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27 de May de 2020

Cultura

Panamá y Lima: 'Ut pictura poesis' o el esplendor de la pintura virreynal

El crepúsculo del virreinato peruano no mermó el intercambio de obras de arte

El delegado episcopal cuzqueño hizo una venia que, con cortesía, fue respondida por el Oidor de la Audiencia de Lima Don Pedro José Bravo de Lagunas quien apenas podía contener su emoción al tiempo que elevaba un "Acordaos" por el alma de "Monseñor Manuel", como le llamaba con cariño de alumno desde su mocedad al señor Obispo Mollinedo y Angulo, que le había hecho la merced de cederle, como última voluntad, algo que añoraba profundamente. 

Para compartir ese momento había invitado a otro oidor amigo suyo desde los años mozos en el colegio San Felipe y que compartía con él la pasión por el arte, el panameño Pedro Antonio de Echeverz y Zubiza. 

El delegado dominico parecía tener prisa para emprender el regreso a su telúrico terruño cuzqueño porque hizo una señal e inmediatamente dos portadores corrieron el lazo de un pellejo de cordero.

 Ante los deslumbrados ojos de Bravo de Lagunas y de Echeverz apareció la imagen de "San José expirando”, lienzo en técnica azul y que el virrey Castelldosríus pretendió adquirir.

El crepúsculo del virreinato peruano no mermó el intercambio de obras de arte. El cambio de dinastía que se había dado en España con los Borbones produjo en Lima una transformación de la economía siguiendo los postulados ilustrados. Se aceptó la legalidad del contrabando por Real Cédula de 1701 y se generaron cambios en la corriente comercial. 

Buenos Aires consiguió en 1720 recibir el comercio de Europa, ocasionando que Lima dejara de ser el centro distribuidor y que perdiese el mercado de la plata, esto también afectó a Panamá. 

Para agudizar la situación, se registraron ataques de piratas como el ocurrido en 1739 por Anson–captor del galeón de Manila en 1743- que evidenció lo expuestas que estaban las zonas costeras desde El Callao al Istmo. Lo comercial tuvo su influencia en lo artístico pero como efecto inverso. Es verdad que se verifica una aceptación de la corriente estética del naturalismo sevillano que influyó en los temas pintados en Lima -la Ciudad de Los Reyes- concretamente en los claustros conventuales y en los interiores de los templos, pero ante las dificultades financieras, la producción de lienzos no solo no decae sino se intensifica entrando con fuerza en el mundo devocional de los funcionarios virreinales que añaden sus propios gustos por el bodegón y los paisajes. En tiempos de crisis, el arte es un recaudo tan poderoso como el oro.

Bravo de Lagunas, así como Echeverz trabaron amistad con Cristóbal Lozano, pintor limeño de los más influyentes en el siglo XVIII, quien tuvo una amplia nómina de seguidores que copiaron sus modelos como José Joaquín Bermejo y Cristóbal de Aguilar. Particularmente Echeverz compartió varios de estos lienzos con su hermano Fermín, también panameño, coronel y gobernador de la provincia de Nueva Galicia entre 1743 y 1751 (actual Estado de Jalisco). 

Para tener una idea de la trascendencia de este comercio y de la calidad de las pinturas baste mencionar que el retrato ecuestre del Virrey del Perú Conde de Superunda pintado por Lozano terminó en el Museo de América de Madrid. Un competidor de Lozano era el pintor Cristóbal Daza, también limeño, cuyas producciones se vendían preferentemente en Guayaquil donde Bernardo Antonio, el menor de los Echeverz, era militar y regidor. Sin embargo, tanto Lozano como Daza coincidieron en las composiciones cromáticas decantándose por los tonos vivaces acompañados del dorado, característica esta última que resultó distintiva de la llamada "escuela cuzqueña".

La colección personal de Bravo de Lagunas de más de cien lienzos –entre ellosveinte y tres cuadros de Flandes, nueve de España, ocho de Francia- evidencia su refinamiento y el esmero que puso para escoger cada pieza. Como ejemplo puede señalarse la pintura con el tema de la Asunción de María, copia de una imagen de Murillo que encargó para el convento limeño de la Buena Muerte y que tuvo un costo total de doscientos pesos cuando la media para ese tipo de lienzos oscilaba entre dos y veinte pesos (Orencio de Azcarrunz, Protocolos Notariales, 1765).

Gracias a los testamentos del Obispo del Cuzco Manuel de Mollinedo y Angulo así como del de Bravo de Lagunas –trabajados con celo por L. Wuffarden y A. Holguera respectivamente- se puede contar con aportes que ayudan a la reconstrucción del gusto artístico del Cuzco, Lima y Panamá en el siglo XVIII así como de una faceta poco conocida del mercado de obras de arte con Centroamérica teniendo a Panamá como bisagra del mismo y que, en lo intelectual –como afirma Holguera-nos recuerda la unión existente entre pintura y poesía bajo el enunciado "Ut PicturaPoesis"en un tiempo barroco que cedía el paso al Siglo de la Luces.