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21 de Jan de 2020

Cultura

Consejos doy

Señores candidatos, busquen, por aquello que más quieran, un entrenador personal

Por María Santísima, prepárense. Este es mi consejo. Para todos y todas, porque lo que viene bajando es una catarata de mierda. Apenas estamos empezando y ya hay dimes y diretes con lo de la bendita veda, que al parecer solo lo es para los malotes que se empeñan en asolear a las blancas palomitas que se visten de blanco para su investidura y no hay veda para disparar a matar las neuronas de los electores despistados.

Pero es que además ya hemos empezado con los debates, debates que tienen de debate lo mismo que yo tengo de beata, digamos que más bien poco. Y para que no digan, yo me voy a ceñir a la definición de ‘debate' que nos ofrece el DRAE:

Debate, en su primera acepción es una controversia o discusión. En la segunda acepción una contienda, lucha o combate. Quizás lo que no queda claro es lo de la controversia. Busquemos su significado, la primera acepción de controversia nos dice que es una discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas. Una discusión es el análisis o comparación de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes o posibles. Discutir viene del latín ‘discutere', que significa disipar o resolver, examinar atenta y particularmente una materia y contender y alegar razones contra el parecer de alguien.

Como ven, lo que se dio entre los candidatos a presidente en días pasados pudo ser muchas cosas, pero no fue un debate, allí no se debatió, ni se contendió, ni se examinó, ni se discutió ni se analizó o explicó nada.

Los candidatillos, que ni a candidatos llegan, se trabucaban, salían por peteneras, trataban de defenderse ad hominem de los argumentos ad logicam y terminaron ridiculizándose.

Todo es muy absurdo, alguno parece suponer que está ungido y tiene el triunfo en la mano porque quiere y porque puede. Otra apela a la compasión y señala que, al parecer, como fue pobre, la sociedad le debe cumplir su sueño. El otro iluminado se atreve a decir que bajo su gobierno no se va a importar nada, ¡tócate los cataplines! ¿Nada de nada en serio? Díganle a ese señor que por favor, se tome la medicación. O se la deje de tomar. Ninguno destacando, ninguno siendo incisivo, ninguno convenciendo.

Todos apelando al subsidio y a las becas. Ninguno con planes concretos para acabar con el juegavivo y la corrupción galopante. Todos coinciden en que hay que cambiar las reglas de juego, pero ninguno parece entender que cambiar las reglas implicaría que el que sea que esté arriba corre el riesgo de quedar fuera una vez cambiado el juego. Y miren, señores, a mí no me la dan con queso, al igual que el papanatas que está ahora mismo en la silla presidencial dijo que lo haría y cuando empezó a chupar la teta de prebendas y mamandurrias, donde dije constituyente digo bendición papal, no veo a ninguno de los que ahora compiten por el sueldo jugoso y la pensión vitalicia quitándose del medio una vez alcanzada la meta.

Y por último, señores candidatos, busquen, por aquello que más quieran, un entrenador personal, un asesor, o como coño quieran llamarlo que les de unas cuantas sesiones clave de imagen y proyección personal, unas nociones de retórica y oratoria y un pelín de cultura general e historia política particular. Su imagen y el nivel político del país se lo van a agradecer.

Además, el saber no ocupa lugar y nunca es tarde para aprender a presentarse en público, que lo de parecer marionetas queda muy feo. Y aburre.

COLUMNISTA