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24 de Nov de 2020

Familia

“Voces Vitales” o no quedarse de brazos cruzados

Las adolescentes y sus hijos forman parte del proyecto ‘Las Claras' que las apoya para que terminen la secundaria y tengan salidas laboral

Las 20 chicas que forman parte de del proyecto Voces Vitales son madres primerizas y no pasan de los 20 años, ellas están allí no solo como una oportunidad para terminar la escuela secundaria, sino también para desarrollar sus capacidades, que son muchas, pero que no han sido explotadas porque sus cargas emocionales y diarias han sido pesadas.

‘La gente se apresura a juzgar. En eso somos expertos en Panamá, pero cuando escuchas las historias de vida de esas muchachas casi que te sorprendes de que hayan sobrevivido a tanto', expresa Daney Ramírez, quien dirige en Panamá el proyecto que nació en los años 90 en Estados Unidos, bajo el liderazgo de Hillary Clinton y Madeleine Albright.

Ella habla de una situación de pobreza y abandono personal, en la que muchas chicas han sido violentadas en sus derechos básicos, teniendo que soportar maltrato familiar, abusos sexuales, hambre, falta de vivienda, agua y luz.

La situación no es anormal en la zona. Según Ramírez, en Felipillo, hay abuelas de hasta 27 años que tuvieron 10 hijos y que por su situación se han valido de una u otra pareja para poder subsistir, creando un ciclo de dependencias y de pobreza casi inmediato.

El programa de Las Claras ,que dura 18 meses y que cuenta hoy con 20 chicas y el primer hijo de cada una, les otorga clases para terminar su escuela secundaria, a través de módulos que les dictan semanalmente profesores del Colegio Gastón Faraudo P, clases de espiritualidad para alivianar las cargas emocionales, talleres de emprendimiento para que ellas puedan ser independientes económicamente, apoyo psicológico individual y grupal; además de una experta de UDELAS que se encarga de la Casa Cuna, donde los 20 bebes son estimulados para su mejor desarrollo y donde a la vez se les enseña sobre apego y estimulación maternal. Todo esto de lunes a viernes de 7 de la mañana a 3 de la tarde.

‘Muchas de estas chicas vienen de hogares fragmentados, donde se ha normalizados el abandono o la violencia familiar. En estos talleres se les hace énfasis en la necesidad de hablarles a sus bebes, abrazarlos, demostrarles amor, ya que estudios psicológicos indican que esta primera relación-madre hija/o es crucial para el desarrollo del ser humano durante su niñez y hasta en la adultez. A veces vemos personas que no saben relacionarse con otras personas, ni encuentran pareja y se debe a la ausencia de un vínculo maternal o paternal sano', detalló Ivette Rivera una de las psicólogas del equipo.

El objetivo del proyecto es empoderarlas en sus derechos como mujeres para poder que sus hijos tengan las oportunidades que ellas no tuvieron. Además del aprendizaje a nivel institucional que se tiene, ‘nosotros con los datos y características de cada historia hacemos informes que son entregados al Ministerio de Salud y al Ministerio de Desarrollo Social, donde se complementan con lo que ellos investigan. La mayoría de las veces las instituciones públicas no tienen el alcance para accionar en cada comunidad', intervino Ramírez, mientras abrazaba a uno de los bebes.

Y es que el embarazo adolescente no es solo una realidad presente, sino que influye en el futuro inmediato del sector profesional y laboral de Panamá.

Y agrega, ‘No se le debe dar la espalda a estas chicas, hay que tratar de romper el ciclo de embarazos precoces, además debemos pensar que si no se prepara a nuestros jóvenes, sino se les dan oportunidades, pronto no tendremos personal panameño para contratar o para emprendimientos nacionales'.

LO QUE NO SE QUIERE VER

Angeleene Núñez es la trabajadora social de Voces Vitales Panamá, tiene 3 años de experiencia y fue la encargada de recorrer los Centros de Salud para ubicar a las niñas que formarían parte de este primer plan piloto que requería que las 20 seleccionadas fueran de Felipillo, con no más de 19 años y un solo hijo.

Núñez, en sus recorridos por Felipillo, encontró que en su mayoría eran chicas de 11 a 14 años las que tenían un solo hijo.

‘De las edades que necesitábamos para este primer proyecto, ya muchas contaban con 2 a 4 hijos. Entonces tuvimos que abrir la selección y nos fuimos a la 24 de diciembre, Pacora y Tocumen y en esa red encontramos 397 chicas menores de edad embarazadas. De esa cifra solo 125 iban a dar a luz por primera vez', explica Núñez entre suspiros.

Ella, agrega, que si bien es una realidad triste que tiene como raíz situaciones de extrema pobreza, el rol de los centros de salud es contraproducente, ‘cuando van a pedir ayuda les dicen que deben abstenerse'.

‘Y aquí es donde se hace evidente la necesidad de una educación en salud sexual que no se limite a explicar una relación sexual , sino también sobre el entendimiento del cuerpo, saber que hay que lavarse, cuidarse y esto se debe ofrecer desde los 3 años de edad. Si hoy en día hay niñas y niños que no entienden esto, ¿por qué nos extrañamos de casos de abuso sexual?, se pregunta Yesica Pinzón.

Esta necesidad la confirma Núñez como trabajadora social, quien reconoce que las chicas son hijas y nietas de quienes en su momento fueron madres adolescentes. Es un ciclo de riesgo, que es necesario romper.

Entre las piedras del prejuicio está Mariana Meckon, su hijo y su pareja. Ellos forman parte del proyecto, que Mariana define como ‘una alegría y una esperanza en su vida', ella, quien no tuvo muchos momentos de felicidad en sus 17 años, considera la sonrisa de su hijo, ‘su razón para sonreir'.

Cuidaba puestos de verdura para sus gastos diarios, iba a la escuela con esfuerzo, cuando tenía dinero para el pasaje, libros y si no se inundaba su casa en la 24 de diciembre.

‘Conocí a mi pareja hace 4 años, había tenido junto a su padre alcohólico una vida tan dura como la mía. Hoy seguimos juntos y queremos que Liam tenga una vida mejor, por eso vengo aquí. Esta es mi oportunidad y la de mi hijo', cuenta Mariana, quien vende flores de malva los fines de semana en la Cinta Costera.

Ubicar la casa del proyecto ‘Las Claras', de Voces Vitales en Felipillo no es tan difícil. Se llega en auto o en bus. Está a la vista de todos, como los muros que se edifican a partir de prejuicios contra los demás, si estas niñas y sus hijos son el futuro del país, por qué no buscar soluciones en vez de seguir apedreándolas.

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‘Las necesidades de estas chicas son económicas y emocionales por eso debemos apostar a buscar las causas y soluciones propias. Esperamos que de aquí a 5 años tengamos centros en San Miguelito y en Arraiján; donde también hay muchos casos de embarazo adolescente'

DANEY RÁMIREZ

DIRECTORA DEL CENTRO