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18 de Oct de 2019

Cultura

De venta en sus mejores universidades

Sabiendo que la educación es un producto y las universidades son las empresas que lo brindan, ¿cómo está la calidad de dicho producto?

La definición tradicional de educación apunta al desarrollo de capacidades y competencias intelectuales, psicológicas, físicas y morales.Shutterstock

Empresa: La Universidad. Cliente: Los estudiantes. Producto: Educación. Si no lo vemos así, nuestras universidades no ofrecerán lo mejor y sus clientes no exigirán lo mejor.

La mayoría de las definiciones, de uso común, por lo general, apuntan a afirmar que la educación es un proceso cuya función es desarrollar capacidades y competencias intelectuales, psicológicas, físicas y morales; dirigidas a personas que pueden tener un mejor desempeño en el sistema social a cambio de un beneficio económico a futuro con un costo de inversión inmediata.

En resumen, la educación universitaria es netamente una relación comercial de ganar y ganar.

Ahora bien, sabiendo que la educación es un producto y las universidades son las empresas que lo brindan, ¿cómo está la calidad de dicho producto?

Cuando vas a una tienda para adquirir un producto, eliges sólo lo mejor y si al abrir el empaque, sale defectuoso, ¿no solicitarías un cambio?

Cuando hablamos de la calidad en la educación, nos referimos a un proceso continuado y mejorado, en lugar de acciones aisladas; también hablamos de un proceso planificado además de controlado con una perfecta identificación de los requerimientos de nuestro “cliente” primario: el alumno.

Es por ello que hoy día, a mi criterio, estos son los requerimientos que la educación, como producto de excelencia, deben tener:

Escuchar al cliente

A veces las universidades hacen caso omiso a este pequeño detalle, y ofrecen a su criterio un buen producto pero con deficiencias (horarios, estacionamientos, seguridad, tecnología, comodidad en los salones, compromiso de profesores, actividades extracurriculares y hasta calidad y variedad de alimentos disponibles en las instalaciones, entre otros detalles). Deficiencias que muchas veces los estudiantes, se dan a la tarea de divulgar de boca en boca o a través de las redes sociales al ser ignorados por la empresa.

Preparación del producto

Decía Juan Pablo II que “el que no se forma para formar, corre el riesgo de deformar gravemente”.

Siendo el cuerpo docente el primer eslabón en la relación cliente-empresa, no basta con que sepan, es necesario ejercer los conocimientos para saber qué cambios hay en el campo laboral, hoy fuertemente competitivo, para modificar el programa de enseñanza de la carrera que se brinda y de la materia que se imparte a la realidad actual.

Con la magia de la tecnología un libro no puede ser la única fuente de referencia, el hacer caso omiso a recomendaciones de otro profesional es hacer caso omiso al compromiso de formar. Aquel que enseña tiene que estar dispuesto a aprender.

Hoy, una licenciatura no basta, las maestrías y doctorados son los peldaños que nos llevan a la cima de la montaña. Ya lo decía Mahoma, “no pases el tiempo soñando del pasado y del porvenir, prepárate para el presente”.

Detallar la calidad final del producto

Que hoy existan universidades que carecen de equipos Apple, estudios de edición y fotográficos, cámaras de filmación de última tecnología, libros o suscripciones de revistas de publicidad regional, salas de videoconferencias y que a la vez ofrezca diseño o comunicación, es equivalente a que una escuela de derecho no tenga una sala de simulación de un juzgado, ni libros de leyes para consultar o que una escuela de psicología no tenga una clínica… simplemente es imperdonable.

Hoy, tener Internet de alta velocidad, áreas dónde el estudiante pueda debatir y preparar sus trabajos con la calidad que requiere para ser competitivo en el mercado laboral, material de información como base y referencia y un grupo de estudiantes, llámese asociaciones, que constantemente inviten a profesionales de calidad para intercambiar conocimientos, no es un lujo, es una necesidad imprescindible.

Cada carrera que ofrezca una casa de estudio, debe estar respaldada no sólo con lo básico materialmente hablando, sino con profesionales que sepan manejar óptimamente todas las herramientas de última generación, de no ser así, eso sería detenerse en el confort de la mediocridad.

Una casa de estudio de primer nivel, debe tener lo que un mercado competitivo exige para que los profesionales en preparación, puedan competir con profesionales de primer mundo en un mercado globalizado.

Todo esto no sólo hace que el producto (educación) sea el mejor y su calidad envidiable, sino que facilita la vida de su cliente y empodera la reputación de la marca y empresa.

Entonces, regresemos al principio, si la relación es de ganar – ganar, ¿qué ganan las universidades al ofrecerle esto y más a su cuerpo estudiantil? Además de mejores ingresos, reputación, ya que lograrán estar dentro del top of mind de su cliente potencial.

Kevin Roberts, CEO de Saatchi and Saatchi, tiene un libro llamado Lovemark. Te lo recomiendo. Luego de leerlo, seas rector, profesor o estudiante, pregúntate ¿es tu universidad una 'lovemark'? ¿cumple y está alineada con tu meta profesional?