26 de Sep de 2022

Cultura

Perros

A mí me han mordido dos perros en mi vida. Ninguno de los dos levantaba más de un palmo del suelo

Hay pocas relaciones simbióticas que hayan sido más importantes para el ser humano que la que hace miles y miles de años desarrollamos con los lobos. Solo podemos imaginar cómo fue aquel primer contacto entre un ser humano y un Canis lupus, ¿fue simplemente el acuerdo tácito de apoyarse ambas manadas en el acoso y la caza de las presas? ¿Fue una historia de amor y amistad como la que vimos en la película Alpha? ¿Fueron varias formas en distintos momentos y lugares? Es probable que haya sido una mezcla de todas y cada una, lo cierto es que desde tiempos inmemoriales los perros han sido compañía, camaradería, calor, cuidado y cariño. Hemos trabajado codo con codo, los hemos criado y comido. A cambio lo único que nos piden es que los acariciemos detrás de las orejas.

A mí me han mordido dos perros en mi vida. Ninguno de los dos levantaba más de un palmo del suelo, ambos falderos, ambos mordiscos buscados por mí y así aprendí a no tocar a quien no debo.

¿Hay perros peligrosos? No me hagan reír, señores. Peligrosos son los puñeteros diablos rojos y los busitos pirata, que hieren y matan a mucha más gente al año y aún faltan los diputados con los redaños suficientes para presentar un proyecto de ley que los erradique de verdad. ¿Será que alguno de ellos tiene intereses en ese negocio? ¿Los perros muerden? Claro, dientes tienen, y también muerden los niños, y aún falta que alguien pase un proyecto de ley para obligar a los padres a tener un seguro para cubrir los daños que sus adorados retoños causan. ¿Hay que cuidar a nuestros niños de las muertes provocadas por los canes agresivos? ¿Y qué legislador ha pensado en ponerse a proteger de verdad a nuestros infantes de los depredadores sexuales, todos ellos Homo sapiens que pululan entre nosotros?

Es una vergüenza que se entretengan en estas pendejadas mientras las escuelas siguen sin estar listas, mientras, un año escolar más, los niños de áreas indígenas tienen que volver a ir a la escuela por trochas y ríos, jugándose la vida cada día. Y ¿saben qué?, y esto lo he visto yo con mis ojos, muchos de ellos van acompañados de sus canes, perrillos mestizos y listos como el hambre que trotan a los talones de sus amos y los custodian de ida y vuelta de la escuela, esperándolos mientras dan clase.

¿Controlar los perros peligrosos? Señores diputados, ¿porqué no tratan de controlar sus niveles de alcoholemia antes de coger su carrazo para así no asesinar niños? ¿Cuántos niños murieron el año pasado por mordiscos de perro en Panamá? Lo cierto es que no tengo los datos, pero puedo dar el número de niñas que murieron por impacto contra carro de legislador.

¿Por qué, en lugar de perseguir a las supuestas razas, dizque, peligrosas no se esfuerzan realmente en poner un coto a las peleas ilegales de perros? ¿O será que algunos de ustedes (o de sus conocidos) disfrutan viendo a seres vivos destrozarse a dentelladas igual que sé que muchos de ustedes disfrutan viendo cómo dos gallos se enzarzan a picotazos?

Todas estas propuestas absurdas no son más que distracciones para que no nos fijemos en las tracalerías y macalucias que ustedes están haciendo en la Asamblea, de dónde surgen efluvios de mierda corrupta como nubes hediondas.

Viendo lo que se ve en este país, la verdad es que lo que apetecería sería azuzar a unos cuantos perros y lanzarlos contra la jarca de golfos apandadores a los que les pagamos para que nos tomen el pelo.

COLUMNISTA