01 de Dic de 2021

Cultura

Patria y república en el bicentenario

Hace 200 años las naciones de la América española, en las primeras dos décadas del siglo XIX, no solamente se constituyen en Estados, sino también sientan las bases de sus nuevos símbolos

“Yo quiero ser ciudadano para ser libre, y para que todos lo sean. Prefiero el título de ciudadano al de libertador; porque este emana de la guerra, aquel emana de las leyes. Cambiadme, Señor, todos mis dictados por el de buen ciudadano” (Simón Bolívar, 3 de octubre de 1821).

Hace 200 años las naciones de la América española, en las primeras dos décadas del siglo XIX, no solamente se constituyen en Estados, sino también sientan las bases de sus nuevos símbolos, forjan el mundo imaginario y definen el lenguaje político que ha marcado la vida de sus sociedades hasta hoy. Después de la ruptura con el rey, la primera etapa de la independencia define un nuevo concepto de “patria” la cual se articula con el concepto de “ciudadanía” y que sirvió de signo delimitador (no discriminador) entre “americanos” y “los otros”. Roto el cordón umbilical con la Metrópoli, las nuevas naciones hispanoamericanas tuvieron que definir sentimientos nacionales en función del territorio que ocupaban.

Para los historiadores Anrup y Oeni (1999) la articulación que permitió que cada nación diese un nuevo contenido a la palabra “patria” responde a la combinación de “[...] tres procesos fundamentales. A saber, la penetración administrativo-político-militar de un territorio, la homogeneización normativa, que crea algún tipo de comunidad de sentimientos a través de la invención de símbolos comunes, mitos, etc., y la incorporación social, en relación a los diferentes pueblos, estratos sociales, etc.” En otros estudios, Anrup y Vidales (1983, 1985) sostienen que el primero de los procesos hereda la tradición de enfrentamiento, entre las fuerzas centrípetas y centrífugas del binomio Corona-Virreinato, que se reflejará en las “[...] dos clases de figuras políticas en la formación de los Estados republicanos, el caudillismo y el liderazgo total. En el caso de Bolívar: [...] el unificador, centralista, de poder fuerte. En el caso de sus generales, los caudillos regionales [de espíritu] federativos”.

Sin embargo, caudillos o no, unitarios o federalistas, el ropaje discursivo de tipo liberal-republicano-democrático es el denominador común de las jóvenes repúblicas. Sus gobernantes se orientaron hacia un objetivo similar: “[...] construir un orden político estable que pudiese enfrentar una realidad en la cual la pobreza fiscal y las múltiples fracturas sociales amenazaban con ser germen de graves conflictos” que destruyesen la nación (Hale, 1972, citado por Anrup, 1999). Están convencidos de que la voluntad popular es el fundamento de toda la estructura, pero la limitan con los requisitos para ejercer el sufragio (ser propietarios, saber leer y escribir). Admiten entonces las fórmulas del constitucionalismo liberal con matices de la Ilustración que le dio origen (Bethell, 1985) aunque reservándose tanto el monopolio del gasto público como el uso legítimo de la fuerza armada.

Las guerras de independencia en la América española fueron un hecho inédito, súbito e intenso para las sociedades que las experimentaron (Oieni, 1996). Esas poblaciones tenían que afirmarse para no caer en un destino anárquico. En pocos años se introducen nuevos símbolos y metáforas tales como “padre de la patria”, “destino nacional”, “ser nacional” para la formación de la identidad nacional panameña, colombiana, ecuatoriana o peruana, en suma, un nuevo concepto de “patria” y de “ciudadano” que generasen una nueva lealtad personal con el terruño, esta vez, propio y ya no del rey.

Según el historiador germano Köning (1988), el término “ciudadano” –en sentido de igualdad de derechos dentro de las condiciones arriba descritas– fue usado en Nueva Granada (Colombia y Panamá) a partir de 1809; en la 'Gaceta de Caracas' y en 'La Bagatela' de Venezuela desde 1811; en el 'Monitor Araucano' y el 'Seminario Republicano' de Chile a partir de 1813; y en el “Mercurio Peruano” desde 1791. Dado que este diario también era leído en Panamá, es posible especular que la palabra 'ciudadano' se debatiese con ardor antes de las fechas que sugiere Köning.

¿Qué otros actos de valor emblemático y fundacional fueron adoptados por los nuevos Estados latinoamericanos luego de la revolución independentista? El historiador galo Furet (1989) responde “[...] fueron de diverso carácter y eficacia simbólica; lo fueron también de diversa duración y efectividad. Las formas, fueron asimismo múltiples: decretos, fiestas, banderas, escarapelas, himnos, indumentaria, iconografía, constituciones, liturgias republicanas, etc.”.

Los nuevos países conquistan así una nueva cosmovisión no solo cultural, social y política que cuenta con rituales propios, sino que gesta sus propios símbolos dando un contenido geográficamente regional a la noción de 'república' que queda asociada tanto al pasado indígena, al esplendor artístico judeo-cristiano virreinal como al añorado sueño de la integración continental.

Embajador de Perú en Panamá