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18 de Oct de 2019

Cultura

¿Cuánto cuesta ser ecoamigable en Panamá?

Se trata de una industria que camina con la intención de reducir a su mínima expresión el impacto del hombre en el medio ambiente. Sin embargo, sus altos costos en el mercado limitan considerablemente el acceso a esta oferta de productos

¿Cuánto cuesta ser ecoamigable en Panamá?Shutterstock

Hoy las voces que denuncian las prácticas nocivas con impacto ambiental y que inciden en asuntos como el calentamiento global resuenan con más fuerza. Con la realización de la Cumbre sobre la Acción Climática, este lunes —encuentro que reunió a gobiernos, sector privado, sociedad civil, autoridades locales y otras organizaciones internacionales— se ha llevado al tapete la necesidad de estimular cambios reales que aseguren la preservación del suelo que habitamos.

El mercado de productos ecoamigables parece abrirse un camino cada vez más sólido en el mundo y Panamá no está exenta de ello. La oferta de alternativas orgánicas, desechables, biodegradables y sin ingredientes cuya obtención y/o procesamiento causa daños irreversibles al ecosistema va ganando terreno.

Walter Pardavé Livia explica en la obra Una aproximación al mercadeo ecológico que un consumidor ecoamigable evita productos que implican un derroche innecesario, que atenten contra el medio ambiente con materia prima que ponga en peligro al planeta y que tengan que ver con la explotación de flora y fauna.

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Se trata de artículos elaborados con el objetivo de ocasionar un impacto menor al entorno durante su fabricación o a lo largo de su ciclo de vida, es decir, en la forma como son hechos, utilizados o en su disposición final.

En el caso de los orgánicos, son productos agrícola o agroindustriales que se obtienen por medio de un proceso saludable y sin daños al medio ambiente. No se emplean herbicidas o pesticidas químicos para su elaboración, por ende, hay un cuidado del medio ambiente al no utilizar químicos, desechos tóxicos ni contaminación del aire, suelo o agua protegiendo la biodiversidad.

Marcas como Lush, por mencionar solo una de las que hacen vida en el país, ofrece cosméticos responsables y la venta de algunos de sus productos se destina en un 100% a proyectos ambientales, humanitarios o de derecho animal. Además, están en contra de utilizar animales en sus pruebas y sus ingredientes son 100% de origen vegetal, no utilizan químicos u otras alternativas artificiales. Una oferta que parece ser tentadora, pero ¿es accesible a todos los segmentos?

La realidad es que, si bien impactan de manera positiva a largo plazo, son mucho más costosos que los convencionales, lo que tiende a desviar el comportamiento de consumo. Mientras un litro de leche tradicional apenas excede $1, la leche con el sello 'Non GMO Verified' (sin modificaciones genéticas, lo que garantiza, según algunos estudios, que no habrá riesgos a la salud o al ambiente) , alcanza los $4. Unas 18 bolsas de té de camomila orgánica rondan los $7, mientras que las tradicionales se ubican en cerca de los $3.

“Los impuestos que deben pagarse por la importación de productos biodegradables o compostables en la naturaleza, deberían ser exonerados”,

ALIDA SPADAFORA
BIÓLOGA Y AMBIENTALISTA

Una crema hidratante facial tradicional podría encontrarse en $10, mientras que aquella producida bajo parámetros libres de crueldad animal y naturales alcanza los $50. Como estos contrastes, hay otros tantos en harinas, aceites, bebidas, además de productos de belleza y cuidado personal.

Alida Spadafora, bióloga y ambientalista, sustenta esta afirmación. “Realmente el mercado no está ayudando al consumo de estos productos ya que pagan impuestos igual que otros durante su ingreso al país y al final no es tan viable consumirlos”.

“Los impuestos que deben pagarse por la importación de productos biodegradables o compostables en la naturaleza deberían ser exonerados ”, dice.

Spadafora asegura que “hay que sustituir los productos que no son amigables para el ambiente y adoptar medidas gubernamentales para que esto sea viable económicamente”.

“Una medida interesante sería establecer un impuesto al plástico y minimizar impuestos a la importación de productos ecoamigables, sin dejar de ver los incentivos a las plantas de tratamiento de residuos, aquellas que están en la cadena de manejo de residuos y que impiden que los desechos vayan a un vertedero donde causarían daños a la salud”, agrega.

“La Ley 33 de la política de basura cero contiene las bases para que el Gobierno gestione e incentive los productos que son de difícil manejo y contaminantes. Allí están las herramientas para que el Gobierno tome decisiones a través de medidas”, enuncia.

Sobre el desarrollo de este mercado en Panamá, manifiesta que aunque aún queda un largo camino por transitar “ha habido un avance y las puertas se han abierto, pero necesitamos incentivos”.

“Si un establecimiento quiere emplear envases que no son de plástico cualquiera, las opciones son más costosas; por ende, optará por las opciones que no son ecofriendly porque aún están permitidas”, cita.

Sin embargo, “el ciudadano también debe aprender a rechazar”, explica, un escenario en el que el consumidor debe ser más crítico, sin atentar contra su bolsillo, explorando opciones que impliquen, por ejemplo, menos embalajes y materiales reutilizables.

Ana Rodríguez es colaboradora de la Fundación Eco Creando y cree que hay un gran problema: “todo lo eco es muy costoso. Si hay que comprar papel ecológico, por ejemplo, es carísimo, al igual que adquirir alimentos orgánicos”.

“Yo soy ecoamigable, pero no puedo adquirir una resma de papel eco en $15; mucha gente preferirá la de $3. Hay que tener un buen bolsillo para ser eco”, lamenta.

A este paso, manifiesta, Panamá no logrará grandes avances, a diferencia de países donde con prácticas como el reciclaje, la ciudadanía obtiene otros beneficios.

María Dutari, miembro del Centro de Incidencia Ambiental (CIAM Panamá) añade que “aunque se trate de estrategias que suelen ser impulsadas por los consumidores, el Estado también debe dar incentivos para promover el consumo consciente”.

“Pensamos que consumir productos sostenibles, biodegradables y que se obtienen en una cadena que respeta los derechos humanos y el medio ambiente es lo ideal”, menciona.

Rita Spadafora, directora ejecutiva de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon), sostiene que consumir artículos ecofriendly en Panamá es caro. “En general, los alimentos en Panamá son costosos, por un lado porque no producimos mucho localmente y porque los vegetales son cultivados en zonas alejadas de los centros urbanos. Panamá no cuenta con muchas tierras con vocación agrícola, el costo de la tierra es alto y en general, en todas partes del mundo, cultivar sin utilizar químicos es costoso porque requiere de más trabajo manual”.

“Ciertamente es costoso comprar alimentos con certificaciones; es una realidad que esperamos pueda cambiar con una mayor producción local gracias a incentivos y asistencia técnica a más agricultores”, afirma.

A lo anterior agrega que “los productos importados y de origen ecoamigable siempre tinen precios más elevados. Nuestro país es un mercado pequeño y eso también tiene un impacto en los precios”.

Para la ejecutiva de Ancon, “el aumento en el consumo de estos productos hará que los costos vayan bajando al tener un mayor volumen de distribución. Es importante también que los productores ecoamigables reciban mayor apoyo de los gobiernos porque sus actividades tienen impactos sociales y ambientales”, ya que, “para generar cambios, siempre se requiere de un empuje inicial que sirva de motor a las iniciativas positivas”.

Ojo crítico y observación

Rebeca Medina es periodista y cuenta con años de experiencia investigando el consumo responsable y consciente con el ambiente. Explica que los productos orgánicos son naturales y no poseen químicos fuertes que puedan ocasionar daños al ecosistema o al consumidor. “El aceite de palma es altamente nocivo y cancerígeno si se consume en grandes cantidades; es uno de los más económicos y utilizados mundialmente; está presente en muchísimos productos comestibles y de belleza”.

Para su obtención, explica, las grandes corporaciones del mundo deforestan abundantes bosques vírgenes en países como Indonesia y Brasil. “Al quemar tantas hectáreas, generan una burbuja inmensa de carbono (COD) y afectan el hábitat de miles de especies”.

Medina recuerda que algunas marcas juegan con el packaging de manera engañosa, empleando diseños, colores y mensajes que podrían confundirse con una función ecológica; sin embargo, al leer las etiquetas, se evidencia una realidad distinta.

“Hay fórmulas de bloqueadores solares que dañan el mar con sus químicos. En ese momento pierden la facultad de ecoamigables. Lo ecofriendly puede no ser orgánico; puede haber incongruencias”, asegura.

Sobre la diferencia de precios frente a los productos tradicionales, apunta que es “abismal”. “Suelen ser compañías más pequeñas, mientras que las de producción masiva raras veces tienen líneas orgánicas y hacen todo lo más barato posible; empacan, venden y son exitosos así”.

“La realidad es que es muy conveniente comprar cualquier producto, el más accesible o el que encuentras en la tienda. Muchas veces nos gana la comodidad. A ello se suma que no hay información suficiente en contraste con los billones en marketing y publicidad que invierten las corporaciones”, expone.

“Estamos en un momento de crisis donde vemos las consecuencias de la manera en que vivimos. Hay que tomar consciencia. Quienes quieran iniciar con acciones, deben saber elegir sus batallas y engancharse con un producto a la vez”, recalca.

La periodista reflexiona que “estos cambios beneficiarán a las próximas generaciones. Nuestros hijos heredarán las consecuencias de lo que dejemos”, enfatiza.

La Organización de las Naciones Unidas señaló recientemente que “si actuamos ya, podemos reducir las emisiones de carbono de aquí a 12 años y frenar el aumento de la temperatura media anual por debajo de los 2 °C, o incluso a 1.5 °C por encima de los niveles preindustriales, según los datos científicos más recientes”.

Al cierre de la Cumbre sobre Acción Climática, el secretario general de la ONU, António Guterres, dijo que “necesitamos planes más concretos, más ambición de más países y más empresas. Necesitamos todas las instituciones financieras, públicas y privadas, para elegir, de una vez por todas, la economía verde ".