiera una posibilidad remota

Predeterminación

Venía caminando bajo el peso de su hacha desde hacía más de dos horas, a través de andurriales resecos, aplastados por el sol. El agua se había acabado varias leguas antes, y el sudor y la luz del mediodía le impedían abrir los ojos. Tres zopilotes vigilaban desde lo alto, sostenidos por la promesa de su instinto.

Promediaba julio, pero la lluvia aún no constituía ni siquiera una posibilidad remota. El sol, en cambio, correteaba con su brillo vigoroso, de un confín al otro, por el filo refulgente del hacha sobre el hombro.

Cuando ya creía que iba a desfallecer, apareció a lo lejos el árbol, el mítico árbol del cual le hablaran unos viajeros extraviados antes de morir.

Se sentó bajo la fronda impensada en aquel mar de vastedades y creyó que eran mentiras los silbos del viento entre las ramas y el esquivo guiño azul de un azulejo. Tomó aire, aire fresco, y apartándose la sal acumulada entre las cejas, se declaró en condiciones para emprender la rústica tarea.

Y casi llorando, porque entendía muy bien lo que estaba haciendo, asestó el primer hachazo sobre el tronco del último árbol de su sabana.

ESCRITOR Y DOCENTE